Por Susana Moreno Soriano
Analizar música como una aproximación a la arquitectura es una forma de enfrentarse a las presiones que compartimentan la arquitectura.
Steven Hall
En el siglo xx arquitectura y música se reinventan. Lo hacen a través de una serie de emancipaciones muy claras para la música y no tanto para la arquitectura. Arnold Schoenberg introduce la disonancia como elemento natural, superando con ello el papel de elemento tensional que había tenido en el lenguaje tonal. Con el dodecafonismo se crea un marco sonoro neutral no predeterminado. Edgar Varèse introduce el ruido como material sonoro, concluyendo la distinción entre sonido y ruido. Iannis Xenakis introduce con la música estocástica el azar como procedimiento compositivo, transformando conceptos como orden y estructura formal y John Cage introduce lo no intencionado, lo no previsto en sustitución del programa.1
Las grandes rupturas en la arquitectura comienzan con el protagonismo del enfoque tectónico de los problemas arquitectónicos. A partir del trabajo de las primeras vanguardias cuenta más la técnica que las bellas artes y por lo tanto, los grandes avances científicos y técnicos irán introduciendo nuevas herramientas que serán desencadenantes de un nuevo posicionamiento del arquitecto. En el campo de los materiales, la primera gran transformación se desencadena por la introducción del hormigón armado y el acero como materiales estructurales, con las posibilidades de construcción en altura: viviendas u oficinas. La segunda gran revolución en este campo, en la que seguimos inmersos, es el descubrimiento de los plásticos y el campo general de los nuevos materiales comparables a la mencionada desaparición entre sonido y ruido y en la combinación de parámetros sonoros combinados sintéticamente. En arquitectura los nuevos medios de representación digital han dado lugar a la modificación de la escala arquitectónica, lo gigante y lo diminuto, lo territorial y el detalle técnico se reúnen en un solo sistema de representación que le permite saltar de una escala a otra y genera una situación de exploración geométrica adimensional nueva [Figura 1].
La arquitectura como arte de la percepción es multisensorial. Esta circunstancia hace que el arquitecto, que en todo caso siempre es un dilettante por su condición de generalista, se interese intensamente por los avances en las otras artes. Las artes plásticas le informan del color, la música del ambiente sonoro, la escultura de la percepción como objetos de los edificios, el cine le revela cómo transcurre el habitar de los espacios. La idea de una arquitectura ambiental implica que se debe dar una destacada importancia a los contenidos temporales por una parte y que el mundo de la percepción multisensorial es el único posible para poder abarcar de forma completa el campo de trabajo arquitectónico. Este enfoque aporta una tercera vía a la clásica dicotomía entre lo tectónico2 y lo abstracto. El primero ligado a la materia y su construcción o ensamblaje y el segundo a la superficie, el espacio y los conceptos abstractos como vacío, límite, etc.
De este modo pueden establecerse analogías sin salir del campo estrictamente arquitectónico entre aspectos de un mismo fenómeno arquitectónico o territorial, conceptos entrelazados como visual-aural, tiempo-distancia u objeto-evento. Algunos de estos temas se sugieren brevemente ejemplificados en algunas obras de encuentro música-arquitectura.