Centro Virtual Cervantes
Artes
Vicente Rojo. Volcanes construidos > Hacer mella, cicatrizar, construir
Vicente Rojo

Hacer mella, cicatrizar, construir (3 de 7)

José-Miguel Ullán

1 2 3 4 5 6 7

Extraña intensidad redentora: de asesino, a artista circense. Cicatriz doble. Y acaso contundente metáfora, por más que peligrosa si no la manejamos con el escrúpulo debido, de la práctica artística. ¿En general? No, pero sí en ciertos casos. En el caso concreto de Vicente Rojo, la radicalidad de su obra se nutre de una serie de circunstancias, de cicatrices, de transformaciones que son prácticamente la razón de ser de esa imagen única, recién construida, que, con autonomía, emerge al término. Casi siempre, fijación tenaz de un vaivén desde un sinfín de puntos de vista. O representación secuencial de una búsqueda interior que (a fuerza de dar vueltas y vueltas en el interminable laberinto, de entrever un no sé qué e imaginarse lo contrario —Alicia ya ha pasado por el espejo—, de confiar y arrepentirse a cada mancha, de enterrar y excavar, de desesperanzarse y divertirse) logra dar con la luz, por dudosa o efímera que ésta sea, de una comprobación compensadora, de un desahogo, de un desenlace: hay salida.

Una salida donde se reconstruye el proceso anterior —las noticias remotas—, pero convertido en presente, exteriorizado en su forma más pura y con el colorido que mejor le cuadra: dibujos, grabados, pinturas o esculturas, frutos de una rumia nerviosa, de un desasosiego engendrador, de una visión que, ya expulsada, ahora acompaña y consuela. Inspiración interior, sí, aunque con el anhelo o la necesidad de pasar a ser visible y, además, contagiosa, pues que al punto hace mella en quien la mira así, tal cual es, deudora de mil cosas, pero que sólo paga tributo a lo que sabe limitarse a ser: imagen ajustada de un misterio. El enigma (haber llegado a ahí) como construcción.

Un arte minucioso, para el cual no es posible que el estallido haga de punto de partida —pese a condicionarlo con amagos de reglas férreas, a menudo burlables y, desde luego, desobedecidas—, sino que debe esperar. Esperar a identificarse con la coagulación del recorrido: balance de una doma estética (y la de la vida con ella, a través de todas sus marcas), de un frenético hacer y deshacer, manchar y borrar, ir y venir sin tregua, hasta el aquietamiento venturoso del remolino, hasta la concordancia de lo discordante. Sin clausurar las múltiples grietas por las que habrá que seguir transitando, a las que será forzoso asomarse para moverse en los ensanches de otra visión y retomar el hilo de la vida.

La vida. Es ya difícil —aunque, por lo que se ve, no imposible— imaginársela desprovista de esa propiedad fundamental, mucho más que un deber, que el científico James Lovelock le atribuye: generar orden. Y ordenar, aunque lo haga de modo desconcertante, es también tarea propia de un artista plástico. Cicatrizado aquello que hizo en él mella, construye Rojo un orden estético en el interior de un espacio delimitado en el que, sin recurrir a someter el sueño a la tortura de lo razonable, nada va a permanecer intacto ni confuso, descolocado, fuera de ese nuevo lugar hecho a mano. Todos los elementos retenidos, más o menos memorizados (contemplaciones, contactos, sentimientos, escuchas, logros y fracasos), que de repente pugnan por salir o se resisten a reaparecer, van a entrar en contacto entre sí y a ocupar el sitio adecuado; y a rozarse también con otros que nacen de la imaginación, eso que para Simone Weil era un tapón, pero que Paracelso tomaba, en De virtute imaginativa, por algo parecido a un sacacorchos libertador de representaciones. En implacable sincronía, imponen su presencia, asimismo, los inesperados percances, los mil motivos caprichosos que, a cada nuevo soplo de vida, provocan el asombro en lo previsto.

Detalle de una de las obras escultóricas de Vicente Rojo
Detalle de una de las obras escultóricas de Vicente Rojo
Detalle de una de las obras escultóricas de Vicente Rojo
Detalle de una de las obras escultóricas de Vicente Rojo
Detalle de una de las obras escultóricas de Vicente Rojo
Volver a la página anterior Subir al principio de la página Ir a la página siguiente
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es