Centro Virtual Cervantes
Artes
El legado de Sefarad > Memoria de Sefarad en América > Breve historia de los sefarditas en la costa caribe colombiana
El legado de Sefarad

Breve historia de los sefarditas
en la costa caribe colombiana (1 de 5)

Por Azriel Bibliowicz (Profesor, Universidad Nacional de Colombia)

Los Sefarditas del xviii, y la Inquisición en Cartagena de Indias.

En 1590, todavía no había en Cartagena Tribunal de Inquisición, lo que no quería decir que la Nueva Granada estuviera exenta de la mirada del Santo Oficio. Dependía del Tribunal de Lima, que inició labores en 1569, con jurisdicción sobre todo el territorio español en Suramérica. Y en el mismo año de su fundación, el Tribunal de Lima envió a Cartagena al inquisidor Cerezuela Bustamante, en compañía del fiscal Alcedo y del secretario Eusebio de Arrieta. A los pocos días fueron a Panamá, donde encontraron al primer judío sefardí de origen portugués, Salvador Méndez Hernández. Según el fiscal Alcedo, más de seis personas habían testificado en su contra, pero alcanzó a huir. Por ello, lo quemaron en estatua en Sevilla. Ante el hecho, el Tribunal solicitó que siempre que los presos huyeran se le avisara para que los pudiera buscar. Durante la visita, los inquisidores se quejaron de fraudes y de poco o ningún castigo en estas tierras.

Cubierta del libro: Sobre la faz del abismo de Azriel BibliowiczSobre la faz del abismo, ed. 2002

Luego, el secretario del Tribunal escribía al Inquisidor General que el Nuevo Reino de Granada (el territorio de la actual Colombia y que en esa época incluía también a Panamá) estaba lleno de hijos y nietos de reconciliados. Se llamaba «reconciliado» al reo que, una vez juzgado, se reintegraba a la Iglesia, de cuya doctrina se había separado. Pronto advirtieron los miembros de Tribunal de Lima que, a pesar del número de letrados, era muy difícil hacer nombramientos en el Santo Oficio, pues no había seguridad sobre su limpieza de sangre. Debido a esta dificultad, el fiscal Alcedo le escribía a la Inquisición de España que en los territorios de la Nueva Granada, «fácilmente hace a uno judío y para averiguar la verdad, y lo contrario, hay mal aparejo». En otras palabras, para averiguar la verdad había mala disposición.

El Tribunal de Inquisición de Cartagena sólo vino a instalarse en 1610 y operó hasta 1821, esto es, un total de 211 años. Tuvo atribuciones en la Nueva Granada, Venezuela, Islas del Caribe, probablemente, en algunos sitios de Centro América, como Panamá y Nicaragua. Muchos historiadores sostienen que sus actuaciones fueron modestas, comparadas con las de Lima. Debo confesar que después de investigar sobre la materia, no estoy tan seguro de dicha afirmación y en ningún momento sus gestiones fueron inocuas, como algunos historiadores tienden a aseverar.

Itic Croitoru Rotbaum perteneció a la generación de inmigrantes de Europa oriental que llegaron a Colombia durante la década de los treinta y cuarenta del siglo xx. Fue uno de los primeros judíos en Colombia que se preocupó en estudiar el tema de la Inquisición en Cartagena. Si bien Croitoru no era un historiador profesional le interesó indagar la historia de los judíos sefardíes en la costa Caribe colombiana. Publicó un primer volumen en 1967 en el cual compiló documentos originados en el Tribunal de Inquisición de esta ciudad y en 1971 publicó un segundo volumen. Los libros compuestos por folios originales no resultan fáciles de leer, ya que son transcripciones en español antiguo y no tienen un orden claro ni se encuentran todos los casos procesados. Sin embargo, resulta un esfuerzo valioso por parte de Croitoru, intentado buscar las raíces de los judíos en Colombia. Dichos documentos cuando se hace el esfuerzo y se revisan terminan por ser —para decir lo menos— reveladores y escalofriantes. Señalan que hubo mucha gente mortificada, y en los documentos se describen con detalle dichos padecimientos. La mayoría de los acusados de judaizar fueron torturados para que confesaran su delito. También en los documentos se ven las maniobras de los inquisidores corruptos, como el caso de Juan de Uriarte, que se apropiaron de la hacienda de los reos.

No es fácil establecer una relación precisa de lo acontecido, pero que hubo judíos sefarditas en Cartagena y que fueron perseguidos resulta innegable. Por cierto, uno de los datos que llama la atención y que develan los documentos compilados por Croitoru es la existencia de una sinagoga en la ciudad.Y nos dice que estaba localizada «en casa de Blas de Paz Pinto, que fue del capitán Diego de Rebolledo, pared en medio de las de Alonso Martín Hidalgo, que hacen frente a las que solían ser de don Martín Felex, difunto» (Plaza Fernández de Madrid n.º 37-14).

Manuel Ballesteros Gaibrois, en sus documentos para la Historia de la Inquisición en España y América, es categórico al afirmar que como no se conservaron los documentos en la antigua sede del Tribunal, el material con el que podemos contar hoy, almacenado en el archivo del Consejo de la General Inquisición, representa sólo una ínfima cantidad de la que se debió producir en Tribunal de Cartagena. Ahora bien, de acuerdo con el historiador Daniel Mesa Bernal, durante los 211 años que duró la Inquisición en Colombia, 83 personas fueron acusadas de judaizar. Pero de nuevo las cifras no son en ningún momento claras. De acuerdo con Anna María Splendiani, una de los historiadores que más ha estudiado el caso de Cartagena, en los primeros cincuenta años del Tribunal, más de 150 nombres de judíos aparecen en las actas, pero sólo 59 fueron procesados.

Sin embargo, José Toribio Medina, el destacado historiador de la Inquisición en América, autor del libro Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Cartagena de Indias, sostiene que en los 26 años de fundado y sobre el tema de las brujas y los judíos, no había habido tantas causas como las que se diligenciaron en Cartagena. Afirma que en 26 años, iban testificadas y castigadas 888 personas y se habían celebrado tres Autos de Fe y más de 12 particulares. En otras palabras, según José Toribio Medina, Cartagena no fue un tribunal menor como en muchas ocasiones se ha afirmado o se ha querido presentar.

Mesa Bernal calcula que a 27 casos se les suspendió la sentencia por falta de pruebas. Sin embargo, este hecho no los libró de la tortura o de la incautación de sus propiedades. Uno de esos casos fue el de Antonio Rodríguez Ferrerin, a quien torturaron una y otra vez. Se desmayó, lo martirizaron por segunda vez, soportó 6 vueltas de cordel (un número inusitado por lo intolerable del dolor), aguantó sin confesar y salió libre.


Volver a la página anterior: Sefarditas en Argentina (2 de 2) Subir al principio de la página Ir a la página siguiente: Sefarditas en Colombia (2 de 5)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes,  . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es