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Vicente Rojo

Un paréntesis que se abre sin cesar

Valerio Adami

El novelista Carlos Fuentes, admirador profundo de su pintura, me había hablado mucho de Vicente Rojo. No solo en tanto que pintor, sino también como personaje decisivo en múltiples empresas culturales, en la creación de un nuevo horizonte para el diseño gráfico y en el terreno editorial. Por consiguiente, sentía yo una auténtica curiosidad por conocerle. Y, al fin, creo que en 1967, el propio Fuentes nos presentó.

En seguida me sentí conmovido por la inteligencia, la modestia y el rigor ético de este hombre. Pero, más allá del contacto personal y amistoso, tuve la suerte de descubrir a un pintor importantísimo, cuyo trabajo más reciente vi nacer en París, a finales de los setenta.

En su última concepción de la tela hay un discurso poético de gran belleza. Pero acaso lo más fascinante resida en la manera de articularlo. Si observamos con atención un cuadro de Vicente Rojo, veremos que siempre hay paralelas. Lo curioso de esas paralelas es que son como un paréntesis que va en aumento no como algo accesorio, sino como lo específico de su pintura, de la pintura.

Al intentar la definición de un dibujo, retornamos a la imagen certera de un punto que se mueve. A la vez, cuando ese punto empieza a desplazarse, se convierte en línea. Y esa línea posee una doble vida: su propia soledad y su valor de contorno. Ahora bien, para que línea tal se transforme en línea significante, siempre ha de estar en compañía de otra línea próxima, paralela. Si tomamos un cuerpo dibujado por un pintor del Renacimiento, jamás podremos seguir con el ojo una sola línea. De desear la plenitud de una forma, es preciso que sigamos una y otra línea. Ni un pie ni un perfil son definibles sin la presencia común de ambas líneas, contempladas al par.

Los cuadros de Vicente Rojo son, en principio, ajenos a ese problema de la representación con relación a un objeto real, pero subsiste en ellos ese concepto clásico del dibujo. Por eso creo que nos otorgan la posibilidad de una lectura móvil y paralela. Habría que gozar de varios ojos para seguir y contemplar de lleno un conjunto tan fértil de líneas paralelas. Sólo así descubriríamos la complejidad soterrada de su mensaje poético.

Mientras tanto, cabe detenerse en hondas y hermosas evocaciones (lluvias, visiones desde la altura, estratificaciones rocosas, paisajes de la memoria), pero lo básico es esa virtualidad sustantiva, esa simultaneidad, ese paréntesis insaciable, esa apertura infinita, esa tensión pictórica de identificación mental con la colmena.

1984

Detalle de una de las obras pictóricas de Vicente Rojo
Detalle de una de las obras pictóricas de Vicente Rojo
Obra pictórica de Vicente Rojo
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