Por Francesc Daumal i Domènech
Colaboraciones: Eva Crespo y Jimena de Gortari, arquitectas
¿Cuál es el lenguaje de la arquitectura?
Como ya se sabe, el ser humano ha establecido lenguajes —con los sonidos, las palabras, los silbidos [Figura 4], las músicas, dando palmadas con las manos, haciendo chasquear los dedos, etc.—, que le permite comunicarse con los demás. Pero, para hacerlo, ha sido necesario construir unas sintaxis, unas gramáticas, etc.
En la arquitectura acústica también ha establecido unos lenguajes que le permiten expresar un mundo de intenciones.
En el caso de la poética acústica, el soporte fundamental también es el control del tiempo; pero, en este caso, lo que se pretende es la definición sonora de los espacios en la arquitectura, la generación de itinerarios sonoros y paisajes sonoros. El recorrido por el interior de los edificios y por la misma ciudad permite conocer las voces específicas de cada lugar.
Las relaciones entre acústica y arquitectura también se pueden entender como definidoras de una sinfonía musical, donde la arquitectura es el pentagrama y los diferentes sucesos acústicos son las notas musicales.
Para conseguir los ritmos y contrapuntos con la concepción y localización de las formas, los materiales y las fuentes sonoras, hasta llegar a la definición del itinerario sonoro, el diseño del paisaje sonoro específico de un lugar constituye especialmente la acústica arquitectónica más positiva, y la más creativa, puesto que si la arquitectura puede generar la diferenciación de espacios definiendo su carácter como central o perimetral, simétrico o asimétrico, lineal o puntual, concéntrico y radial, etc., todo esto se puede hacer también desde el punto de vista acústico.
Esta acústica se justifica sola, porque se relaciona muy directamente con las intenciones de diseño de los espacios del ser humano, hasta los más cotidianos.
Pero también hay que decir que toda esta maravilla de relaciones auditivas y arquitectónicas no nace hoy. Muchas arquitecturas la han utilizado desde tiempos ancestrales. Quizás lo que ha pasado es que, hasta el momento, no se han considerado suficientemente.
Por ejemplo, en Venecia la arquitectura y el agua encuentran la armonía con las voces de los canales. El plano enormemente reflectante del agua provoca resonancias en los pequeños canales. Por suerte, la arquitectura gótica veneciana gana al romper estas reflexiones y suavizar la elevada especularidad.
Por lo que se refiere a la tonalidad estructural y del material, los resultados nos enseñan que los componentes arquitectónicos son también concebibles desde esta vertiente acústica.
Las formulaciones resultantes pueden suministrarse de forma comprensible a cualquier diseñador acostumbrado al lenguaje musical, estructural y arquitectónico.
De esta forma, la tonalidad puede ser aplicada en el diseño industrial de pavimentos, placas de cerramiento vertical y horizontal, etc.3
El diseñador de espacios puede utilizar el lenguaje de la poética acústica para generar con la tonalidad la personalidad arquitectónica deseada para cada espacio, y con ello la acústica presenta una gran riqueza de caracteres sonoros que podemos hacer servir con conocimiento en nuestros diseños.
Con esto, la tecnología acústica y la arquitectura pueden unirse en el diseño cotidiano de los espacios en que se desarrolla el ser humano.
El arquitecto puede aprender de la acústica que, además de solucionar cuestiones técnicas, le permite contribuir a las «ideas» del diseño.
Como conclusión final, hay que hacerse una pregunta: ¿es posible diseñar la arquitectura pensando en la tonalidad sonora que producirán sus elementos?
La respuesta ahora ya debe ser afirmativa.