Por Francesc Daumal i Domènech
El sonido del agua como acompañamiento en recorridos, corriendo por desniveles, canales y escalinatas y enfatizando así descensos, se utilizaba en emplazamientos como la Alhambra o el Generalife, a modo de sonido ambiental o como sorpresa lúdica para los invitados del califa.
El agua pierde aquí su carácter estático, cobrando una presencia dinámica y enérgica que adquiere un nuevo lenguaje con los escalones, rampas, canales, y sus diferentes materiales, pendientes, cambios de nivel, etc. [Figura 15].
Puede diseñarse un espacio lineal acústico, mediante el cual puede reforzarse la intención del proyecto. Los sonidos de los pequeños surtidores laterales de la [Figura 16] acompañan la línea física del espacio. Puesto que esto sólo sucede en uno de los lados, la línea pierde simetría y enfatiza más el lado en el que hay los surtidores, como si el paisaje unilateral fuese más importante.
Con sonidos puntuales se conoce muy bien la procedencia del foco emisor, pero en algunos casos nos podemos sentir inmersos en ellos. Si se está acostumbrado al sonido puntual y continuo, es posible dormir en la casa de la cascada proyectada por Wright; pero si no se tiene la costumbre, el rumor constante del agua puede crear una gran angustia [Figura 17].
Sin costumbre tampoco se puede dormir cuando se oye el romper de las olas en la playa desde lejos; es un sonido constante y, consecuentemente puede resultar muy molesto.
De la misma forma, si faltan los sonidos puntuales, es muy difícil orientarse con los ojos cerrados, ya que estos sonidos permiten reconocer los espacios con más facilidad. Los sonidos puntuales y agudos acostumbran a ser elementos de referencia para muchas personas con discapacidades visuales.
Una persona espeleóloga comentaba que le gustaba mucho escuchar como caían las gotas de agua dentro de una cueva silenciosa, pero que, en cambio, la molestaba mucho el goteo de un grifo en su casa [Figura 18].
No es el mismo sonido, ya que aportan informaciones diferentes. Uno es un sonido natural (se están construyendo la estalactita y la estalagmita, que se juntaran...), un sonido ecológico. En cambio, el otro es el de un grifo mal diseñado o que no se ha cerrado bien (y hay que levantarse para solucionarlo). También influye el estado anímico del usuario.
De entre los caracteres acústicos del agua, el más marcado es el de su gran capacidad para pasar de constante a variable. En efecto, todos sabemos que una fuente parada no emite sonido2, pero cuando la ponemos en funcionamiento puede que establezcamos un régimen continuo (constante) o discontinuo (variable).
En el caso de buscar variabilidad, podemos añadir aspectos espectaculares (como la fuente de Buigas) o lúdico como las fuentes del World Trade Center del puerto de Barcelona, donde a partir de varios surtidores, se realiza un juego de contrastes entre fuerza y tiempo [Figura 19].
De lejos, un torrente suena constante, pero cuando nos acercamos podemos apreciar múltiples variaciones, El agua siempre está llena de matices, y si introducimos la variabilidad (estacional, día-noche, evento, etc.), añadimos riqueza a esos instantes.
Figura 19. La altura de la vena ligada a cada surtidor juega con el instante en que será activada. Por su situación en el pavimento de la plaza (que nos recuerda el «peine del viento») esperamos para ver si algún incauto, ciego ante la presencia de la humedad en el pavimento, es sorprendido. ¡Qué malos somos!
(Autor: Violeta Rodrigo)
Figura 15. Cuando el Califa, harto del sonido del agua bajando por los pasamanos de teja árabe, imponía que el agua descendiera también por los escalones, todos los invitados no tenían más remedio que reír (ligeramente refrescados).
(Autor: F. Daumal)
Figura 16. Villa d’Este, Tivoli. Mediante la acústica puede centrarse más la atención en un paso lineal visual, o bien hacer girar la atención hacia la derecha o la izquierda.
(Autor: EmmeGI)
Figura 17. El cambio de la vegetación en verano o invierno alrededor de la «Casa de la Cascada» de Wright, influye en los cambios de reflexión del sonido del agua.
Figura 18. Si alguien entra en una gruta sin estar entrenado, seguramente cualquier ruido le pondrá nervioso; todo depende de la educación sonora recibida y de las costumbres, que forman parte de la cultura acústica de una persona.