Por Francesc Daumal i Domènech
Los caracteres del agua se consiguen a partir de hacerla caer, correr, borbotear, etc.; con lo cual se generan sonidos muy diversos, y, que a su vez producen sensaciones y sentimientos diferentes en los usuarios.
El conocimiento previo del carácter que se le quiere dar permite tener un mayor control sobre estas sensaciones, con el fin de concebir un espacio identificable acústicamente.
El agua es a menudo, verdadero corazón y voz de muchas culturas. Y es costumbre utilizarla cotidianamente en muchas de sus formas. Solo hay que indicar que con el agua se pueden obtener diferentes sonidos según como se hace correr, caer, se levante, se proyecte o borbotee aire, etc.
En lo relativo al carácter sonoro del agua, se pueden obtener desde los sonidos más místicos y relajantes hasta los más aterradores. No hay que olvidar que, en el caso del agua, se pueden aprovechar al mismo tiempo los sonidos aéreos, los de impacto y las vibraciones sólidas. [Figura 1] [Figura 2] [Figura 3] [Figura 4] [Figura 5] [Audio 1]
El ser humano cree que sabe como hacer llorar o murmurar el agua y generar así los paisajes sonoros con este elemento
No hay que olvidar que la naturaleza la muestra en bruto, y cuando se la quiere domesticar, a menudo se deja sin parte del mensaje [Figura 6].
Conocemos la lluvia por el sonido que origina, que hay tempestad y granizo por el estruendo de los truenos y la trepidación física en los elementos constructivos. Pero cuando nieva, lo hace en silencio, furtivamente [Figura 7] [Figura 8].
Figura 7. La lluvia nos informa de su esperada llegada, pero cuando se produce el chapoteo puede ser un indicio de que el factor de escorrentía del terreno ha llegado a su colmatación.
Figura 8. La nieve no nos avisa sonoramente de su llegada. Cae sigilosamente y todo se hace absorbente, aunque cuando la pisamos cruje, delatando nuestro paso.
Figura 1. Chillida en el «Peine del Viento» de San Sebastián (Donostia), deja que sus esculturas dialoguen con el mar.
(Autor: F. Daumal)
Figura 2. Peña Ganchegui, en la plaza del tenis del «Peine del Viento», diseña las voces que interpretan los conductos dispuestos bajo el pavimento.
(Autor: F. Daumal)
Figura 3. Cada elemento arquitectónico se diseña para ser visto y oído.
(Autor: F. Daumal)
Figura 4. Pero llega el temporal y la marea sube produciendo voces derivadas de su transformación en potentes ráfagas de finas gotas.
(Autor: F. Daumal)
Figura 5. Algunos asistentes esperan durante mucho tiempo estas interpretaciones sonoras producidas por la naturaleza pero conducida por la mano del ser humano.
(Autor: F. Daumal)
Figura 6. Rocas frente al «Peine del Viento» en Donostia. El sonido del mar aparece de formas muy variadas, oyéndose estereofónico en sus proximidades, pero continuo y lineal cuando lo escuchamos desde un alto acantilado.
(Autor: F. Daumal)