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Paisajes sonoros II

Paisajes fluidos: agua que habla (3 de 4)

Por José Iges

La Ciudad de Agua (continuación)

Precisamente quiero detenerme en el hecho antes apuntado para mostrar algunas peculiaridades de nuestro acercamiento, pues la llamada Secuencia de Los Baños —una de las doce en que se divide la obra, titulada precisamente Doce Postales Sonoras de la Alhambra y el Generalife― las ilustra perfectamente [Audio 2] [Audio 3]. En la imposibilidad de recoger las sonoridades reales de la época, trabajamos con la idea de falsa arqueología sonora, superponiendo explicaciones actuales de los guías sobre lo que en esos espacios se vivía en la época de esplendor del palacio y comentarios de los turistas con sonidos tomados de otros baños árabes. En este caso, son también una recreación: son sonidos «rodados», por cuanto pertenecen al film Alfahouine, que supuestamente se desarrolla en la ciudad de Túnez en la época actual. Así, los turistas que muestran su admiración ante lo que aparece ante sus ojos forman asimismo parte de ese equívoco, pues sus cámaras en realidad están retratando para el oyente un paisaje falso, que ellos mismos contribuyen a validar con su involuntaria participación: lo que ellos visitan es la secuencia sonora de unos baños cinematográficos, de modo que el fragmento alcanza valor de documento verdadero con la visita simultánea a un espacio monumental emblemático (la propia Alhambra) y a un documento de ficción, pero mediáticamente autentificado. La estrategia no está lejos de la usada por un género radiofónico como la fiction. Ese juego de equívocos y de espejos está también presente en el monumento mismo y sus fuentes: «Ha creado tal prodigio mi jardín, que otro igual ojos no vieron: un suelo de cristal que, quien lo mira, lo cree espantable mar, y le amedrenta».

Por supuesto, la presencia de las múltiples y ricas sonoridades del agua en las estancias del Palacio de la Alhambra y de los jardines del Generalife es protagonista de la obra. Pero también la liberación de la poesía petrificada en sus muros en forma de epigramas en lenguaje que fluye, y que es el otro líquido vital que corre por sus aposentos. Ambos elementos (agua y poesía epigráfica) son los verdaderos ejes de nuestro trabajo, pues el cortejo de los guías y turistas que aparece aquí y allá en sus secuencias tiene como máxima incidencia la de subrayar un dato o la de contribuir a la construcción de un cierto decorado sonoro. La voz de Esperanza Abad da vida a alguna de esa poesía epigráfica, convirtiéndose ―como la de Pablo Beneyto en las interpretaciones en árabe original— en la voz del monumento mismo. En los siguientes pasajes encontraremos viva referencia a los estados de agregación del espíritu a los que supuestamente contribuía el agua en su discurrir por el monumento:

Mi agua es de perlas fundidas, que por hielo ves correr y, por diáfano el agua a través suyo, ni un instante de ti desaparezco.

Se diría que yo y el agua pura que contengo y por mí se desparrama, masa somos de hielo, que una parte se fundió y otra parte no se funde.

No se detiene ahí el juego de interacción entre palabra hablada y sonidos del agua, pues la breve secuencia que titulamos palabras del agua está compuesta por 7 muestras muy breves de sonoridades del agua tomadas en distintas estancias, fuentes y acequias de la Alhambra y el Generalife, que se van combinando con 12 palabras que en nuestra lengua han quedado del árabe y que se refieren a la cultura del agua: zubia, noque, arcaduz, alberca, azacaya…

Spoken Madrid

También como obra radiofónica surge Spoken Madrid. Lo hace en 1992, con ocasión de un evento organizado por la BBC y el grupo Ars Acústica que habría de mostrar, en la megafonía de la Liverpool Street Station londinense y como interferencia en la misma, «sonidos del continente». Y nosotros, de cara a otro encuentro que ese año habría de tener lugar en Madrid —Ciudades Invisibles, I Encuentro Internacional de Arte Radiofónico― quisimos tomar como sujeto de nuestro trabajo la capital de España. Me permito leer nuestro propio comentario a la obra en el CD en que fue publicada, por cuanto ilustra perfectamente su contenido y da pie a reflexiones que se alinean perfectamente con lo que aquí expongo:

En este pueblo grande que es Madrid ―escribíamos—, la palabra hablada es su paisaje sonoro más característico. Nuestro acercamiento a esa realidad se efectúa en seis cuadros que son fragmentos de estratos, situaciones simultáneas que, tratadas como temas, interaccionan entre sí. Cuando el cuadro se desgarra aparece otro latido de la ciudad: su pulso subterráneo, el Metro. Y se adivina que ese rumor y el de la superficie son reflejo de otro más profundo, arcano e inaccesible: el de las corrientes de agua sobre las que la Villa fue edificada.

De nuevo estamos ante un paralelismo entre verbalidad y sonido del agua, aunque en este caso, con el ronco rumor del discurrir del Metro como signo interpuesto. El agua aquí es lo inaccesible aunque intuido, lo que confiere al lenguaje su fluidez también. Y ello se desarrolla a lo largo de las escenas o cuadros de la obra con referencias representativas casi tópicas a veces aunque reservándonos algunas sorpresas, que van desde una sesión en la Bolsa al canto de la lotería de Navidad, pasando por todo tipo de personajes callejeros y voceadores diversos. En esta obra tenemos todo tipo de estratos y cualidades del lenguaje, que podríamos trasladar a ese agua invisible e inaudible: desde las superficiales a las profundas, como de la sola escucha de la obra se desprende.

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II Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. II Festival América-España. OCNE. Madrid, 2008
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