Por Francesc Daumal i Domènech
Colaboraciones: Eva Crespo y Jimena de Gortari, arquitectas
El urbanismo acústico, siguiendo un proceso lógico, debe empezar por unas intenciones generales y particulares —la poética—, que inmediatamente sean aplicadas a cada caso concreto —el diseño preventivo—. Y si encontramos ciudades antiguas o antiguos sistemas implantados en realidades existentes que no resultan satisfactorios desde el punto de vista acústico, no por ello debemos dejar de contar con la ayuda de métodos para su corrección —la rehabilitación acústica— [Figura 11].
Cualquier ciudad, vieja o nueva, si se lo propone, puede llegar a diseñar su sonido.
Es evidente que el ruido no es el único sonido que hay en la ciudad. También hay sonidos positivos (incluso un alto grado de silencio puede llegar a ser muy opresivo y a generar efectos peores que los del ruido).
En esta breve introducción al estudio del lenguaje sonoro aplicado al campo urbanístico-arquitectónico de mis publicaciones,8 la poética acústica se dedica al análisis de la importancia de los silencios sobre los cuales se edifica este lenguaje, a la impresión del volumen sonoro, a la tonalidad, al carácter acústico de los espacios y, en general, a cualquier factor que permite conferir las personalidades acústicas específicas de cada lugar.
Es por ello que la diferenciación de espacios, de acuerdo con la personalidad acústica deseada por el diseñador, como también el itinerario sonoro dentro y fuera de la ciudad, son aspectos a tener en cuenta en todo planeamiento urbanístico-arquitectónico que trate también los sonidos positivos.
Un método para conseguirlo consiste en atribuir a cada espacio unos caracteres acústicos de acuerdo con el efecto espacial esperado, la actividad propia de cada espacio y su acento acústico. Estos caracteres se pueden mezclar entre sí y, de esta forma, nos permiten determinar la personalidad acústica específica de cada espacio.
Luego estableceremos el ritmo de conexiones entre estos espacios y llegamos finalmente a diseñar los itinerarios acústicos internos (arquitectónico-urbanísticos) y externos (urbanístico-paisajísticos).
Así, el reconocimiento de los espacios en una ciudad se produce por sus diferentes acústicas. Con los ojos cerrados, la ciudad nos proporciona información espacio-temporal muy interesante.
En general, el itinerario acústico de la ciudad es un aspecto necesario para que la ciudad ofrezca al peatón unos recorridos culturales desde esta óptica.
En un recorrido que puede plantearse en una ciudad, se muestran las diferentes reverberaciones y los niveles sonoros producidos por el sonido de la pisada cuando se circula sobre pavimentos y espacios con formas, texturas y materiales diseñados específicamente, que van cambiando e interactuando con el auditor.
Entonces se puede proponer a la ciudad la generación de lugares (englobados en un parque acústico), que permitan desarrollar actividades de tipo más lúdico que la de un parque tradicional, a fin que el visitante pueda relacionarse con el espacio sonoro positivo. El ciudadano que lo visite podría, de esta forma, liberarse de las tensiones a que está sometido por los ruidos de la ciudad y entrar en un mundo sonoro, paisajístico y cultural generado con los ritmos y contrapuntos necesarios para desarrollar una determinada poética acústica, donde se aprovechen los sonidos como instrumentos de terapia, juego y diseño.