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Lunes, 19 de diciembre de 2005
   

Contra los profesores de español (II)
Por Mario Gómez del Estal Villarino


Apartado:Reflexión para el profesor
Subapartado:Desarrollo de la competencia de la lengua en los alumnos
Destinatarios:Profesores
Material necesario:Ninguno


Descripción

Con esta propuesta continuamos la serie iniciada por la actividad «Contra los profesores de español (I)». El propósito de la serie es atacar la idea de que sólo las personas que saben una lengua pueden dedicarse con éxito a su enseñanza. Esta idea se divide en otras dos, de sentidos contrapuestos, basadas en la ambigüedad del verbo saber y que fueron revisadas en la actividad anterior:

1. Solo los hablantes nativos de una lengua (esto es, los que la saben porque la hablan desde niños) pueden enseñarla.

2. Solo los expertos en una lengua (esto es, los que la saben porque la han estudiado) pueden enseñarla.

La primera de ellas, como ya dijimos en «Contra los profesores de español (I)», se encuentra muy extendida entre los docentes de otras disciplinas académicas, que suelen comentarnos con sorna a los profesores de español eso de que «enseñar a extranjeros lo puede hacer cualquiera». Ya descubrimos en esa primera actividad lo equivocado de su postura. Vayamos ahora, pues, a atacar la segunda idea.

Son moneda corriente en muchos foros (incluidos los de este Centro Virtual) las opiniones airadas de profesores de español, licenciados en Filología, en las que se quejan de las intromisiones a que se ven sujetos en su profesión por personas legas en cuestiones de lenguaje. Doctores tiene la iglesia, es el runrún que se oye por lo bajo.

Sin perjuicio de lo que argumentamos en la primera de las actividades (a saber, que los hablantes nativos de una lengua no se encuentran capacitados para enseñarla por el simple hecho de serlo), atacaremos aquí la segunda concepción que, por hallarse mucho más extendida dentro de nuestro gremio, se nos antoja un hueso más difícil de roer.


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Pasos de la actividad

1. Comencemos por recordar algunas cuestiones de fundamento. Seguro que has reflexionado muchas veces sobre qué supone, técnicamente, hablar una lengua.¿Coincides con nuestra descripción?

Aunque hablar una lengua tenga más que ver con el subconsciente lingüístico, es decir, con algo de lo que no somos conscientes, nada impide, sin embargo, que nos dediquemos a investigar y descubrir todos esos elementos, mecanismos y relaciones, intentando describirlos, incluso por escrito. Ello es lo que hace la gramática o la lingüística o como queramos llamar al estudio de la lengua. Podemos definir este estudio, entonces, como el intento de hacernos conscientes de lo que haya en el subconsciente. Es lo que se supone que se hace en las aulas de lingüística, en los manuales de gramática, etcétera.

2. Vamos a seguir avanzando. Plantéate ahora la siguiente pregunta: ¿Cómo crees que pueden afectar a los estudios lingüísticos (que arriba hemos definido como un intento de hacernos conscientes de lo que hay en el subconsciente) las ideas que conscientemente tenemos sobre la lengua y el mundo? Piensa en ello unos minutos y luego compara tus reflexiones con éstas que nosotros te proponemos.

Parece, pues, que todas las ideas, personales y conscientes, que llevamos a la hora de investigar la lengua, común y subconsciente, pueden bloquear el descubrimiento de algunos mecanismos lingüísticos. Y ese bloqueo se agranda aun más en el caso de expertos en cuestiones de lengua, pues si bien, a priori, son los más capacitados para acometer la descripción de la lengua, suele suceder, por el contrario, que son los más cargados de ideas o prejuicios, ya que el caudal de conocimiento consciente que poseen les impide, en muchas ocasiones, ya no sólo descubrir el funcionamiento interno de los elementos lingüísticos, sino incluso juzgar la gramaticalidad (esto es, la buena formación) de muchas frases. A gramáticos o lingüistas de reconocidísimo prestigio, académicos de la lengua incluso, hemos visto solicitar la opinión de otras personas sobre la gramaticalidad de enunciados muy sencillos, porque su enfrascamiento (o concienciación) sobre un conjunto determinado de enunciados con el fin de explicar sus regularidades, bloqueaba (como es de razón) su subconsciente lingüístico, imposibilitándoles para el simple reconocimiento de una frase como posible en el discurso.

Pero esto sucede en el caso de los gramáticos honrados, de los que estamos bastante faltos. El caso contrario es mucho más frecuente. Ya sea profesor de lengua o ya sea lingüista reconocido, abunda el ejemplar del experto en cuestiones de lengua que se tiene a sí mismo por auténtica autoridad, haciendo cargar sobre la lengua (aunque la lengua sabe de sobra sacudirse yugos semejantes) el peso de sus ideas personales. Y muchas veces con la agravante de que, al tratarse de voces autorizadas, imponen sus opiniones sobre la lengua a muchos hablantes semicultos.

3. No otra puede ser la causa, por poner un ejemplo concreto, de que explicaciones del subjuntivo como el modo de la hipótesis, la emoción o la subjetividad, persistan con tal fuerza en las aulas y los libros de lengua española. Para comprobar una vez más su falsedad o inoperancia, te invitamos a realizar la pequeña actividad que proponemos.

Puedes comparar tus respuestas con las nuestras.

4. Por seguir con el subjuntivo y, de paso, ofrecer otro ejemplo de lo mismo, puedes llevar a cabo la tarea que presentamos en esta otra actividad. Puedes comparar tus respuestas con las que te ofrecemos en este enlace.

Se puede concluir, por tanto, que las razones de estos nublados (ojalá se disolvieran tan fácilmente como los del campo cuando sale el sol) hay que ir a buscarlas, insistimos, en el hecho de ponerse a investigar la lengua cargados con nuestras ideas y visiones personales, tanto de la lengua como del mundo. Debemos, pues, desecharlas e intentar acercarnos a la maravilla que es el lenguaje liberados de su peso. Lo primero es escuchar, con honradez y sin prejuicios, lo que dice la gente, lo que decimos nosotros mismos en cuanto simples hablantes. Lo demás, como decía el otro, viene por añadidura. Sólo así podremos entrar en el seno común de la lengua y descubrir, aunque sea sólo en parte, sus maravillosos engranajes.


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Comentarios

Cómo sea, entonces, eso de descubrir el funcionamiento interno de la lengua es lo que intentaremos ver en la siguiente entrega de la serie, «Contra los profesores de español (III)».

 

 
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