Por Susana Moreno Soriano
La forma en que se ha utilizado el espacio como variable en música, en especial en la segunda mitad del siglo xx, ejemplifica situaciones de complejidad que son en sí mismas interesantes entendidas en términos arquitectónicos.
Stimmung es una obra del compositor Karl Heinz Stockhausen que en su formulación espacial es de una gran sencillez [Figura 6]. Un sexteto vocal está situado formando un círculo frente a micrófonos para cada cantante que deben ser amplificados desde altavoces dispuestos en un círculo concéntrico al primero de modo que cada intérprete está alineado en el mismo radio de dichos círculos concéntricos. Es evidente que la intención del compositor es generar para el público un lugar de escucha sensiblemente igual al que ocupan los cantantes escuchando a sus compañeros y que dicha situación acústica está reforzada por la escena visual que permite al oyente ver en el centro lo que oye a su espalda.
Me interesa mostrar un montaje espacial de dicha obra en el Auditorio Nacional en Madrid, no como crítica de dicho montaje5 sino para explicitar una situación de discordancia entre el espacio arquitectónico y el espacio sonoro, en la Sala de Cámara del Auditorio, que es de escena frontal [Figura 7]. Este montaje se hizo con los músicos formando un círculo sobre el escenario y los seis altavoces rodeando al público en el patio de butacas. La escucha desde una butaca del patio requería para el oyente una translación hecha mentalmente entre lo visto y lo oído, los círculos concéntricos son sustituidos por dos círculos secantes, pero una experiencia espacial todavía de inmersión. Una situación de mayor discordancia se produciría para una oyente (en este caso yo) situada en el anfiteatro, fuera de ambos círculos, recibiendo sonido directo sólo de los tres altavoces situados en el semicírculo frontal y sólo sonido reverberado de los otros tres altavoces. En esta situación se demuestra cómo puede darse una negación del espacio arquitectónico por el espacio sonoro.
El proyecto pluridisciplinar de la obra del compositor Luigi Nono Prometeo, tragedia dell’ ascolto, ejemplifica una situación espacial muy interesante por su complejidad y por la, en este caso, concordancia entre espacio sonoro y espacio arquitectónico [Figura 8]. La idea de ocupar un espacio dado con una acústica precisa lleva a la organización de una serie de islas por todo el espacio a distintas alturas que se materializan en altavoces suspendidos a distintas alturas en distintos puntos del espacio. La idea de una escena envolvente y en movimiento lleva a un esquema arquitectónico muy concreto: el público al centro y los músicos alrededor de éste dispuestos en pasarelas a varias alturas.6
El auditorio en Akiyoshidai de Arata Isozaki es el resultado de la operación inversa: dado un repertorio, crear un espacio arquitectónico idéntico al espacio sonoro que está contenido en la música [Figura 9]. Es una situación de gran complejidad en la que el espacio arquitectónico se ve enriquecido por una topología de las fuentes sonoras sumamente elaborada.7