Por Andrés Perea
El Proyecto responde a criterios radicales de sostenibilidad. El patrón esencial que ha dirigido el proyecto obedece a parámetros ecológicos que van desde la eficiencia energética, como es el sistema de climatización abierta y natural permanente, que sólo en ocasión de vientos africanos o tormentas subtropicales requiere del cierre de ventanales, automáticos, y la puesta en marcha de los equipos (sistema que, obviamente, utiliza todos los medios tecnológicos de captación de energía solar-térmica y fotovoltaica), hasta la reutilización de los materiales de obra, reciclados para pavimentar toda la terminal, el material rocoso obtenido de las excavaciones, etc.
Sin embargo, el edificio está concebido como un tránsito sonoro entre los rumores y sonidos de la naturaleza en esta cornisa de la Isla y los propios de la actividad humana, entre los que está muy presente el ruido de la aviación.
En la evaluación acústica de los espacios externos e internos he seguido las técnicas habituales, obteniendo tiempos de reverberación óptimos para la defensa de la inteligibilidad acústica y del mayor confort ambiental, lo que habitualmente discurre paralelamente. Los sonidos externos, igual que la brisa marina, transitan amortiguados por los tratamientos acústicos a través del edificio terminal.
La luz, manejada con secuencias de claro-oscuro, fragmenta la unidad espacial del edificio en franjas acústicamente diferentes, por lo que al deambular por este recinto pretendemos produzca un variado repertorio perceptivo de sensaciones visuales, acústicas y texturales diferentes.
Del mismo modo que un compositor contemporáneo se enfrenta a las decisiones creativas sobre la forma en que se va a «construir» su obra con los materiales y recursos acústicos, yo me propuse en este trabajo resolver las decisiones según la máxima exigencia constructiva. Construcción, pura construcción arquitectónica. Un resultado peculiar —pero no banal— de este trabajo es la analogía entre la superposición, a la vista y en los techos, de los diferentes entramados de la estructura, aire acondicionado, energía eléctrica, redes contra incendios, etc., y una hoja de la partitura de la Ofrenda Musical de JS Bach o del complejo «entubado» de instalaciones, que es un instrumento sonoro primitivo.
La renuncia a la «representación», en términos conceptuales, de todo el proyecto y la obra, análoga a la renuncia al material descriptivo o programático de una obra musical, acerca aún más los resultados formales, figurativos y espaciales a la complejidad de un gran concierto sonoro. Me gustaría poder afirmar que este aeropuerto sustenta una cierta polifonía formal y figurativa al servicio exclusivamente de la construcción del espacio arquitectónico.