Por Pilar Chías Navarro
Siempre dentro del ámbito de los espacios acústicos vivos, se pueden proponer unas recomendaciones generales que afectan al diseño de los espacios dependiendo de su uso: como sala de conferencias, como sala de música, como sala polivalente o como sala especial.10
Por otra parte, la utilización de los recursos electroacústicos no puede en ningún caso obviar las reglas básicas de la acústica arquitectónica.
En general se recomienda que tengan una capacidad menor de 1.000 plazas y unas dimensiones reducidas.
Para reforzar el sonido directo, se recomienda que la tarima del orador y las superficies que la rodean sean reflectantes.
Para reducir la reverberación, se recomienda buscar una absorción elevada, que mejorará la inteligibilidad (esencial para la comprensión de la palabra), y la disposición de un fondo muy absorbente o de la pared de fondo inclinada.
Se suele recurrir a la planta trapezoidal o prismática, recomendándose recurrir a la razón áurea entre las tres dimensiones del espacio.
Y para controlar las ondas estacionarias, también se recomienda el tratamiento de las paredes paralelas.
Como hemos ido viendo, su diseño estará en función del tipo de música que se va a interpretar, siempre teniendo en cuenta, como decía Gustav Mahler, que aquélla debe llegar de determinado modo o desde lugares diferentes.
Por otra parte, resulta esencial que los músicos puedan oírse entre sí, y que este sonido tenga ciertas cualidades. Por ello se recomienda la disposición de la orquesta en la escena y de los coros detrás o a los lados de ésta.
En general se recurre a la planta rectangular o trapezoidal, y se busca una reverberación algo más elevada que en salas de conferencias, para lo que se recurre a acabados más duros y menos absorbentes que favorezcan la permanencia del sonido más tiempo y la formación de un campo difuso (textura de acabados), especialmente deseable en el caso de la interpretación de la música de Wagner.
Resulta especialmente interesante el uso de la madera, ya que tiene una resonancia propia que se puede afinar, actuando como resonador de cavidad o de membrana.
Aunque ya se ha visto que no es lo ideal, pues siempre es acústicamente preferible el uso específico, sí que se puede establecer una exigencia mínima, que es el buen funcionamiento para la percepción e inteligibilidad de la palabra, lo que puede obtenerse con un adecuado control de la reverberación.
Existe la posibilidad de realizar un ajuste mecánico de las condiciones sonoras de un espacio recurriendo a alterar el grosor de las superficies absorbentes y el volumen espacial, que al variar permiten alterar el tiempo de reverberación.
Entre las salas más importantes que utilizan estos dispositivos se encuentra el IRCAM en París (1978), de Renzo Piano y Richard Rogers, en la que el techo desciende desde los 15 m hasta los 2,20 m, consiguiendo tiempos de reverberación que varían de 0,8 a 4 s también mediante la utilización de periactes en las paredes y el techo [Figura 10].
También hay que citar el Jesse H. Jones Hall for the Performing Arts en Houston (Texas, 1966) de Caudill, Rowlett y Scott [Figura 11], diseñado para 3.000 plazas, cuyo estudio acústico fue realizado por el equipo Bolt, Beranek, Newton e Izenour, y que tiene la particularidad de que para las representaciones de ópera se condena el 2º anfiteatro y desciende el techo acústico, con lo que se logra una importante reducción del volumen y del tiempo de reverberación.
En España hay que destacar el Teatre Lliure de Barcelona, que desde 1976 dispone de plataformas móviles para modificar libremente la forma y disposición de los espacios destinados al público y a los intérpretes.