Por Ramón Pelinski
Hay otras variedades de texturas sonoras continuas de las que, para no abusar de vuestra atención, sólo menciono las que involucran sonidos simultáneos con bandas de frecuencias sonoras diferenciadas, en los que se puede distinguir una pluralidad de timbres y registros [Audio 9], o como en el ejemplo siguiente, la grabación crea una ilusión de simultaneidad de lo no simultáneo cuando junto al sonido presente en primer plano se oyen en segundo plano los sonidos acuáticos del espacio precedente al foco de la grabación y del espacio siguiente; es como si los sonidos escuchados en presente fueran la condensación temporal (con retensión y protensión) de un mapa sonoro espacial (derecha, centro, izquierda) configurado por el declive del terreno [Audio 10].
En fin, en el polo extremo de las texturas continuas están las cascadas torrentosas que, al saturar el registro de las frecuencias, producen una especie de ruido blanco. Este tipo de textura anula las propiedades de las situaciones sonoras descritas precedentemente [Audio 11].
En resumen, el sistema de circulación acuática en la Alhambra consta de distintos elementos tales como el agua cuyo volumen es la suma de sus partículas y gotas, las superficies (tierra, pedregullo, cemento, etc.) por las que discurre el agua, los entornos naturales y artificiales situados en diversas relaciones de distancia que actúan sobre la fidelidad del sonido percibido, etc. Estos elementos están relacionados por mecanismos de producción sonora (rebosaderos, canales, acequias, alcantarillas, etc., dispuestos en pendiente, fuentes con diversos tipos de surtidores, etc.). Del ensamblado de estos elementos, sus relaciones y mecanismos puestos en movimiento en el flujo acuático emergen los sonidos con propiedades cualitativamente novedosas de las que están desprovistas sus unidades de nivel inferior: las potenciales gotas que integran los diversos flujos acuáticos, los sonidos que cada una de ellas podría producir, los particulares materiales del cauce del agua, etc. Ello no obstante, a un nivel más elevado de organización, la gota y el agua, la totalidad y las partes, están ligados por propiedades comunes que nace de su naturaleza físico-acústica: la frecuencia, la dinámica, el timbre, etc.
Las propiedades sonoras emergentes en los timbres, ritmos, resonancias, espectros, etc., y sus constantes variaciones durante el descenso del agua se extinguen cuando los «finos laberintos del agua» de la Alhambra se «sub-mergen» en el río Darro, a la altura del Paseo de los Tristes. Entonces su «grata voz» sólo puede sobrevivir en nuestro recuerdo [Figura 11].
Es obvio que el precedente esbozo de tipología de eventos sonoros acuáticos en la Alhambra está lejos de ser una clasificación formal por rasgos estructurales con fronteras bien delimitadas; la transición, variancia o transformación entre los grupos es la norma y es difícil determinar el momento crítico en el que un tipo se transforma en otro. Dado que la perspectiva perceptiva es esencialmente analógica, no puede llegar más que a aprehender rasgos sonoros débiles, de fronteras permeables a través de percepciones siempre parciales.27
Además de observar las condiciones materiales del ecosistema de la Alhambra que co-determinan el tipo de sus sonidos acuáticos, la constitución de una tipología sonora de flujos acuáticos requiere tomar en cuenta tanto la naturaleza parcial de toda actividad perceptiva como su naturaleza sintética.28
En efecto, la percepción reduce la multiplicidad de las sensaciones auditivas a una provisoria unidad perceptiva del objeto sonoro, esto es, a su apercepción. No escucho cada detalle ínfimo, repetitivo aunque siempre variado, sino que lo percibo en formas, campos o configuraciones, de la misma manera que en el orden visual Cézanne pasa del puntillismo impresionista a la superficie de formas coloreadas.29 La escucha alerta de los sonidos que produce el agua en movimiento apunta a (y se conforma con) revelar «lo general en lo particular», lo cual no es poco, pero es la condición mínima requerida por la construcción de una tipología.
Un fenómeno particular, como ya he señalado, es la condensación de espacio y tiempo que la presencia del sonido produce: el presente especioso que escuchamos incluye necesariamente un horizonte de retensión del lapso sonoro inmediatamente precedente (o sea del pasado directamente anterior) y de protensión del lapso siguiente (o sea del futuro inmediato). Ahora bien, esta propiedad de la percepción temporal se espeja en su equivalente espacial cuando el agua fluye en pendiente: los sonidos de primer plano «con-suenan» con los sonidos de fondo del agua descendente que corresponden al canto del agua a derecha y a izquierda (o viceversa) de quien los escucha.
En fin, hay aspectos de la escucha del agua de los que he dispensado en la extracción de rasgos distintivos. Me refiero, por ejemplo, al papel que la sinestesia desempeña en la percepción sonora, —entendiendo por sinestesia la escucha de los eventos sonoros en términos de percepción visual, olfativa, quizás también a veces gustativa y háptica—. Tampoco he tomado en cuenta las asociaciones extra-sonoras que suelen interferir en lo que podríamos llamar «escucha reducida» (o estructural) de eventos sonoros (Pelinski 2007).
Como conclusión musical de esta charla, os invito a escuchar «la grata voz del agua» de la Alhambra en el documento sonoro La gota y la fuente [Audio 12].30 Ella sustituirá con creces lo que la reflexión ha dejado en blanco.31 32
Siempre quedan, sin embargo, aplicaciones informáticas eventualmente capaces de determinar rasgos complejos del agua fluyente tales como la recurrencia de patrones, el tipo de textura, el espectro sonoro de los diferentes timbres, etc., —fenómenos escapan a la parcialidad y globalidad de la percepción sonora cotidiana—. volver