Por Andrés Perea
Me interesa especialmente considerar un trabajo como el de un constructor de instrumentos arquitectónicos. Instrumentos arquitectónicos que no existen, en su literal acepción, si no son usados. Y es desde ese objetivo desde el que asumo las decisiones de proyecto.
Proyectos como el Arts Performing Center de Seúl o el Centro de las Artes y la Tecnología de Segovia, pretenden ejemplarizar esa condición, por un lado inacabada, de lo que ha de ser usado y, ¿por qué no?, transformado en el uso y, por otro lado, la lírica resolución de formas que son modeladas para que la arquitectura «suene» perfectamente.
El sonido no se introduce en la arquitectura; el sonido, del mismo modo que el uso o la utilización, habita la arquitectura y le demanda que lo haga, la habite con naturalidad y en armonía con la luz, la materia y su textura, el confort térmico, etc., etc.