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Paisajes sonoros II

Los caminos del agua. Agua y paisaje (4 de 6)

Por Cristina Palmese

El paisaje y el agua

El jardín islámico (continuación)

Esta exaltación de los sentidos se halla en numerosos elementos dirigidos a estimular los sentidos ya sea con el uso del color, de texturas de esencias olfativas con especies vegetales, cuidando los materiales de construcción y también mediante el uso del agua en estanques, canales y surtidores. El agua la encontramos tanto estática, en estanques, como en movimiento, discurriendo por canales o surgiendo de surtidores lo cual ofrece contrastes sonoros y visuales.

El jardín japonés

En el jardín japonés el sonido del agua es, desde hace cerca de tres siglos, fundamental e indispensable para la armonía estética. Su papel suele ser el de contraponer a la estaticidad del jardín su movimiento dinámico y su continua transformación. El agua cayendo suavemente sirve para crear un ambiente relajante y hermoso que contribuye a generar paz y armonía. El agua no es sólo decorativa y puede incluso convertirse en un  instrumento musical. Es el caso del instrumento japonés suikinkutsu que consiste en un recipiente con un agujero en la base y colocado al revés, por el que caen las gotas de agua sobre la superficie del agua almacenada, creando un agradable sonido parecido al de una campana o al instrumento musical japonés koto. El agua en el jardín japonés no sólo cumple esa función de contrapunto dinámico visual sino que es primordial la sonoridad cristalina de sus cascadas y fuentes para contactar directamente con la naturaleza. El atractivo del agua para las aves que se acercan a las orillas de fuentes y canales, acentúan esta vivacidad naturalidad y dinámica del jardín japonés.

Agua y poder

Otro aspecto destacable es el papel decorativo del agua a lo largo de la historia en el ámbito público y privado. El agua se define como sinónimo de lujo,  decoración y espectáculo. Desde la antigüedad, el agua se ha utilizado en modo decorativo como símbolo de riqueza, poder y ostentación. Las clases altas crean ambientes sofisticados en sus residencias y palacios. Este uso de agua refinado y fútil es para algunos, símbolo de progreso. En la Roma imperial numerosas fuentes decoraban sus calles ofreciendo así homenajes a las divinidades mediante ábsides y decorados con mosaicos, pinturas y mármoles policromados. La construcción de acueductos —con impluvio y compluvio, e incluso cisternas— sirvió para llevar agua a jardines, surtidores, fuentes y a las zonas reservadas para baños (balnearia). Podemos imaginar las sonoridades de estas zonas residenciales en cuyos patios y jardines podrían escucharse las fuentes y surtidores que refrescaban y agradaba los oídos de las clases privilegiadas.

En algunas grandes villas romanas se diseñaron formas sutiles de esta utilización del agua. En la villa de Adriano en Tívoli, cerca de Roma, todavía se puede pasear por el estanque del Pecile hasta un Criptopórtico, pasando por el altar de las ninfas del teatro griego, la sala de las columnas dóricas y otro santuario junto a las termas. El emperador Adriano mandó construir una residencia privada en una isla dentro de un lago-canal artificial; gracias a un castellum se almacenaba toda el agua que se necesitaba para todo el complejo residencial, tanto en lo funcional como en lo artístico.

En los jardines del Renacimiento italiano encontramos un equilibrio entre los elementos naturales y el diseño arquitectónico. El desarrollo de la perspectiva y de la geometría empieza a ser aplicado en el diseño de jardines En sus trabajos sobre los diseños sonoros en los jardines del Renacimiento y el Barroco, el compositor Alfredo Aracil reivindica la importancia de los sonidos del jardín: «Los jardines son un refinado artificio diseñado no sólo para la vista, el tacto o el olfato, sino también para el oído. La valoración y disfrute consciente de los sonidos en un jardín o en la naturaleza alcanzó en Europa su mayoría de edad en el Renacimiento y Barroco, una época en la que se idearon curiosos mecanismos y estrategias para proporcionar sonidos naturales (el canto de los pájaros) y artificiales (el sonido de las fuentes, la música de autómatas) a escogidos rincones del jardín».9

Estas arquitecturas del agua contribuyen además, a dotar de fastuosidad a las cortes reales: de la Villa d’Este (Pirro Liborio) a Versalles o Caserta. En la zona más árida de la Región Campania una calle-río que surge artificialmente de la colina completa idealmente la carretera que desde Nápoles lleva hasta Caserta. En el curso de la historia no ha sido siempre así. Pero en estas arquitecturas el agua es interpretada como expresión de fastos privados o reales, nunca como elementos de una arquitectura pública. Esto sucede por el contrario (sobre todo en el s. xvii) en las fuentes monumentales: baste pensar en las fuentes de Roma, con el equilibrio y la síntesis entre agua y arquitectura como la Fontana de Trevi.10

Fuente con esculturas y cascada

Figura 8. Reggia de Caserta.

Fachada del Palacio Real de Caserta y paseo monumental del jardín

Figura 9. Reggia de Caserta.

Fachada del Palacio Real de Caserta y paseo monumental del jardín

Figura 10. Reggia de Caserta.

Enorme jardín y visitantes en carruaje

Figura 11. Reggia de Caserta.

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Notas

  • (9) Aracil, Alfredo: «Jardines y otros sueños», La Ilusión de la Belleza. Una geografía de la estética. Catálogo de la exposición (a cargo de Araceli Sánchez Garrido y Félix Jiménez Villalba). Caja de Ahorros del Mediterráneo, Alicante - Madrid, 2001. volver
  • (10) Ver las siguientes imágenes: [Figura 8] [Figura 9] [Figura 10] [Figura 11]. volver
II Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. II Festival América-España. OCNE. Madrid, 2008
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