Por Francesc Daumal i Domènech
Obviamente aquí reunimos tanto el concepto de dirección como el del sentido.
Un espacio queda definido como direccional gracias al agua cuando el oyente se hace participe de esta jerarquía o carácter.
Por ejemplo, un canal de riego es direccional, y su sentido acostumbra a iniciarse en la parte situada a mayor altura y finaliza en cota menor. Si se extiende en forma de malla o canal plano que permita tanto ofrecer como recibir agua en cualquiera de sus puntos, se pierde esta direccionalidad, pasando a ser omnidireccional [Figura 20].
El carácter de solidez se adquiere con grandes chorros de agua a presión o caída de caudales cuantiosos, pero también ocurre con el granizo, que es capaz de proporcionar la inspección de que se está produciendo un terremoto3 [Audio 2].
El ritmo (control de tiempo) puede ser diseñado y utilizado para dar énfasis a la sensación de fluir del agua. A su vez puede ser negativo si no es una volición [Audio 3].
El impacto de agua cuando cae desde una altura muy elevada produce un sonido aéreo, pero, si hay contacto a través de los pies (o de las manos) con el mundo del alrededor, se percibirá también el sonido sólido. Un buen ejemplo es el impacto de la caída del agua de las Cataratas del Niágara en su descenso hasta el suelo [Figura 21].
Un surtidor de agua se puede utilizar como amortiguador, gracias a su sonido constante. Alrededor de algunas fuentes se reúnen los jóvenes compitiendo para cantar más fuerte que ellas, pero el agua siempre los amortigua, siempre vence [Figura 22].
El carácter enmascarante del agua hace subir la intensidad del ruido de fondo, con lo cual disminuye la dinámica sonora (diferencia de intensidad entre el mismo y los posibles sonidos punta). Se provoca que estos últimos no resalten tanto por la noche.
Un sonido enmascarante puede ser positivo o negativo. El agua puede estar diseñada para hacer de sonido enmascarante, como una musiquilla de fondo, o como un perfume sonoro, pero también se puede considerar en ocasiones como ruido [Figura 23].
El agua puede manifestarse en ciertos ambientes a un nivel prácticamente imperceptible. Son las aguas tranquilas, que con su expresión silenciosa no hacen sino enfatizar el silencio, subrayando otros sonidos que existirán, precisamente, gracias a la ausencia del carácter sonoro del agua.
Se dispone del recurso del agua con su propio silencio, pero siempre y cuando su presencia sea evidente, tangible.
Es el caso del pabellón de Mies van der Rohe de Barcelona, en el que no se genera una fuente que no funciona; se crea un lago silencioso [Figura 24].
Definidos por un cúmulo de circunstancias, los goteos incesantes, en principio casi imperceptibles, pero matizados, crean composiciones sonoras aleatorias, aparentemente desordenadas pero con gran coherencia interna, en que el espectador es el intérprete último de dicha composición.
En la Bienal del Venecia de 1986, esta creatividad sonora se aprovechó en la exposición del pabellón de Grecia en forma de un «happening» al que daban forma elementos industriales, que servían como matizadores y resonadores para los sonidos de goteos de los grifos de una instalación de fontanería. Estos sonidos iban cambiando conforme la superficie metálica sobre la que impactaban las gotas iba encharcándose, llenándose y vaciándose, lo que se hacia de manera aleatoria [Figura 25] [Audio 4].
Figura 20. Campos de cultivo en Vietnam.
(Autor: Jorge Montejano)
Figura 21. Se nota la vibración del terreno a causa del impacto de agua que cae desde una gran altura. Cataratas del Niágara.
Figura 22. La fuente de los cuatro ríos de Bernini en la Piazza Navona de Roma, simboliza estos sonidos de nuestras voces que amplificamos o amortiguamos.
(Autor: F. Daumal)
Figura 23. Los vecinos que tienen esta fuente frente a la calle, pueden tener una dinámica menor entre el ruido punta y el fondo de su entorno. De noche, muchas veces deben cerrarse para no molestar a otras comunidades, con lo que el paso de una motocicleta respecto a la ciudad silenciosa, deja de amortiguarse.
(Autor: F. Daumal)
Figura 24. La estatua «Mati» de Kolbe se muestra integrada en el patio interior del Pabellón Alemán de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, expresada en el mismo silencio que el agua.
(Autor: F. Daumal)
Figura 25. Basado en este efecto de los múltiples grifos, un artista y escultor científico como Guillermo Fernández, nos ofrece sus resultados en una colección dedicada al agua conocida con el nombre de acuaticófonos. En este caso, se presenta el acuaticófono de gota.
(Autor: Fotografía extraída del Catálogo de la exposición)