Por Cristina Palmese
Al referirse a las sonoridades del agua hay que detenerse en los ríos.11 La relación entre las ciudades y sus ríos se organiza a veces en torno a un binomio amor-odio, una combinación de amenazas y oportunidades. La presencia del río en muchas ciudades va a establecer esta relación dual entre su carácter de potencial (en términos de abastecimiento, actividad productiva y comercial, espacio recreativo o saneamiento) y su capacidad de limitante (inundaciones, barrera al crecimiento urbano o enfermedades). Esta dualidad es la base de un universo simbólico de carácter cambiante entre una socialización y una antropización del curso fluvial. A principios del siglo xix se produce la denominada «socialización» en referencia al contexto histórico y urbano en el cual las ventajas reales y potenciales del curso fluvial se consideran suficientes para aceptar sus inconvenientes. De este modo, se produce una relación horizontal, equilibrada entre la población y el recurso hidrográfico. La historia y las vicisitudes de muchas ciudades y de sus habitantes están ligadas a sus ríos. Sirva como ejemplo la intensa relación entre París y el Sena: el río divide Paris en dos, separa la rive gauche de la rive droite, y como en tantas ciudades determina zonas bien distintas entre sí; no se trata de una relación puramente estética sino que determina también algunos aspectos prácticos importantes, comerciales, las distancias e incluso la numeración de las calles. Esta relación de la ciudad y el río tiene por tanto una base de naturaleza comercial. Los grandes ríos navegables han representado una importante vía comercial para múltiples ciudades y han sido escenario de un sinfín de creaciones artísticas. Un estudio sobre las peculiares relaciones entre una ciudad y su río, en este caso Cuenca, revela lo siguiente:12
El río no es simplemente un elemento con unas características naturales mejor o peor conservado, sino que además está socialmente identificado y usado. En Cuenca puede comprobarse esta dimensión de los cursos fluviales como elemento estructurante del territorio y del paisaje. La tensión entre curso fluvial y modelo de ciudad adquiere aquí su mayor expresión.
Esta relación adquiere una gran carga cualitativa, en tanto que se diluye la diferenciación entre el carácter natural y la dimensión social del curso fluvial. La relación con los cursos fluviales urbanos en Cuenca está marcada por su doble vertiente físico-natural y cultural.
El ciclo se hace también más lento en las aguas no superficiales de la litosfera. Finalmente el agua del río llega hasta el mar.13 La tónica de los pueblos marinos está constituida por el sonido del mar. El amor hacia el océano tiene raíces profundas que se encuentran en textos literarios, ya sea en la Odisea, en los cantos de los pueblos vikingos o en los cantos de Ezra Pound que recogen el fluctuar de las olas. El sonido del mar provoca una tonalidad peculiar a la vida costera. El mar posee sus propios y múltiples ritmos: unos, infrabiológicos ya que el agua cambia de altura y espectro sonoro con tal rapidez y sutileza que el oído humano apenas puede discriminarlos; otros, biológicos, pues el ritmo de las olas puede asociarse con la respiración o con el ritmo del corazón y el ritmo de las mareas siguiendo el día y la noche. Finalmente existe el ritmo suprabiológico creado por la presencia eterna e inagotable del agua.
El agua constituye por tanto un elemento clave con grandes posibilidades para el diseño espacial tanto en zonas verdes como en construcciones arquitectónicas y urbanas. Aunque el elemento sonoro no sea un aspecto excesivamente cuidado en la arquitectura, sí existen algunos ejemplos de arquitecturas del agua en las que el sonido es un elemento destacado. El arquitecto italiano Carlo Scarpa ha empleado en algunas de su creaciones, láminas de agua (de clara inspiración árabe) como elemento visual pero también como elemento sonoro reflectante junto con pequeñas cascadas, elementos que contrastan con otros elementos sonoros y visuales (campanas, pavimentos de texturas diferentes donde los pasos provocan sonoridades peculiares).
El agua es un elemento discreto en la arquitectura de Scarpa, pues aparece puntualmente aunque se trata de un factor esencial para la definición del espacio arquitectónico, el cual se construye con un conjunto de pequeños detalles, de ligeras variaciones capaces sin embargo, de componer espacios altamente sofisticados.