Por Miguel Gálvez-Taroncher
Existe siempre una línea divisoria entre los diseños ilimitados de la naturaleza y los confines o fronteras que debe establecer el arte. En la música, está fusión entre los símbolos humanos y los diseños naturales parecen alcanzar una cumbre perfecta en estas maravillosas obras. Estamos frente a unas obras musicales que, sin la necesidad de valerse de ninguna trama, historia, filosofía, programa o referente intelectual, apelan directamente a la naturaleza como fuente de misterio y de belleza inagotable.
Quisiera, para concluir, compartir un pequeño poema de Nyoshul Khempo que me parece muy adecuado para los días de desasosiego que vivimos.
Reposa en la gran paz natural
esta mente exhausta,
batida irremediablemente por el
pensamiento neurótico y el karma
como la furia implacable de las olas que azotan
el infinito mar del samsara.*Nyoshul Khenpo