La obra pictórica de Vicente Rojo es a un tiempo vasta y rigurosa.
Al principio, enamorado de las texturas, parecía demorarse en la riqueza de las pastas, las materias y los colores; después, la materia se hizo línea y las líneas construyeron objetos geométricos.
Más tarde, con la misma seguridad, la geometría se deshizo hasta convertirse de nuevo en materia espesa, pero ahora en una materia, por decirlo así: anímica.
1990
