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El legado de Sefarad

Adio kerida, de Ruth Behar: la antropología visual como
afirmación de la Identidad (1 de 3)

Por Concepción Bados Ciria

Dibujo de Ruth BeharDibujo de Ruth Behar

Ruth Behar (La Habana, 1955), lleva desempeñando su tarea de antropóloga desde hace más de 20 años, casi siempre en relación con temas que atañen a su identidad (sus raíces sefarditas, su exilio de Cuba, sus constantes viajes a la isla caribeña o a otros lugares relacionados con sus orígenes). En su obra  La observadora Vulnerable(1996), se planteaba un compromiso de tipo personal relacionado con su trabajo como investigadora y  antropóloga.  Defendía una antropología cuyos resultados plasmaran la subjetividad, los afectos, los cambios y las respuestas más íntimas de los investigadores en sus trabajos de campo. Aseguraba que la etnografía es la verdadera prueba, la única que queda de los viajes del antropólogo, y afirmaba que el éxito de su empresa dependía en cómo el antropólogo contara o dejara de contar los hallazgos, los encuentros, los resultados de esos viajes.

Siguiendo estas coordenadas, Ruth Behar sacó a la luz en 2002 un documental titulado Adio Kerida con el fin de explorar un asunto personal y específico, como es la reconstrucción de la propia identidad de la antropóloga. Al mismo tiempo, el filme rescata,  para darles voz,  a una minoría étnica y religiosa como son los judíos de Cuba, tanto los que se quedaron en la isla como los que la dejaron tras el triunfo de la revolución en 1960. Siempre en aras de una antropología vulnerable, de tipo intimista y personal, Ruth Behar se planteó llevar a cabo la reconstrucción de su identidad por medio de una práctica antropológica de tipo visual, que ha hecho posible la integración de lo personal  junto a  lo colectivo: en el documental se representa la comunidad cubanojudía, de la que ella se reconoce como parte integrante. En efecto, si bien son imprescindibles las opiniones subjetivas y personales de la autora-directora, la variedad de  testimonios orales y aun documentales de gran cantidad de personas, aporta una fuerte dimensión objetiva a las opiniones de Behar, de manera que la antropóloga documenta su biografía y la de sus antepasados, pero lo hace al tiempo que reconstruye la biografía de su propia comunidad cubanojudía, tanto en la isla, como en el espacio de la diáspora estadounidense.

De manera que, a la dimensión personal y familiar se aúna la homónima colectiva, que comprende los orígenes de una colectividad con raíces en Sefarad, el nombre hebreo de España en el momento en que los judíos son expulsados de este país, en 1942, y los antepasados de Behar emigran a Turquía. Se podría decir que la afirmación de la identidad de la autora recorre el documental desde sus inicios, sobre todo cuando leemos un epígrafe de León Hebreo que data de 1503, escrito después de su salida obligada de Sefarad el mismo año de 1492, y que dice así: «No puedo estar quieto/ mi corazón está en el mar/ no distingo entre mi llegada y mi partida». En todo momento los espectadores intuimos que ese mismo sentimiento impregna el ánimo de Ruth Behar ya que,  siguiendo la cámara, la vemos llegar a la Habana en diversas ocasiones, y escuchamos  repetidas veces, en su propia voz, acerca de su necesidad de ir y venir desde Estados Unidos, su lugar de residencia, a Cuba, país en el que nació y que dejó a la edad de cinco años.

Ruth en Cuba

El documental propiamente dicho comienza  con el viaje a Cuba emprendido por la directora en busca de las huellas familiares y de los motivos que le ayudarán a reconstruir su identidad escindida desde los cinco años, cuando salió hacia el exilio en Estados Unidos junto a sus padres. La repetición de planos plantea la idea de cómo la autora retorna una y otra vez a su isla natal intentando afirmar su pasado y su pertenencia a la isla caribeña; al mismo tiempo, notamos que se identifica con la comunidad  judía  que permanece en la Cuba de hoy. La voz de Behar se escucha mientras la cámara se adentra en distintos recorridos por las calles de La Habana, al tiempo que enfoca postales que recuerdan viajes, fotografías de bodas, de ceremonias y encuentros, de viajes en avión y en barco. Las postales, fotografías o pinturas  evocan la infancia de la directora y las vivencias  de sus antepasados y son la prueba de que todos ellos pasaron por la capital cubana; si bien ella asegura que no recuerda nada de su infancia, declara que le han dicho que era una niña feliz cuando vivía con sus padres en una calle cerca del malecón. En un momento dado, Ruth Behar asienta el propósito del documental, que viene a ser el siguiente: como sus padres están muy ocupados y no encuentran tiempo para ir a Cuba, ella va por ellos, y también por toda su familia. Y es que, como afirma la voz narradora en el filme, existe una dimensión personal en relación con el título, la cual se refiere al deseo de reconciliación entre la directora y su padre sefardí.  Al inicio del documental reza una dedicatoria: «Para papi que no quiere volver a Cuba».  Decididamente, Ruth Behar pretende recuperar el pasado de su propia familia, para sí misma y, en particular, para su padre.

Diversas fotografías en blanco y negro  muestran  escenas privadas de la vida de los padres de Ruth Behar, que se conocieron en La Habana  y realizaron un matrimonio mixto, al ser ellos mismos judíos de ramas diferentes. Tras rememorar las actividades de la familia—aprendemos que eran comerciantes y vendedores ambulantes como la gran mayoría de judíos— la autora pasa a recoger diversos testimonios de personas que la conocieron de niña, o que vivieron en la comunidad judía. La cámara sigue a Ruth a su paso por las calles Refugio, Amargura, Oficios, calles donde se estableció la comunidad judía a su llegada a Cuba desde Turquía y otros países europeos a principios de siglo xx, huyendo del antisemitismo. La aguda interpretación de la antropóloga se deja oír muy claramente en esta ocasión para confirmar un dato. Dice Behar que «como muchos otros judíos sefarditas llegaron a la isla caribeña porque eran lo suficientemente blancos como para contrastar el color oscuro de los afrocaribeños.»


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