Por José Luis Carles
El hecho de que se reúnan en este encuentro disciplinas diferentes es una muestra del interés que suscita actualmente el mundo sonoro en diferentes campos del conocimiento. El término «paisaje sonoro» parece servir como un punto de confluencia de diferentes disciplinas y por tanto de diferentes métodos en torno al sonido. Este término —también se utiliza el de «ecología acústica»— se caracteriza por su potencialidad metodológica y teórica justamente por ese carácter pluridisciplinar que lo hace rico y complejo. Además, en nuestra percepción de la realidad, el fenómeno sonoro se presenta unido a otros estímulos sensoriales (visuales, olfativos, etc…), es decir, se crean fenómenos plurisensoriales.
Es sabido que las diferentes disciplinas aportan unos conocimientos a este fenómeno sonoro y el ejemplo lo tenemos aquí, donde se reúnen expertos de diversos campos con diferentes hipótesis e interpretaciones del mundo sonoro. En nuestro intento por comprender esta multidimensionalidad existen algunos aspectos bien conocidos y otros que no están tan claros, unas bases comunes y otras difíciles de captar.
Los sonidos se presentan a nuestros oídos de múltiples formas, con significados y mensajes diversos: palabra, música, ruidos, cada uno con sus propios códigos producen sentimientos y sensaciones diversas. El desarrollo del sistema auditivo se produjo como adaptación al medio; nuestra percepción, y por tanto nuestro sistema auditivo, está adaptado funcionalmente a los estímulos producidos por la naturaleza, cumpliendo un papel fundamental como elemento de captación de informaciones de la misma, sirviendo como medio de protección o de alerta en situaciones de peligro o angustia, contribuyendo en definitiva, en dichos momentos de gran proximidad a la naturaleza, y merced a dicha capacidad de captar informaciones sutiles sobre dicho medio, a la supervivencia de la especie.
Sabemos mucho sobre la dimension física del sonido. El conocimiento del sonido es bastante profundo en cuanto a sus dimensiones físicas. Podemos medirlo, cuantificarlo, representarlo, explicarlo matemáticamente en todas sus dimensiones. Entonces, ¿por qué resulta tan difícil explicar el significado de la escucha? El sonido resulta objeto de especulación, subjetividad, dudas y oscuridad. Mientras que los modelos físicos objetivizan el sonido y permiten superar esa característica etérea y convertir algo que se escapa en el tiempo en algo que observamos en el espacio, constatamos una carencia de métodos y explicaciones globales sobre la dimensión de la escucha subjetiva. Paradójicamente, esta falta de claridad se produce justamente en el proceso de escucha en el momento en el que el sonido está más próximo a nosotros.
Es necesario contemplar nuevas concepciones cualitativas y pluridisciplinares con relación a la representación sonora buscando nuevos recursos metodológicos que faciliten su aplicación a la propia teoría del sonido, pero también en las nuevas maneras de creación artística. Es necesaria una aproximación interdisciplinar que introduzca variables hasta ahora subestimadas en el estudio del medio ambiente sonoro: la relación con el contexto y la relación afectiva e imaginaria con el sonido. Ello podría aportar reflexiones y datos que ayuden a explicar los mecanismos que subyacen a las reacciones emocionales y estéticas ante el medio ambiente sonoro, que permitan profundizar en el conocimiento de las relaciones entre el hombre y su entorno sonoro, siendo también de gran interés las posibles aportaciones de una teoría global del sonido en la concepción y diseño del espacio arquitectónico.
Podemos partir de un sonido concreto, el sonido del agua, que nos puede servir de referencia para entender las diferentes dimensiones del sonido. Desde un punto de vista físico, el sonido del agua se caracteriza por su amplio espectro de frecuencias audibles con igual intensidad, con una cierta similitud a un ruido blanco; aleatoriedad en su componente de frecuencias, estructura espectral fuertemente atonal, carencia de elementos de tipo rítmico o temporal.1 En determinadas condiciones —por ejemplo al escuchar una grabación—, la respuesta perceptiva puede resultar ambigua debido a una difícil identificación. En ocasiones los sonidos no son fácilmente identificables; suele ser el caso de los sonidos con amplio componente de frecuencias (mar, tráfico). El análisis físico (análisis espectral, gráficas amplitud-tiempo…) del sonido del agua nos ayuda a objetivizar el sonido. Este tipo de análisis permiten comprobar sus componentes de frecuencia de igual amplitud en todo el espectro audible (con ciertas similitudes con el ruido blanco) así como la falta de elementos rítmico-temporales que sirvan de referencia o ayuden a situar el evento sonoro. Cuando en un ambiente sonoro están presentes elementos de puntuación temporal con una cierta ritmicidad parece resultar más fácil su correcta identificación. Sería el caso de un sonido de tormenta, con un espectro en frecuencias similar al ruido blanco, pero marcado por la estructura temporal de los truenos.2
Pero el sonido también está sometido a la influencia de los otros sentidos, fundamentalmente de la visión. Así, ante una situacion sonora ambigua en la que no es fácil reconocer de dónde proviene un sonido, nuestro sistema perceptivo establece una serie de hipótesis perceptivas. Ante un sonido indeterminado, difícil de identificar, son las imágenes las que van a provocar ciertas expectativas creando una predisposición a escuchar determinadas cosas antes que otras en nuestro intento por comprender los elementos que percibimos del mundo exterior.