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DidactiRed
Lunes, 6 de agosto de 2001

Palabras del viernes

Por José Plácido Ruiz Campillo

Clasificación
Apartado: Enseñar vocabulario
Nivel: Todos
Destreza que predomina: Expresión oral
Destinatarios: Jóvenes y adultos (alumnos en situación de inmersión)
Tipo de agrupamiento en clase: Gran grupo
Preparación
Tiempo de preparación: Ninguno
Material necesario: Ninguno
Duración de la actividad en clase: 30-60 minutos
 

Descripción

Se trata de confeccionar una lista de palabras y expresiones fraseológicas que sean útiles para la vida diaria en un país hispanohablante. Se persigue, además, proporcionar un espacio en clase para desarrollar la capacidad de explicar conceptos en relación al uso social de los mismos en una comunidad determinada.

Cuando un estudiante inicia sus estudios de español en su país de origen, el vocabulario que se le suministra está más en relación con los textos y situaciones impostadas a los que se le enfrenta en clase que con sus necesidades reales a la hora de poner en marcha la lengua en un entorno hispanohablante. Así, es totalmente habitual encontrar alumnos que llegan a un país hispano conociendo palabras como estoque y que no son capaces de nombrar, en cambio, utensilios tan simples como un grifo. Por otro lado, la carencia en fraseología (un recurso tan común en el habla cotidiana) es siempre evidente, y aquella que se domina no siempre es compartida por la comunidad concreta en la que el alumno se halla inmerso.

Pregunta a tus alumnos el primer día de clase si consideran importante aprender vocabulario. Dirán que sí, por supuesto. Añade que tanto o más importante que aprender vocabulario es desarrollar la capacidad de explicar conceptos para los que no tenemos un nombre: recuérdales que todos hacemos esto cada día en nuestra propia lengua, porque nadie tiene una palabra en la cabeza para cada cosa que quiere decir. Diles que vas a proponerles un trabajo en el que no sólo aprenderán vocabulario, sino con el que se verán en la necesidad de explicarse en español.

Pregúntales ahora qué tipo de vocabulario han aprendido, cómo lo han aprendido, qué utilidad le encuentran ahora que están en un medio hispanohablante y qué creen que necesitan. Muéstrales el botoncito que hay en todas las clases para encender la luz y pregúntales cómo se llama: muy pocos sabrán que es un interruptor, y todos querrán saberlo, porque es algo que usan cada día (para la luz, la tele, el exprimidor...). Escribe la palabra en la pizarra. Plantéales ahora una propuesta: como no podía ser menos, vamos a aprender vocabulario controlado por el profesor a lo largo del curso, vocabulario que el profesor considera útil o que resultará útil para la realización de las actividades o lecturas que se llevarán a cabo durante el curso. Pero vamos a hacer algo más: vamos a permitir que los alumnos mismos decidan qué vocabulario quieren aprender para vivir cada día en un país hispanohablante, es más, en la determinada comunidad o ciudad hispanohablante en la que nos encontramos.

Para eso, plantéales una pregunta: «¿Aprendéis cada día alguna palabra nueva en la calle, viendo la tele, leyendo el periódico?» Te dirán que sí. «¿Cuando aprendéis esa palabra o expresión es porque buscáis en el diccionario por una letra al azar, o porque la necesitáis, porque os la ha explicado un amigo hispanohablante, porque la habéis entendido por el contexto en un anuncio, porque la usáis cada día en casa a la hora de comer?» Todos estarán de acuerdo: son palabras o expresiones que se aprenden porque se necesitan en la vida diaria. Pues bien, además de ese vocabulario controlado vamos a aprovechar lo que aprendemos día a día en la calle y vamos a compartirlo con los demás: si tú lo has necesitado hoy, es muy probable que cualquiera de tus compañeros pueda necesitarlo mañana. Vamos a hacer durante todo el curso una lista de vocabulario útil.

Cuéntales que el plan es el siguiente: cada persona anotará o recordará las palabras o expresiones más importantes que ha aprendido durante la semana, y dedicaremos un día a ponerlas en común, a compartirlas con los demás (en el caso de cursos intensivos, puede ser el viernes, para relajarse un poco; en el caso de cursos de mayor duración, se espaciará más). Ese día cada persona tendrá que explicar su palabra o expresión: qué significa, cuándo se usa, a qué registro pertenece, en qué contexto la aprendió. El objetivo es que el resto de la clase pueda entenderla y saber cómo usarla.

De esta manera, el día establecido para la revisión del vocabulario, cada alumno deberá presentar sus palabras o expresiones y explicarlas. Sus compañeros deberán copiarlas, tomar notas sobre su significado y su uso, y guardar la lista para un «terrible examen de palabras» (es el título de otra actividad de DidactiRed), (si no piensas hacer un examen o comprobación de cualquier tipo se puedes restar interés a este aspecto).


C
omentarios


El papel del profesor aquí es de simple orientador, pero su papel es enormemente importante: el vocabulario que un alumno entiende cuando aprende de manera no controlada es muy rico y resulta de gran aplicación práctica para casos muy concretos, pero carece de la suficiente exactitud como para utilizarlo con éxito en otras situaciones. Deja que tus alumnos expliquen los términos que han aprendido durante la semana, pregunta siempre si el resto de la clase ha comprendido y considera asimilado dicho concepto (y si no pide al alumno que intente explicarlo de otra manera, con ejemplos, etc.), pero añade siempre al final una especie de conclusión donde el significado de esa palabra o expresión sea evidente y se pueda trasladar al máximo número de situaciones.

Especialmente importante es la fijación del registro: los alumnos habrán aprendido en sus países de origen sin duda un montón de palabras coloquiales y otras muchas claramente vulgares. Hay que hacer consciente al alumno de que cuando aprende una palabra no basta con el significado: es igualmente importante conocer en qué registro puede utilizarse, si no queremos que nuestros alumnos se refieran a la bebida de un bar diciendo «sabe como si de un lenitivo se tratara» o que se muestren de acuerdo con el director del banco donde tienen su cuenta diciendo «dabuten colega, mola». En la conciencia de estos valores de significado (y por tanto, uso), el papel del profesor es imprescindible. Fija, por tanto, ciertas convenciones para que esto quede siempre claro (por ejemplo, usando tres o cuatro categorías para referirte en las clases a los diferentes registros:

formal, literario, culto
informal, coloquial, familiar
jergal
vulgar

Un buen ejemplo de la importancia de esta conciencia lo ofrecen, en España, palabras como coño, joder (cuando se usan como interjecciones) o expresiones como de puta madre: todo extranjero recién llegado a España (e incluso muchos hispanoamericanos) piensan que se trata de palabras y expresiones netamente vulgares (y con ello, que todos los españoles somos vulgares y malhablados), cuando en realidad son simplemente coloquiales en nuestra comunidad.

Cada profesor calculará el número de palabras o expresiones que cada alumno debe aportar de acuerdo con la duración de su curso, el tiempo entre clase y clase y el número de alumnos que tenga. Como orientación, en un curso intensivo es manejable un resultado final de unas 200 palabras y expresiones por cada 100 horas lectivas (es decir, 2 por hora y clase), teniendo en cuenta que no todas las palabras son nuevas para cada estudiante.

Si se dispone de tiempo, se puede aprovechar el momento de proporcionar el vocabulario aprendido para practicar fonética y ortografía. Para ello haz que un alumno cada vez salga a la pizarra y copie allí las palabras transcribiendo lo que oye. Está prohibido decir «con hache» o «con dos erres», por ejemplo, de modo que se trata de convertir sonidos en letras. En este empeño surgirán los problemas más comunes que los estudiantes tienen con la pronunciación y la escritura en español, circunstancia que podemos aprovechar para corregirlos.

Si, por el contrario, el tiempo es lo que falta, reparte tizas a los alumnos y que cada uno escriba en la pizarra su palabra o expresión: ahorraremos tiempo e iremos al grano, sin dejar de descubrir algunos problemas de ortografía que pueden ser interesantes.

Los alumnos suelen valorar muy positivamente esta tarea al final del curso, no sólo por la utilidad del vocabulario que han aprendido, sino sobre todo por la oportunidad que todos han tenido de hablar, y de hablar sobre ellos mismos, sobre los nativos y sobre sus relaciones con ellos: la mayoría está trasladando sus experiencias de cada día al aula cuando tratan de explicar lo que han aprendido. Es, además, un buen contexto para que el profesor estimule la comprensión de las peculiaridades culturales y la cosmovisión de cada comunidad que sin duda se manifiestan (con más claridad de la que parece) en sus hábitos de comunicación lingüística.

 

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