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Lunes, 4 de junio de 2007
   

Miras y no ves (V): Terapia de grupo
 
Por Susana Lorenzo-Zamorano


Apartado: Reflexión para el profesor
Subapartado: Habilidades docentes e investigación de la acción. Atención a las necesidades, creencias, expectativas, actitudes y valores 
Destinatario: Profesores
Material necesario: Ninguno


Descripción

El objetivo de esta actividad es promover la reflexión crítica del profesor sobre su práctica docente a través de un grupo de discusión a la vez que se persigue sentar las bases del entendimiento y la participación democrática en el mismo.

Esta actividad es la quinta de una serie dirigida a ayudar al profesor en la evaluación de su propia actividad y práctica docente y que consta de las siguientes entregas anteriores: «Miras y no ves (I): Examen de conciencia», «Miras y no ves (II): El diario y las grabaciones, «Miras y no ves (III): La observación directa» y «Miras y no ves (IV): Memorándum».

En esta actividad, la que cierra la serie, se propone una serie de sugerencias para iniciar un grupo de discusión que decida reunirse con cierta regularidad con el objetivo de evaluar y reflexionar sobre la práctica docente. Se trata de hacer hincapié en la importancia de la reflexión crítica grupal y de ciertos hábitos que el profesor necesita interiorizar para que la comunicación en este sentido resulte eficaz.

La creación de un grupo de discusión para evaluar la labor docente puede resultar el complemento ideal a los métodos de evaluación sugeridos en la segunda actividad de esta serie, «Miras y no ves (II): El diario y las grabaciones», es decir, que se puede plantear como complemento de la escritura de un diario, de la grabación de las clases (en cinta o en vídeo) y de las listas de control y cuestionarios.

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Introducción a la actividad

Como ya indicamos en la actividad anterior de la serie, «Miras y no ves (II): El diario y las grabaciones», hablar con otros colegas puede ser muy enriquecedor por cuanto no solo esto puede ayudarnos a dilucidar determinados aspectos sobre nuestra práctica docente, sino que a la vez nos permite darnos cuenta de lo comunes que son muchos de los que consideramos ser «nuestros problemas». Hacer partícipes de estos últimos a los demás puede tener así un «efecto terapéutico».

Pese a lo anterior, en nuestra cultura compartir críticamente nuestras experiencias, en no pocos casos, resulta una tarea harto difícil: admitir que no se ha hecho algo del todo bien es todavía para muchos tanto como decir que no se está a la altura de las circunstancias. A esto hay que añadirle el hecho de que no podemos partir de la base de que todos los miembros de un grupo de discusión tengan lo que Burbules y Rice han llamado «virtudes comunicativas» (Brookfield, 142) y sepan, pues, expresarse de manera comprensible, respetando a los demás y sin reflejar las relaciones de poder que fuera del grupo puedan existir.

Por todo ello, como actividad introductoria te proponemos que te reúnas con los compañeros con los que vayas a crear ese grupo de discusión sobre vuestra labor docente y que lleguéis a un acuerdo sobre una serie de reglas que regulen las bases de vuestra comunicación. En este anexo te adjuntamos algunos ejemplos que incluye Brookfield.

Una vez que hayas acordado con tus compañeros acatar unas normas determinadas, la siguiente actividad que se propone servirá para romper el hielo dentro del grupo de discusión. Para ello, presentaos de uno en uno y responded a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué es lo que me enorgullece más de mi profesión?
  • ¿Qué me gustaría que mis estudiantes dijeran de mí cuando salgo de clase?
  • ¿Qué me gustaría saber sobre mi forma de enseñar?
  • ¿Qué me preocupa más sobre mi trabajo?
  • ¿Cómo sé que he hecho un buen trabajo?
  • ¿Qué error de los que he cometido me ha enseñado más?

Responder a las anteriores preguntas también contribuirá a crear un ambiente más igualitario al poner de manifiesto que muchas de vuestras observaciones son comunes.


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Pasos de la actividad

1. Piensa en un incidente que por algún motivo te haya afectado especialmente en tu vida de profesor y escribe unas líneas anónimas sobre el mismo en un papel. Este suceso no tiene por qué ser negativo ni mucho menos. Se trata también de compartir tus logros con otros colegas.

2. Entrega el papel doblado a la persona del grupo de discusión a la que previamente entre todos hayáis designado para recoger todos los papeles, mezclarlos y volverlos a entregar al azar. Una vez que todos hayáis recibido la nota de un compañero, proceded a la puesta en común. Para ello, cada uno tiene hacer la lectura del texto que le ha correspondido.

3. Extraed los temas que sean comunes. Ejemplos de los mismos podrían ser algunos de los siguientes:

  • sentirse minusvalorado por los estudiantes u otros colegas o por superiores;
  • cómo enfrentarse a la resistencia al aprendizaje y la falta de motivación manifestada por algunos estudiantes;
  • sentirse estresado, bajo demasiada presión y pensar que los demás son mejores;
  • cómo responder a situaciones inesperadas; etcétera.

4. Elegid un solo tema para centrar la discusión sobre él. Para empezar el debate formad un círculo. El turno de intervenciones lo inicia la persona que se sienta más cercana al tema seleccionado. Comenzará a hablar sobre dicho tema y lo hará durante dos minutos para después ceder la palabra a aquella persona que esté situada a su izquierda. Ésta a su vez hablará durante otro par de minutos, comenzando por parafrasear lo dicho por el participante anterior. El objetivo de esta forma de proceder es seguir una cadena lógica de razonamientos y que, por tanto, aquello que diga se derive de los comentarios señalados por el participante previo. Proceded así sucesivamente hasta que todos hayáis participado y dado vuestra opinión. Nadie podrá hablar fuera de su turno o interrumpir.

5. El siguiente paso consiste en asignar unos papeles determinados a cada miembro del grupo con el propósito de hablar de manera más informal sobre el tema que habéis elegido. Se trata de que lleguéis a unas conclusiones claras haciendo de la reunión algo fructífero, sin que nadie en concreto monopolice la conversación, y, como no, introducir también aquí el elemento lúdico. Brookfield propone los siguientes roles para este tipo de actividades:

  • La víctima, que es aquel que plantea el problema.
  • El analista, quien toma nota del desarrollo de la conversación y cada 20 minutos hace un breve resumen.
  • El gorrón, que apunta todas las sugerencias, consejos y trucos que los distintos participantes han utilizado para afrontar una determinada situación. Esta persona los leerá una vez antes de que acabe la sesión.
  • El abogado del diablo, quien se encarga de expresar el punto de vista contrario al de la mayoría para ayudar a que los miembros del grupo exploren opciones alternativas.
  • El detective, el encargado de investigar los prejuicios que subyacen en la conversación y que nadie pone en entredicho, enunciados tales como que determinados estudiantes son incapaces de aprender, que la autoevaluación es una pérdida de tiempo, etc. Especial atención pondrá a los factores culturales, de género, clase social y raza.
  • El explorador de temas, el que identifica temas ligeramente tocados en la conversación, pero sin explorar y que, por tanto, podrán sacarse a colación la próxima vez.
  • El árbitro, que se asegura de que la dinámica de grupo sea en todo momento correcta prestando atención a todos aquellos comentarios que van en contra de la buena comunicación y que echan por tierra aquellas reglas desarrolladas por los miembros del grupo.
Cada miembro del grupo de discusión asume un rol, y entre todos y a partir de las nuevas posiciones que representáis, tenéis que discutir sobre el mismo tema que desarrollasteis previamente.

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Comentarios

Es aconsejable que cada miembro del grupo de discusión encarne papeles diferentes con el propósito de familiarizarse con el comportamiento asociado a cada uno de ellos. Sugerimos, pues, organizar las sesiones iniciales alternando dichos papeles.

Asimismo esta actividad es adaptable al aula y recomendamos su uso con los alumnos de niveles avanzados ya que ofrece la oportunidad de establecer las bases de una óptima dinámica de grupo en un debate.

Para la etapa inicial de formación de un grupo de discusión, Brookfield llega incluso a apuntar la necesidad de estructurar la participación de cada miembro del mismo. Basándose en tres papeles fundamentales, el del que cuenta el incidente, los detectives y el árbitro, propone la siguiente secuenciación:

1. Alguien introduce el tema contando un incidente.
2. Los detectives formulan preguntas sobre lo que anteriormente se ha descrito.
3. Los detectives, sin emitir juicios, intentan explicar o dar cuenta de las razones del incidente.
4. Los detectives ofrecen otras posibles interpretaciones del acontecimiento descrito.
5. Los participantes hacen todos una valoración de la conversación sostenida, indicando lo que a cada uno le ha aportado para la enseñanza.

Esta actividad se basa en una serie de técnicas que aparecen en el libro Becoming a Critically Reflective Teacher, de Stephen D. Brookfield (San Francisco, Jossey-Bass Publishers, 1995, cap.7).

 

 
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