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Vicente Rojo. Volcanes construidos > Hacer mella, cicatrizar, construir
Vicente Rojo

Hacer mella, cicatrizar, construir (7 de 7)

José-Miguel Ullán

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Entrada en materia. Por su parte y al lado, a Cortés le dio por fijarse en la chocante rectitud que de improviso adquiere lo maleable al ascender de no se sabe dónde hasta tocar el cielo: el generoso humo, tan denso allí «que el viento no lo puede torcer». Desde la lejanía, mientras termina su novela, Malcolm Lowry recuerda así el volcán: «una especie de Moby Dick», de «color gris pizarra, semejante a la desesperación».

Sobrevivir de las miradas. Aunque sea, como en Pompeya, por medio de una ausencia, escayolada en aquellos moldes compactos que son las huellas de las víctimas protegidas durante siglos por la ceniza. Tal vez prefiera Rojo detenerse junto a un letrero erosionado o un espejo medio enterrado o una hormiga que corretea por un mosaico. Pero seguimos pendientes del volcán, de las muchas maneras de asomarse a él para, tiempo después, conformarnos, en expresión de Villamediana, con «lo piramidal de la candela».

Volcanes construidos por Rojo. Huellas dactilares de lo desmedido. Torres de Babel festivas. Refinadas vasijas. Jaulas aireadas. Redes. Alambreras. Juegos de mano. (Pliegues, cavidades, protuberancias, derrames, serpenteos, coágulos.) Maravillas escuetas. Varios guiños traviesos a Calder y a Miró; y a Duchamp, con ese botellero volcánico, hijo pródigo que regresa del ready-made a la obra única, desprovisto de púas utilitarias. Cráteres: hipnosis; custodias sin deidades; calendarios exentos de temporalidad; círculos concéntricos y chispeantes en los que el ojo acaba por dar en la diana. Esqueletos, en suma, de la admirable masa. Volcanes que se apartan del exotismo y de la épica. Y libres, asimismo, de carga mitológica: fraguas subterráneas para Vulcano, escondite para el dragón Tifón y boca del Infierno para cualquiera. Merma que asume un riesgo. Ilusión que se encarna. Presentes.

Volcanes, en efecto, abstractos: rememoración y celebración manual de un primer asombro confuso a través de otro nuevo, ordenado y recién construido. Estela que se alza en lo alto de una pirámide de ceniza, en cuya base a alguien le dio por reparar en un hoyo y en su interior escribir en espiral y con letra párvula:

Sobre el volcán,
a las canicas juegan
ceguera y llama.
Al entrechocar, pierde
la que más gana.

Septiembre, 2006

Detalle de la estructura para el montaje del monumento «Volcán encendido 920»
Vicente Rojo supervisa el montaje del monumento «Volcán encendido 920»
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