Por Francesc Daumal i Domènech
En el diseño del paisaje, de la ciudad, del edificio e, incluso, del interiorismo y el ajardinamiento, se utilizan muy a menudo los elementos más simbólicos de la naturaleza. Obviamente, nos referimos al agua.
El ser humano juega con el poder místico de este elemento tanto desde su murmullo cuando pasa deslizante como una lengua por los canales de la Alhambra de Granada y los Reales Alcázares de Sevilla, como cuando nos muestra su poder ostentoso en los chorros de agua del eje del Trocadero de Paris.
Es importante recuperar estos sentimientos que muchos arquitectos, paisajistas y urbanistas, han ido diseñando a lo largo del tiempo, obviamente con el concurso y la ayuda de los escultores e ingenieros, que han hecho obras fantásticas.
Pensamos ahora en la barquilla de Roma de Bernini, o en las fuentes de los cuatro ríos o la Fontana di Trevi. Imaginémoslos sin que corra el agua y, por lo tanto, sin el sonido de este elemento, que es su signo de vida (simbólicamente, es el fluir constante).
Pero el agua también está presente en todo nuestro entorno. Como sabemos, el sonido de la rueda de los vehículos en las calles varía en función de la velocidad, el tipo de asfalto, la presencia de lluvia, etc.
Los dibujos de los neumáticos de los vehículos se diseñan para eliminar eficazmente el agua de lluvia y garantizar así el mejor contacto del vehículo con el pavimento. Por esto se produce un sonido muy diferente el día que llueve. Hay que saber que en carreteras de velocidad elevada, el ruido de neumático puede ser incluso superior al de los motores en marchas largas. Además, hay diferentes materiales sobre los cuales se circula; no es lo mismo circular sobre losas de piedra que sobre adoquines de piedra, y no es la mismo circular sobre losas de piedra de textura irregular que de textura lisa, porosa, etc.
Por iniciativa propia aunque a sugerencia del equipo coordinador de las jornadas, se ha realizado el primer taller de creación sonora, en el que han participado tanto los alumnos como los conferenciantes de este segundo encuentro de paisaje sonoro. Para ello nos hemos dirigido a la silenciosa presencia del agua en la Residencia de Estudiantes que ha servido como sede del encuentro, y que forma una sinuosa línea denominada «Canalillo de Lozoya». Este silencioso canal, formaba parte del histórico Jardín de las Adelfas, plantado por Juan Ramón Ramírez, (que había desaparecido totalmente y se ha recuperado simbólicamente en una parte de su recorrido, a lo largo del cual se han plantado chopos y otras especies) [Figura 46].
Bajo nuestra batuta (Alfredo Aracil y mía), se ha dejado que fueran los propios asistentes quienes percutieran, chapotearan o movieran el agua del canalillo formando una melodía sonora pero eso sí; libre e imaginativa [Figura 47].
Solamente se trataba de obtener una primera interpretación colectiva [Audiovisual 1] Autor: Francesc Daumal, en la que, obviamente, ha sido más importante la participación de estos improvisados instrumentistas, que no la propia interpretación.
En el ambiente refrescado del aula, una vez alejados del sol vertical del mediodía de este día radiante, a partir de la reproducción de la grabación que se realizó «in situ» sin imagen, hemos comprobado la dificultad de reconocer los sonidos interpretados por cada instrumentista sonoro. Solo algunas interpretaciones o intérpretes eran reconocibles, pero lo importante es que incluso aquellos asistentes sin apenas conocimientos musicales han colaborado golpeando el agua, meciéndola, salpicándola, etc.
Las fuentes, las caídas de agua, los surtidores y las cascadas en los parques, jardines, fachadas e interiores de edificios, producen sonidos que en principio son aceptados como positivos.
Hay algún caso en que el agua es interpretada de forma negativa, sobre todo por la noche, si el nivel sonoro de ésta es muy elevado, si su sonido es intermitente o va creando unas cadencias molestas y determinadas. Si se introducen unos ritmos, puede hacer que también sean interesantes, pero se debe ir con cuidado con su juego, porque en algunos casos añaden un control del tiempo descontrolado. Entonces, las fuentes, los manantiales y las caídas de agua se deben detener durante la noche, como es el caso de las fuentes interiores del Gran Hotel Santiago en Santiago de Compostela y de muchos otros Hoteles.
El agua puede llegar a atenuar los ruidos de otros tipos de sonidos. En este caso, hace un efecto emmascarador, que oculta los otros sonidos.
Pero en general, podemos afirmar que casi siempre su sonido es aceptado positivamente (las fuentes quieren decir vida). Como ejemplo final de ello, en la fuente situada en los jardines de la «Villa Borguese» de Roma , figura la siguiente expresión «Vitae laudem murmure suo fons canit» (la fuente canta con su murmullo la alabanza de la vida) [Figura 48].
Figura 46. El canalillo antes de recibir a los integrantes del Taller.
(Autor: F. Daumal)
Figura 47. Algunos asistentes antes de la interpretación.
(Autor: F. Daumal)
Figura 48. La inscripción «Vitae laudem murmure suo fons canit» acompaña el murmullo de esta fuente «Fontana dei Satiri» o «Fonte Gaia» de vida al visitante de la «Villa Borghese» de Roma.