Por Ramón Pelinski
Entre los diversos métodos que nos permiten acceder a un conocimiento parcial de la estructura de los sonidos del agua fluyente en la Alhambra se pueden elegir (y, en principio, combinar) dos estrategias analíticas complementarias: el análisis introspectivo del fenómeno sonoro como dado a la percepción; y el análisis informático sea de procesos físicos caóticos, sea de dinámicas no-lineares mediante gráficos de recurrencia.24 Debido al tiempo limitado de esta charla y a la complejidad que involucra el análisis informático de fenómenos sonoros tales como el contorno melódico, la textura o el timbre de aguas fluyentes, dejaré este tipo de análisis para otra ocasión.25
Una escucha atenta de los sonidos acuáticos grabados en la Alhambra para extraer rasgos sonoros distintivos nos lleva a agruparlos preliminarmente en dos familias delimitadas por la oposición de continuidad y discontuidad.
Los flujos sonoros discontinuos se caracterizan, como es obvio, por una sucesión de fragmentos sonoros discretos, separados entre sí por silencios breves o por texturas sonoras muy tenues que se pueden oír como ausencia de sonido. Dependiendo de la masa de agua, el abanico de los sonidos discontinuos va desde el simple goteo hasta borbotones que al percutir contra la superficie producen el característico chapoteo heterócrono, sin un orden temporal detectable a la simple audición. Los borbotones suelen ser producidos por:
Por su parte, la familia de sonidos continuos comprende varias modalidades sonoras, de las cuales destacan por su frecuencia las siguientes:
El sonido de aquellas acequias que discurren con una masa de agua relativamente reducida sobre una pendiente moderada y un lecho de piedras irregular. Esta modalidad de textura sonora se caracteriza por la relativa sencillez de su textura que discurre en un aparente minimalismo. Esta sencillez oculta, sin embargo, complejidades tales como la rápida alternancia de breves figuras rítmicas, siempre cambiantes dentro de una incansable y variada repetición, cuyo diseño rítmico se perfila sobre el horizonte de los sonidos que espacialmente le preceden y le siguen tanto espacial como temporalmente. Las figuras rítmicas de primer plano son el resultado de dos factores principales: la colisión del agua fluyente contra alguno de los innumerables pequeños obstáculos de la superficie de su cauce y el contraste que se establece entre las figuras rítmicas de primer plano y el fondo sonoro sea del agua que fluye sin obstáculos, sea del horizonte sonoro que entorna el lugar preciso de la toma de sonido. El resultado sonoro global de esta minuciosa alternancia entre figuras sonoras de primer plano y de fondo es una delicada filigrana o «arabesco» cuya recursividad podría ser asociada (en vaga analogía) con las muestras abstractas que recubren las paredes de la Alhambra [Audio 4] [Audio 5] [Figura 10].
Una variante de los sonidos continuos producidos por corrientes poco voluminosas son las «cantilenas» monótonas, de contornos imprevisibles, que entonan algunas acequias modestas. Su canturreo se debe probablemente a una configuración particular de la superficie por la que descienden y que aún no he logrado determinar [Audio 6].
Existen sonidos que poseen un componente importante de resonancia producida por: el espacio que pueden crear las cascadas (pequeñas y grandes) entre el agua y la superficie sobre la que fluyen [Audio 7]; o cuando el agua circula por un conducto artificial más o menos cerrado que constriñe el flujo del agua, como es el caso de la Escalera del agua [Audio 8].
Figura 8. Cascada de la Cuesta de los Chinos, Alhambra, Granada.
(Autor: Ángel Sánchez Peinado)
@ Ediciones Miguel Sánchez, C. B.
Figura 9. Patio de la Alberca, Generalife, Granada.
(Autor: Ángel Sánchez Peinado)
@ Ediciones Miguel Sánchez, C. B.
Figura 10. Acequia de la Cuesta de Gomérez, Alhambra, Granada.
(Autor: Ángel Sánchez Peinado)
@ Ediciones Miguel Sánchez, C. B.