Por Escoitar.org (Juan-Gil López)
Quizás una de las grabaciones más representativas de esta tendencia en el contexto de un río que, por su intención cartográfica y por su aproximación a las particularidades sonoras de un lugar concreto, podríamos denominar como fonotópica, es A Sound Map of the Hudson River [Figura 11]. Editado originalmente en 1989, este «viaje auditivo» de 71’33” es un montaje realizado a partir de 15 localizaciones registradas entre abril y diciembre de 1982 y que, siguiendo la misma idea de Riverrun de Truax, traza el recorrido sonoro desde el nacimiento a la desembocadura, en este caso desde Tear of the Clouds hasta Great Kills Beach (Océano Atlántico), intentando captar, y no sintetizar, las peculiaridades condicionadas por «el terreno, variando de acuerdo con el clima, la estación del año y, corriente abajo, el entorno humano cuyos sonidos se entrelazan íntimamente con los sonidos del río».17 Lockwood retoma de nuevo la idea de continuidad modulada por el espacio, el río de nuevo como eje vertebrador, como motivo que permite articular un discurso creativo y fonográfico, tal y como Bernie Krause plantea años después como una de las posibles estrategias cohesionadoras.
Traza la ruta de un gran río desde su fuente en las montañas hasta el océano, grabando y archivando cada hábitat a lo largo del camino. Antes de nada encuentra un río cercano y localiza su origen. Entonces planea localizaciones para grabar a lo largo de su cauce. Puede terminar en otro río, un lago de agua fresca o el océano. Seguro que te lleva a través de diferentes hábitat a los no habrías llegado de otra manera. Esto incluirá variaciones del discurrir del agua, de la densidad de la voz de los animales, y sonidos humanos, todos ellos formando parte del paisaje sonoro.18
No obstante, los sonidos humanos, que antes aparecían en un segundo plano, darán una nueva dimensión al siguiente mapa sonoro editado en 2008 por Lockwood, en esta ocasión, en torno al Danubio. En A Sound Map of the Danube la artista de origen neozelandés presenta una propuesta mucho más ambiciosa, no sólo por su extensión (167’) sino, sobre todo, por rebasar el carácter contemplativo y elaborar una aproximación más compleja, tanto desde el punto de vista acústico (utilización de hidrófonos) como desde el discursivo. En esta nueva entrega se amplia el espectro de trabajo para interpretar el río como un eje cultural, dando voz, en su propia lengua, a todos aquellos cuyas vidas están condicionadas por este caudal, apelando a la memoria y estableciendo un contrapunto entre río vivido y río escuchado a través de preguntas como «¿Qué es un río? ¿Qué significa el río para ti? o ¿Podrías vivir sin él?».19
Otro ejemplo dentro del ámbito fonotópico es el trabajo realizado por Chris Watson [Figura 12]. Las propuestas del excomponente de Cabaret Voltaire, actualmente dedicado al trabajo documental sonoro para cadenas como la BBC, insisten en la necesidad de vincular los sonidos con el lugar de procedencia, una especificidad no sólo geográfica, sino incluso temporal o climatológica, en la que incide al incluir aspectos tan precisos como la temperatura, la humedad o la altitud. Algunos ejemplo de su trabajo en relación con las acústicas hidrográficas son los registros realizados en el río Mara (Kenia), donde recoge las diferentes sonoridades de un mismo espacio durante la noche y durante el amanecer20, o los talleres sobre escucha y técnicas de grabación que anualmente realiza en el río Támesis.21
Los ancianos no lloraban la pérdida del salmón. Lloraban porque el río no le daría a la comunidad su sabia voz nunca más. Las cascadas sumergidas de Celilo22 habían sido silenciadas para siempre.
Bernie Krause23
Más allá de los trabajos fonotópicos que parecen querer transmitir cierto genius loci a través del registro sonoro, encontramos otras propuestas que confieren un valor esencial al río percibido como generador de cultura, como agente implicado en la construcción de la «identidad» de un lugar mediante procesos de subjetivación en los que la escucha desempeña un importante papel.
Así, la presencia constante del discurrir del agua en algunos espacios configura su perfil sonoro convirtiéndose en un umbral sobre el cual el resto de acontecimientos adquieren sentido. Se revela como un fondo constante cuya presencia, en ocasiones, parece pasar desapercibida, pero cuya ausencia alertaría inmediatamente a aquellos que están inmersos en ese «paisaje». El sonido del río se aproxima entonces a lo que la «escuela» de Vancouver definió como Keynote.
Los sonidos Keynote parecen, paradójicamente, no tener importancia en términos perceptuales, pero es precisamente a causa de su persistencia, que reflejan una característica fundamental del ambiente […] El sonido Keynote es el «fondo» contra el que se escuchan el resto de sonidos.24
El «fondo» sonoro contribuye de forma determinante a convertir un espacio en lugar, dotándolo de un carácter acústico reconocible, demarcando el territorio incluso de forma más eficiente que cualquier elemento visual y contribuyendo a configurar numerosos aspectos aurales.