Por José Iges
Permítaseme iniciar esta intervención con la mención a Gaston Bachelard, autor de un trabajo tan notable como pertinente para el tema que nos ocupa: El agua y los sueños. Como es sabido, el filósofo-poeta francés se sumerge en la poesía para encontrar en ella los indicios de lo que podríamos llamar «estados de agregación del alma». Su extraordinaria obra nos lleva en todo caso de una «poesía de las aguas a una metapoética del agua, el paso de un plural a un singular», por seguir sus palabras. Consideramos al agua pues, con Bachelard, como un elemento de la imaginación materializante, que toma desde luego diversos estados en la forma de «aguas claras, agua violenta, agua maternal, agua profunda…». Es él quien señala, casi en la introducción de su obra, que «las voces del agua son apenas metafóricas, que el lenguaje de las aguas es una realidad poética directa, (…) que las aguas ruidosas enseñan a cantar a los pájaros y a los hombres (…) y que hay continuidad, en suma, entre la palabra del agua y la palabra humana». Y por supuesto, no se refiere únicamente a la sonoridad de las consonantes llamadas «líquidas», sino a la liquidez como cualidad orgánica del lenguaje humano.
La referencia a la obra bachelardiana toma cuerpo concreto en la primera obra que abordaré: Persona, un proyecto intermedia realizado con la coautoría de Concha Jerez en 2005, con destino al espacio del antiguo Depósito de Agua de Vitoria, actualmente reconvertido en sala de exposiciones dependiente del Centro Cultural Montehermoso. Esos diversos estados del alma recogidos por el autor francés desde el análisis poético son fundamentales en lo que ese proyecto desarrolla y expone, comenzando por el hecho de que el individuo no es la suma de sus impresiones generales, sino la de sus impresiones singulares —como escribe el filósofo―, lo que en nuestra obra se sustancia por constituirse en una instalación interactiva que como tal, reacciona a la presencia, el movimiento y el número de los visitantes en el espacio. Lo que nos lleva a recordar el viejo aserto heraclitiano: «no es posible bañarse dos veces en el mismo río» [Figura 1].
Como la documentación videográfica muestra, Persona empleaba ese recurso a lo fluido con videos (interactivos o no), cambios en la iluminación y apariciones de materiales sonoros en ocho canales. En los videos interactivos, la aparición de esos «seres de agua» pretendía ser metáfora de una sencilla observación: todos estamos hechos de agua, la cual adopta en cada persona un ser diferente. Pero en los videos no interactivos la referencia a las aguas violentas, claras, maternales o profundas estaba servida de modo evidente, como formulación plástica de las constataciones bachelardianas. El subtítulo de la obra, en esa su primera versión, era bien significativo: materializaciones del fluir. Y es que la «persona» de nuestra obra se sitúa además en una encrucijada porque, si por una parte, es una «materialización del fluir», por otra se disuelve en la totalidad del cuerpo social, perdiendo de ese modo buena parte de su singularidad, de su identidad, o más bien tomando otra colectiva que se adapta como común denominador [Figura 2].
En lo sonoro, la instalación no empleaba sonidos del agua sino mayoritariamente verbales, eso sí, más o menos tratados electrónicamente para lograr por momentos un cierto carácter imitativo con el discurrir de dicho elemento. ¿Por qué el recurso a lo verbal? En primer lugar porque, si el agua a todos pertenece y a cada uno conforma distintamente, otro tanto sucede con el lenguaje. Y en segundo, porque es el verbo el elemento que canaliza, como soporte de imágenes, las intuiciones fluidas del cuerpo social y de sus individuos más lúcidos, como bien señala Bachelard. Las palabras aisladas que se dejaban caer como gotas sobre los visitantes a la instalación eran dichas por el grupo de quince personas que voluntariamente, hizo su aportación ―los autores incluidos— para la creación de todos los materiales de la obra; en ese caso, la condición impuesta era que enunciasen palabras que definiesen su identidad. En un cierto sentido, era posible alcanzar en ese y en otros elementos de la instalación aquello que Gianni Vattimo apuntaba como característico de nuestra era mediática: cómo el experimentar la pertenencia a una comunidad se podría convertir en experiencia estética. Pero a la vez generando una dualidad identificación/des-identificación, que volvía a remitir a lo singular y a lo plural en unión y en conflicto, pues el ser (y la libertad) se define tanto por la pertenencia como por el extrañamiento y la autodeterminación [Audiovisual 1]Autor: José Iges y Concha Jerez.