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Velázquez después de Velázquez

Biografía de grabadores (2 de 5)

José María Galván y Candela

Madrid, 1837 - Madrid, 1899

A los doce años se matriculó en las clases elementales de geometría, principios, extremos, cabezas y figuras; estudios que cursó desde 1849 hasta 1853. En 1862 se matriculó en la clase de grabado de la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, donde se opuso a los métodos de enseñanza de Domingo Martínez, partidario del grabado tradicional en talla dulce. A su vuelta de París en 1867 obtuvo plaza de alumno en la Escuela de la Dirección de Hidrografía de la Armada. En dicha escuela alcanzó por oposición, cinco años más tarde, el título de grabador de número y el cargo de profesor de dibujo y grabado topográfico.

Medalla de tercera clase en la sección de pintura de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1867. Medalla de segunda clase en la Exposición de 1876 por veintisiete estampas al aguafuerte reproduciendo pinturas de Velázquez, Goya y Murillo. Dos años más tarde alcanzó el mismo galardón con otras veintiséis estampas, en este caso copiando los Frescos de San Antonio de la Florida y una pintura de Zurbarán. Primera medalla por la sección de grabado en la Exposición de 1897.

Sucedió a Domingo Martínez como profesor de grabado en la Escuela Especial en 1899 impartiendo enseñanza a futuros grabadores como Espinós, Leandro Oroz y Núñez Fernández.

Condecorado con la Cruz del Mérito Naval de primera clase y la de Carlos III, Galván formó parte de las sociedades artísticas más avanzadas del Madrid decimonónico. Fue uno de los cuatro fundadores de la Sociedad de Aguafortistas Españoles que impulsó la iniciativa de El grabador al aguafuerte y colaborador de El Arte en España, además de miembro fundador de la Sociedad de Acuarelistas, de la Asociación de Escritores y Artistas y del Círculo de Bellas Artes.

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E.-J. Glairon-Mondet

París, 2.ª mitad del siglo xviii

Alumno de Jacques-Firmin Beauvarlet.

Entre 1786 y 1808 abrió numerosos cobres para la serie Galerie du Palais-Royal, reproduciendo pinturas de Caravagio, Carracci, Tintoretto o Veronés. A partir de una obra de Lagrenée grabó Le Danger du sommeil. Otras estampas importantes suyas son L’Instruction villageoise por pintura de Debucourt, Les Amants surpris por pintura de Dietrich o La Conversation flamande por pintura de J. le Ducq.

También colaboró en la ilustración de la edición de lujo de las Ouevres de Racine, salida de las prensas parisinas de Didot.

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Francisco de Goya y Lucientes

Fuendetodos (Zaragoza), 1746 - Burdeos (Francia), 1828

La obra de Goya constituye una referencia fundamental para la estética y la sensibilidad artística contemporáneas. La suya fue una época de cambios trascendentales en las estructuras políticas y sociales del Antiguo Régimen, con sus consecuencias derivadas sobre el pensamiento, la cultura y el arte. Los acontecimientos históricos de que fue testigo durante su dilatada vida, junto con los conflictos personales resultados de sucesivos periodos de crisis, tuvieron reflejo en la evolución de su producción artística. A partir de la herencia de los modelos del barroco italiano, el clasicismo francés y la teoría estética de Mengs, la obra artística de Goya avanza hacia otros derroteros caracterizados por la ruptura con la tradición normativa clasicista y la búsqueda de nuevos medios expresivos al servicio de su libertad creativa.

Recibió su primera formación artística en Zaragoza con José Luzán, un pintor afín al estilo decorativo del barroco italiano. En 1773 contrajo matrimonio con Josefa Bayeu, hermana del pintor Francisco Bayeu, cuyas gestiones le permitieron entrar a trabajar en la Fábrica de Tapices de Santa Bárbara de Madrid. Hasta la última década del siglo xviii dedicó básicamente su actividad a la pintura religiosa y al retrato cortesano, lo que le valió el nombramiento de pintor del rey en 1786 y primer pintor de cámara en 1799. Cuatro años antes había accedido al cargo de director de pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, corporación en la que ingresó como académico de mérito en 1780. Durante estos años, caracterizados por la consolidación de su carrera artística, entabló relaciones de amistad con los miembros más progresistas de la aristocracia madrileña y con un selecto grupo de políticos y escritores adscritos ideológicamente al espíritu y las ideas de la Ilustración como Jovellanos, Fernández de Moratín, Iriarte, Meléndez Valdés o Ceán Bermúdez. El contacto con estos ilustrados fue decisivo en la configuración del pensamiento y la mentalidad del artista.

El cambio fundamental en su manera de enfrentarse a la vida y de entender el arte se produjo tras una larga enfermedad acaecida en 1792, de la que se recuperó en la casa gaditana de su amigo Sebastián Martínez. Como consecuencia de esta enfermedad perdió el sentido del oído. Tal circunstancia, y la extrema crueldad de la Guerra de la Independencia (1808-1814), de la que fue testigo en Madrid y Zaragoza, le condujeron a un proceso de introspección, pesimismo y pérdida absoluta de confianza en la condición humana. A partir de estos momentos, nuevos medios de expresión como el dibujo y el grabado fueron utilizados sistemáticamente por Goya para la expresión de su complejo mundo interior y la crítica de la sinrazón de los comportamientos humanos.

La producción grabada y las litografías de Goya conforman uno de los episodios de mayor relevancia en la historia del arte gráfico universal. Su originalidad afecta al lenguaje estético, a la construcción visual de la imagen, a los procedimientos técnicos de grabado y al mensaje iconográfico.

La práctica del grabado por Goya fue relativamente tardía, pero, en cualquier caso, indisociable de su condición de pintor; de ahí que a diferencia de los grabadores profesionales de su época, excelentes técnicos del grabado en talla dulce, escogiera el procedimiento del aguafuerte por adaptarse mucho mejor a la frescura e inmediatez del dibujo y a su manera pictórica de concebir la realidad. En 1778 comenzó a grabar su primera serie, la copia de los cuadros de Velázquez, ejecutada, tal vez, con la intención de demostrar a la familia real sus dotes de retratista regio. En estas estampas puso de manifiesto la capacidad del aguafuerte para traducir el estilo pictórico de Velázquez con mayor éxito que lo que permitía el buril.

Los Caprichos, la más divulgada de las series, fue anunciada en el Diario de Madrid el 6 de febrero de 1799. Constituye una fuente fundamental para el estudio del proceso creativo de grabado en Goya y para el conocimiento de la sociedad española de finales del siglo xviii desde la perspectiva del pensamiento ilustrado. Conceptualmente, los Caprichos representan el testimonio de una sociedad en cambio, que asiste al momento crítico del fin del Antiguo Régimen y al nacimiento del pensamiento liberal burgués. Con esta serie el artista se situaba en el punto de inflexión de la estética moderna y anticipaba el concepto contemporáneo de estampa. Por ello, los Caprichos han sido considerados como la obra maestra del grabado español de todos los tiempos y una de las producciones de mayor relevancia en la historia universal del arte. El acentuado contenido satírico contra los estamentos privilegiados –clero y aristocracia–, las supersticiones y otros hábitos irracionales del pueblo y, en general, los vicios humanos, constituyó desde el momento de aparición de los Caprichos un excelente marco para el ejercicio de la crítica.

La búsqueda de un máximo de tensión visual, como recurso para acentuar el dramatismo de la escena, se pone de manifiesto en la serie que Goya inició en 1810 como alegato contra la barbarie que siguió a la invasión de España y Portugal por las tropas napoleónicas: los Desastres de la Guerra. Surgidos de la reflexión personal del artista y de su propia experiencia de los acontecimientos, los Desastres son una meditación sobre la guerra que trasciende cualquier época y cualquier lugar.

La Gaceta de Madrid anunciaba en 1816 la venta de estampas de una nueva serie: la Tauromaquia. Goya aborda el tema de la corrida de toros desde una posición distinta a la del espectáculo colorista de las estampas taurinas de su época. Elimina todos los elementos anecdóticos reduciendo la escena a los protagonistas esenciales, el toro y el torero; presenta el momento más dramático de la acción, el momento en que el animal, cuyo destino es el sacrificio, embiste con fuerza a quien va a darle muerte. De ahí que la distancia entre los Desastres de la Guerra y la Tauromaquia no sea tanta como la que pudiera pensarse.

La culminación de la renovación técnica, formal e iconográfica del arte gráfico de Goya se alcanza en los Disparates. Fechados entre 1816 y 1824, el enigmático ámbito conceptual de los Disparates puede relacionarse con las Pinturas Negras, realizadas sobre las paredes de la casa adquirida por Goya en 1819 a las afueras de Madrid, la Quinta del Sordo. En las estampas de los Disparates se evidencia la subversión de prioridades entre la realidad objetiva y el dominio de la subjetividad que caracteriza al arte contemporáneo.

Goya abandonó España en 1824 para establecerse en Burdeos. Allí practicó la litografía. En Los toros de Burdeos aplicó su audaz talento de pintor y todo su sentido del dibujo, del color y del ambiente. Casi octogenario, dibujó a un anciano de barba blanca apoyado en dos muletas, con la leyenda «Aún aprendo». Quizás se trataba de la representación ideal de sí mismo, un hombre que imbuido de la filosofía de la Ilustración estaba firmemente convencido de la ilimitada capacidad de conocimiento del ser humano, como única fuente de libertad y eterna juventud.

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