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Lunes, 12 de abril de 2010

 

Para empezar… en español
Por Teresa Navarro Martí


Actividad de técnica docente

Apartado: Elaboración de planes de clase
Subapartado: Planes de clase para sesiones especiales (primer día del curso)
Actividad de la lengua implicada: Expresión oral, expresión y comprensión escrita
Material necesario: marcadores para la pizarra, una pelota


Descripción

Esta técnica docente, que hemos denominado Para empezar… en español, está compuesta por tres sugerencias para llevar al aula el primer día de clase de un nivel A1. El objetivo principal de la técnica es fomentar la expresión oral de los alumnos en su primer contacto con el español. Para ello, se buscará que los alumnos sean conscientes de sus conocimientos previos en español y hagan uso de ellos de forma lúdica. Es objetivo también de esta técnica que los alumnos sean capaces de relacionarse con sus compañeros de clase empleando la nueva lengua que han empezado o están empezando a aprender y que practiquen estrategias de comunicación desde el primer día de clase.

Los contenidos prioritarios que se van a trabajar en el desarrollo de la secuencia didáctica están referidos fundamentalmente a la dimensión del alumno como agente social recogida en los «Objetivos generales» del Plan Curricular del Instituto Cervantes. Niveles de referencia para el español.

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Procedimiento

1. Preséntate a tus alumnos diciendo Hola, me llamo… y escribe tu nombre en la pizarra. A continuación, con mímica, invita a que, ordenadamente, todos los alumnos se presenten repitiendo la misma frase y escribiendo después su nombre en la pizarra.

Posiblemente los dos primeros alumnos tendrán dificultades para decir Hola, me llamo…, pero al final de este paso, casi con toda seguridad, todos los alumnos podrán decir bien esa primera frase de presentación.

2. Repite tu nombre y di el nombre de la primera letra del mismo para, seguidamente, escribir una palabra que empiece por esa letra. Si, por ejemplo, tu nombre empieza por eme, piensa en alguna palabra cuyo referente sea fácil de transmitir, como mamá o incluso una palabra que remita a un objeto de clase, por ejemplo, mesa. Explica a tus alumnos - si es necesario, ayúdate de la mímica (haciendo el gesto de escribir en la pizarra, por ejemplo) y recurre al ejemplo de tu nombre- que deben escribir al menos una palabra que empiece por la misma letra que la primera letra de sus nombres. 

Mientras los alumnos han ido diciendo y escribiendo sus nombres en el paso 1 el profesor puede ir pensando palabras sencillas que empiecen por las primeras letras del nombre de sus estudiantes para poder ayudarlos en este paso.

Déjales un minuto para pensar (explica el concepto con mímica o dibujando un bocadillo de pensamiento) y después pídeles que uno por uno salga a la pizarra para escribir la palabra junto a su nombre.

Asegúrate de que tus alumnos han comprendido el significado de todas las palabras que se han ido diciendo; permite que las escriban y, si lo necesitan, permite que las repitan en voz alta un par de veces.

3. Haz una ronda de repaso de los nombres de todos los alumnos. Pregúntale tú a un alumno que esté en un extremo: Perdona, ¿cómo te llamas? Como todavía no se ha visto esta pregunta, quizá se sienta un poco desconcertado así que ayúdale a recordar la respuesta Me llamo… Cuando haya contestado anímale a preguntarle lo mismo al compañero que tenga al lado y así hasta que todos hayan dicho su nombre.

Probablemente, a los primeros les cueste recordar la pregunta; por ello, si ves que un alumno se bloquea, intenta mediante gestos que toda la clase, tú incluido, repita la pregunta al unísono para ayudarlo. Intenta que después repita de forma individual.

4. Agrupa a tus alumnos de tres en tres o de cuatro en cuatro. Si tienes un grupo muy reducido, lo mejor serán parejas. Dado que es el primer día de clase, lo más simple será que los grupos se formen tal y como están sentados, con las personas más próximas a ellos. Explica, ayudándote de gestos y mímica, que deben pensar y escribir nuevas palabras que empiecen por la primera letra de todos los nombres de los alumnos de la clase. Repasa las letras para que de ese modo los alumnos vayan familiarizándose con el alfabeto. Puedes proponer la dinámica de dos maneras, a saber, que el primer grupo que complete la lista gana, o darles un tiempo determinado, por ejemplo cinco minutos, y el que haya conseguido más palabras es el ganador.

Por lo tanto, si hay diez alumnos en el aula tendrán que escribir diez palabras que conozcan en español. Por ejemplo, si los alumnos se llaman: James, Dominique, Patrick, Alice, Malaika, Bob, Claire, Sophie, Phil y Otto, su lista de palabras podría ser: jamón, dos, pan, amigo, mano, buenos días, cerveza, sol, patata y ocho.

Si es necesario, haz otro repaso de los nombres para que los recuerden durante la actividad y que además les servirá para volver a practicar Perdona, ¿cómo te llamas? Me llamo…

5. Detén el juego cuando uno de los grupos consiga completar la lista, es decir, cuando  haya conseguido escribir tantas palabras como iniciales de los nombres de los alumnos, o cuando se haya cumplido el tiempo, según la propuesta que hayas decidido emplear, y haz una puesta en común en la pizarra. Para ello, pide a un alumno del equipo ganador que salga a la pizarra a escribir las palabras que han preparado. Valora los resultados de tus alumnos, corrige la ortografía, si es necesario y, con ayuda de ese alumno o de otro miembro del grupo, aclara los significados que no estén claros. Anima a los estudiantes a que sean ellos mismos los que expliquen el significado a través de mímica, dibujos, representaciones o cualquier otra forma que se les ocurra (preferentemente que no sea la traducción a su lengua materna) pues de ese modo estarán empleando estrategias de comunicación desde el primer día.

A continuación, permite que los otros grupos salgan a la pizarra a escribir sus palabras. De nuevo, valora los resultados de tus alumnos con las fórmulas al uso (muy bien, genial, estupendo, etc.).

Intenta que tus alumnos escriban las palabras de forma ordenada en la pizarra para que sea más fácil de seguir para todos los alumnos y deja tiempo para que tus estudiantes puedan ir anotando en sus cuadernos las palabras que han ido apareciendo.

6. Sistematiza en la pizarra las estrategias que han empleado los alumnos en el paso anterior para transmitir el significado: mímica, representaciones, dibujos o cualquier otra estrategia que hayan empleado. Después, repite tu nombre y emplea una de esas estrategias para comunicar la palabra que escribiste con la inicial de tu nombre. Recurre a la mímica para explicar el concepto de adivinar. Si, por ejemplo, tu nombre empieza por eme, señala una de las mesas de la clase o dibuja una mesa en la pizarra para que adivinen que la palabra en que has pensado es mesa. Señálales en la sistematización de la pizarra cuál es la estrategia que has empleado. Repite esta dinámica con otra palabra y otra estrategia y vuelve a mostrarles, cuando hayan adivinado la palabra, cuál es la estrategia que has utilizado.

Explícales que ahora es su turno: deberán elegir una palabra que empiece por la misma letra de su nombre y comunicársela a los demás empleando alguna de esas estrategias. De esta forma, repasarán el léxico, los nombres de sus compañeros y las diferentes estrategias que han aprendido.

La segunda propuesta pretende mostrar otra técnica para activar conocimientos previos el primer día de clase y practicar estrategias de comunicación. En esta ocasión se introduce un elemento lúdico: una pelota.
 
1. Dibuja en la pizarra una burbuja de pensamiento, haz un gesto como si estuvieses pensando y escribe un par de palabras fácilmente reconocibles para los alumnos, por ejemplo, restaurante y siesta. A continuación, pide a los alumnos que piensen y escriban individualmente (haz los gestos correspondientes para facilitar la comprensión) palabras que conocen en español. Dibuja un reloj en la pizarra y señala que tienen dos minutos.

2. Cuando hayan terminado, señálales, acompañándote de gestos, que traten de recordar las palabras de memoria porque no van a poder mirarlas. Dales unos treinta segundos para ello.

3. Ayúdate de los gestos necesarios para que entiendan lo que tienen que hacer (por ejemplo, moviendo las manos hacia arriba y luego formando con ellas un círculo); pídeles que se pongan de pie, en círculo, en el centro de la clase y preséntales la pelota. Di una palabra en español, por ejemplo, café y lanza la pelota a un alumno. Probablemente ya habrán entendido que se trata de ir diciendo las palabras que han escrito en su lista. En caso contrario, ayúdate de gestos y repite tu palabra al tiempo que lanzas la pelota a un alumno. Haz un gesto para indicarle que pase la pelota a otro compañero y que al mismo tiempo diga una palabra.

Cuando consideres que la dinámica está clara, detén el juego y explícales dos reglas: no pueden repetir palabras ni tardar más de diez segundos en decir una palabra, si no, serán eliminados. Ayúdate de la mímica y los ejemplos para transmitir tu mensaje.

Tú serás el encargado de contar con los dedos los diez segundos. El juego lo gana el alumno que consiga no ser eliminado.

Es conveniente que escribas en la pizarra las palabras que van saliendo para que, una vez haya terminado la actividad, te puedas asegurar de que todos comprenden el significado de todas las palabras así como su correcta grafía. Pon en práctica el trabajo con estrategias descrito en la propuesta anterior, de forma que sean los propios alumnos los que intenten explicar el significado de las palabras.

La última propuesta está basada en una actividad para el primer día de clase que aparece descrita en el libro Planificación de clases y cursos, de Tessa Woodward y que tiene como objetivo repasar las preguntas y respuestas relacionadas con los datos personales haciendo una especie de crucigrama. Podría ser, por tanto, una actividad de cierre de la clase o de transición.

1. En el tramo final de la clase, y si has presentado y practicado las fórmulas más habituales presentes en manuales y syllabus para el primer día de clase, muestra a tus alumnos un crucigrama y pregúntales qué es. Asegúrate de que todos entienden el concepto. Explícales que vais a hacer algo parecido. Para hacerles comprender la idea, escribe tu nombre en la pizarra, en mayúsculas grandes en horizontal, aprovecha una de las letras de tu nombre para escribir el nombre de algunos de los alumnos presentes, en vertical. Anima a los alumnos para que te den ideas de cómo aprovechar el nombre del alumno para escribir el nombre de otro alumno. Si están participando activamente puedes continuar hasta tener el nombre de todos los alumnos, si no, puedes parar cuando veas que han comprendido la dinámica.

2. Borra la pizarra y divídela en dos partes con una línea en el centro. Escribe a cada lado la pregunta ¿Cómo te llamas? en mayúsculas. Agrupa a tus alumnos en parejas, asigna un número a cada una y pídeles que cierren el libro y/o sus apuntes. Llama aleatoriamente a una de las parejas y pídeles que contesten esa primera pregunta y que escriban la respuesta, con el nombre de uno de ellos, en vertical. Te ofrecemos un  ejemplo de cómo puedes ir distribuyendo la pizarra. Pide a esa pareja que se siente.

Explícales la dinámica, y utiliza la mímica si es necesario. Explícales que se llama a dos parejas; cada una escribe una pregunta  (puedes señalar en la pizarra los signos de interrogación  que aparecen en ¿Cómo te llamas? para recordar el significado de pregunta, si es necesario) en su lado de la pizarra, y que luego se llama a otras dos parejas, que escriben las respuestas, y así hasta repasar las preguntas y respuestas vistas ese día en clase.

Da paso a la actividad. Llama de nuevo a dos parejas a la pizarra con los números que les habías asignado. Dales un rotulador y pídeles que escriban otra pregunta utilizando las letras de la respuesta anterior, Me llamo …Cuando terminen, otra pareja tendrá que escribir la respuesta y así hasta completar todas las preguntas y respuestas vistas en clase.  

Si quieres hacer la actividad más competitiva, da un punto a cada pareja que termine antes que la otra y al final veréis quiénes son las parejas ganadoras. Depende del número de alumnos que tengas y de cuántas preguntas y respuestas se hayan visto ese día, tus estudiantes tendrán la posibilidad de participar una o varias veces. Por lo tanto, quizá solo haya una pareja ganadora o varias.

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Comentarios

La primera pregunta que muchos profesores pueden plantearse respecto a estas tres propuestas para el primer día de clase de grupos de nivel A1 es en qué lengua van a explicarse las instrucciones. Es verdad que no es una tarea fácil, pero en estas propuestas hemos intentado mostrar cómo dar las instrucciones con suficientes pautas como para que pudiera hacerse en español. Al igual que pedimos a los alumnos que se familiaricen con estrategias de comunicación para sortear sus dificultades, el profesor debería apoyarse en ellas para transmitir su mensaje. En este sentido son útiles la mímica, los dibujos, señalar, usar un lenguaje sencillo y claro, las repeticiones y los ejemplos por parte del profesor. Si desde el primer día los alumnos se acostumbran a oír la lengua que están estudiando y a esforzarse por comprenderla, esto supondrá un elemento favorecedor de su aprendizaje. Si, por el contrario, desde el principio saben que el profesor va a dar las instrucciones en su lengua materna o en otra que dominan más que el español, los estudiantes se acomodarán y pedirán que se les explique en esa lengua cada vez que no entiendan en lugar de esforzarse y desarrollar estrategias de comprensión. No obstante, puede recurrirse a utilizar la lengua de los estudiantes, si el profesor la conoce, o una lengua puente común en caso de que haya bloqueos tras explicarlo en español.

En la primera propuesta, como ya se ha comentado, los agrupamientos dependerán del número de alumnos en el aula. Si el grupo es muy numeroso, más de quince alumnos por ejemplo, se pueden hacer pequeños grupos de ocho o diez estudiantes los cuales se dividirán a su vez en grupos de 2 ó 3 personas, para facilitar la fluidez del ejercicio. No obstante, la puesta en común se hará con todo el grupo. En clases sucesivas, se pueden variar estos dos grandes grupos con el objetivo de repasar el vocabulario visto hasta el momento de forma que se vayan conociendo todos los alumnos de la clase. Si por el contrario, el número de alumnos es muy reducido puedes darles un tiempo determinado para que escriban el mayor número de palabras que empiecen por las iniciales de los alumnos. Si quieres, inclúyete en la lista para que también busquen palabras que empiecen por la inicial de tu nombre y darles así mayor variedad.

Es posible que sea difícil para muchos alumnos encontrar una palabra para cada nombre, por eso es importante que esta fase se haga en grupos de forma que puedan compartir sus conocimientos previos y todos puedan aprovecharse de ellos. Incluso los principiantes absolutos suelen conocer algunas palabras, aunque sean las de los tópicos asociados con la cultura española, como paella, siesta o sangría. Te ofrecemos también una lista de palabras que se pronuncian de forma semejante en otros idiomas. El profesor también puede llevar al aula, si dispone de ello, tarjetas o imágenes claras que sean cognados en otras lenguas y que puedan servir de inspiración a los alumnos.

Suele ocurrir que algunos alumnos apenas conocen dos o tres palabras en español pero otros, por diferentes razones, están familiarizados con muchas más por lo que, en general, aun siendo el primer día, la lista de palabras resultante del conjunto de los grupos es extensa.

En el caso de que los nombres de los alumnos empiecen por letras poco frecuentes en español como ka, uve doble, equis, etc., podemos optar por varias opciones. En primer lugar, no tomarlo como un impedimento, sino dejar a los alumnos que piensen (en muchos casos las palabras que empiezan por estas letras son préstamos de otras lenguas y quizá los alumnos se atreverían a probar si existe esa palabra en español. No obstante, es una información que debemos dar antes o después ya que puede sorprender a los alumnos, los escasos vocablos que en español empiezan por ka, uve doble, equis o y griega). Otra posibilidad es tomar otra letra del nombre del alumno, por ejemplo, la inicial de su apellido o la última letra de su nombre. También se podría proponer que busquen una palabra que contenga esa letra aunque no necesariamente como inicial. El profesor también puede tener presente palabras como kiwi, koala, kilo, kilómetro, waterpolo, web, whisky, xilófono, yema, yoga o yoyo.

En las propuestas 1 y 2, al escribir o repasar en la pizarra las palabras que han escrito los alumnos, puedes aprovechar  para deletrearlas e ir familiarizando a tus alumnos con el alfabeto.

En niveles más altos se puede emplear esta propuesta variándola. Se puede, por ejemplo, pedir a los alumnos que digan una palabra en español que les gusta y que, comience por la inicial de su nombre, para después explicar por qué les gusta.

En esta propuesta se ha incluido el trabajo con estrategias de comunicación relacionadas con el léxico. Dado que se trata de un nivel A1 en su primera clase no podemos emplear otras más elaboradas, pero es interesante trabajar con ellas porque les enseña a comunicarse aunque les falten conocimientos lingüísticos. Es precisamente en los niveles iniciales en los que el alumno más necesita cualquier tipo de apoyo que le ayude a superar las dificultades que encuentra; y no siempre sabe o se atreve a hacerlo de forma espontánea, por lo que es tarea del profesor mostrarle esa posibilidad.

Respecto a las estrategias de comunicación nos podríamos plantear si emplear un diccionario, ya sea de su lengua materna al español o de una lengua puente común al español, es válido. Recurrir al diccionario, así como recurrir a su lengua materna o a una lengua puente común, también son estrategias de comunicación. Lo ideal sería que aprendieran a emplear todas y no se limitaran a las más sencillas para ellos ya que en la vida real puede que no siempre vayan con su diccionario o que su interlocutor no conozca su lengua materna o la lengua puente.

Para la segunda propuesta, es importante dar un tiempo a los alumnos antes de realizar la actividad ya que a veces la inmediatez de la pelota les produce cierta ansiedad. Tener algunas respuestas pensadas de antemano les da confianza. Al trabajar con la pelota, los alumnos a veces están tensos ya que hay un elemento sorpresa que no pueden controlar. Es bueno porque les obliga a estar alerta, además de que introduce un elemento lúdico. En general, a los alumnos les gustan este tipo de actividades ya que consideran que les ayudan a pensar deprisa en otro idioma.

Por otra parte, la técnica de la pelota se puede aprovechar en muchas otras ocasiones para repasar el léxico visto en la sesión anterior, al final de clase, para repasar preguntas y respuestas o, simplemente, para conocerse haciéndose preguntas unos a otros. Si se trabaja con las preguntas y las respuestas es conveniente que la pregunta se haga antes de pasar la pelota para que haya un factor sorpresa y todos tengan que estar atentos y pensar su respuesta.

La tercera propuesta es una adaptación de  una técnica que aparece en el libro Planificación de clases y cursos, de Tessa Woodward (Cambridge University Press). Al trabajar esta tercera propuesta hay que valorar también que las preguntas y respuestas estén bien escritas y que tengan una relación unas con otras. Es decir, no podemos dar por válida, si una pregunta es ¿Qué tal estás?, una respuesta como Soy de Canadá. En ese caso, aunque esa pareja termine antes que sus contrincantes no podríamos darla por válida. En el caso de que haya errores ortográficos, habría que dar la oportunidad a la misma pareja de corregirlos y a continuación a la pareja con la que juegan en ese momento, que serían los que finalmente ganarían el punto.

Esta propuesta se puede adaptar a otros niveles y contenidos, aunque siempre va a tener un carácter de revisión. Se puede usar de la misma manera para revisar vocabulario nuevo, en lugar de preguntas y respuestas. Otra opción es dar un tiempo determinado a los alumnos para que, en parejas o pequeños grupos, escriban de esta forma un vocabulario específico que hayamos trabajado en clase. También, se puede dar a los alumnos un crucigrama hecho para que ellos escriban las definiciones, etc.

Hay que tener cuidado al usar esta propuesta en la pizarra para que haya espacio suficiente para escribir y las preguntas no presenten un aspecto desordenado y difícil de comprender.

Por último, se podría emplear, si se tiene, el tablero y las fichas de un conocido juego de mesa, el Scrabble, en lugar de la pizarra, pero en este caso los alumnos deberían tener acceso a todas las fichas y no a un número limitado, como se juega normalmente.
 

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