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Paisajes sonoros III

Los símbolos del paisaje sonoro en la arquitectura y el urbanismo (7 de 12)

Por Francesc Daumal i Domènech
Colaboraciones: Eva Crespo y Jimena de Gortari, arquitectas

2. Simbología sonora

2.6. El paisaje sonoro de los campanarios

f) Campanarios mayores y menores

El paisaje sonoro de los campanarios puede analizarse de dos maneras:

Los campanarios mayores, que son los que presiden las ciudades, es decir, aquellos que responden a la definición de diccionario, y los campanarios menores, que abarcan desde la campanilla que teníamos sobre la mesa del comedor hasta la que avisaba de la entrada de algún individuo en nuestras casas [Figura 7] [Figura 8].

Pero años atrás, en las ciudades sonaban muchas campanillas; las de las entradas de las casas, la del tranvía, la campana del carro tirado por caballos, la del coche de bomberos (que, además de llevar la sirena, siempre tenía el método manual de la campanilla que se podía tocar estirando el brazo desde la cabina), etc.

En lo relativo a estos campanarios menores, los había en los colegios, en los bomberos, tanto en el cuartel como en los vehículos, en los caballitos, en los caballos de Sevilla (podemos todavía oír las campanillas en el barrio de la catedral y cerca de los Reales Alcázares), en los tranvías, en las casas, en los despertadores, en las bicicletas, en las manos de los monaguillos (que dominan todos los códigos correspondientes a los diferentes momentos litúrgicos), en nuestra mesa, en los trenes de las estaciones, en los pasos a nivel, en los relojes (como el Big Ben de Londres), en las industrias y factorías (como la Maquinista Terrestre y Marítima, donde había una campana que indicaba el inicio y el final de las tareas, que inspiró al celebre músico y poeta Josep Anselm Clavé i Camps para su composición La campana), etc. Realmente estaban por todas partes [Figura 9].

Pero, en cambio, fijémonos que en la tradición de las granjas y ranchos de Estados Unidos de América se trataba de un triángulo, que después se incorpora como instrumento a la orquesta sinfónica [Figura 10]. Las campanas, en cambio, muy pocas veces. Necesitamos a un Llorenç Barber,7 que nos haga unos recitales en las ciudades mediante el repicar de las campanas de las diferentes catedrales, iglesias y monasterios, e incluso ayuntamientos. Lo ha hecho ya en muchas ciudades, como en Estocolmo, con motivo del Foro Mundial de la Acústica Ecológica, positiva y poética, que tuvo lugar en junio de 1998.

3. Semiótica sonora

Etimológicamente, la semiótica proviene del griego semeion = signo, es decir, que es relativo a los signos. Es por ello que se define como el estudio de los signos, la estructura que tienen, así como la relación entre el significante y el concepto de significado.

Un signo lingüístico es una realidad perceptible que remite a otra que no esta presente (referente); es la materia prima del pensamiento y por lo tanto de la comunicación.

3.1. La semiótica de los sonidos del territorio

Fijémonos que hay unas identidades sonoras en el territorio. Son unas voces que han existido, como las campanas, hasta hace poco tiempo de forma comprensiva; es decir, que la gente no sólo las escuchaba, sino que conocía su significado.

En este último siglo, tal vez coincidiendo con la industrialización, con la generación de ingenios de transporte sobre el territorio, tanto colectivo como individual, y con el aumento de los sonidos en las ciudades, se ha ido perdiendo la necesidad de comunicarnos con estas voces y, por tanto, es lógico que vayamos olvidando su significado.

Obviamente, algunos queremos estudiar estas huellas sonoras sobre el territorio porque será necesario preservar las que sean válidas. Si algún día conseguimos que se celebre una jornada de sonido-reflexión parecida a la de la autorreflexión (del vehículo), creo que cuando cojamos la goma de borrar nos tendremos que preguntar cuáles son los sonidos que, sin la perturbación del vehículo, nos interesa oír.

Debido a la ausencia de este sonido que esconde otras manifestaciones sonoras, nos empiezan a molestar los sonidos que hace el vecino o incluso el ruido del carillón de la Generalitat, porque todo sonido, si perturba a alguien y no le deja dormir, para esta persona será un ruido.

La gente ya no trabaja como antes con unos horarios tan estrictos, de gallina, es decir, que cuando se va la luz toca dormir y cuando empieza a clarear es hora de levantarse. La electricidad y el alumbrado nos permiten estar dentro de lugares interiores oscuros, y la electroacústica nos permite hablar fuerte incluso cuando estamos resfriados.

Y estos lenguajes con los que nos comunicábamos normalmente, como los relojes o los carillones, nos dan informaciones que en muchos casos aportan ecos anteriores, es decir, nos recuerdan parte de nuestra historia. Por tanto, para nosotros son positivos y los ponemos dentro del cajón de los sonidos positivos. O bien, por lo que sea, los catalogamos como negativos, como la Quinta Sinfonía de Beethoven interpretada en el piso del vecino cuando yo no quiero oírla.

El sonido de los campanarios es una comunicación más. Y, en este mundo de comunicación en el que nos hallamos, hay comunicaciones que amamos, hay comunicaciones que, además, queremos y hay otras que podemos llegar a odiar o que pueden llegar a molestarnos mucho.

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Notas

  • (7) Es un instrumentista que ha rescatado las campanas para hacer conciertos con un pequeño campanario que transporta; además de los conciertos con los campanarios de toda una ciudad como Barcelona, el Concerto Borealis'98 en Estocolmo, etc. volver
III Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. Madrid, 2009
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