Por José Luis Carles
Como ejemplo de este proceso citamos el componente lúdico que aparece en algunos casos, concretamente en la escucha del sonido del parque urbano: «es el sonido de niños en la playa». En este sentido, la psicología cognitiva nos muestra como al aumentar la edad aumenta la habilidad para establecer hipótesis sobre la percepción de los estímulos del medio, a partir de indicios o elementos existentes en dicho medio; en relación a la percepción sonora, la mayor y más precisa capacidad de identificación de los sonidos se corresponde con la evolución del pensamiento, lo que coincidiría con los estadios evolutivos de la teoría de Piaget.8 Este autor muestra, basándose en experiencias realizadas fundamentalmente a partir de la percepción visual, la existencia de una relación directa entre el proceso de maduración cognitiva y la aparición de las constantes perceptivas.
Estos resultados relativos a la identificación de sonidos parecen confirmar los resultados obtenidos por Amphoux9 en su análisis sobre la calidad sonora de tres ciudades suizas; sobre el efecto de orientación en un espacio urbano señala la importancia de la sinestesia manifestando que «un espacio claramente orientado por fuentes sonoras bien localizadas o en el que se imagina una orientación clara, es siempre apreciable, mientras que, por el contrario, un espacio no orientado no es calificado. Orientarse en el espacio es ver ya lo que se oye».
Resultados que muestran lo comentado anteriormente acerca de la interacción entre los sonidos y los rasgos visuales en la determinación de la calidad de los sitios. Los sonidos tienen una influencia que varía en función del lugar en el que es escuchado. Además, se comprueba la importancia que tiene sobre las valoraciones subjetivas del medio ambiente sonoro, algunos nuevos elementos como son las variables físicas (espectro sonoro y evolución temporal de la amplitud) y la identificación del sonido.
Por otro lado, las imágenes de paisajes árido y seco con pocos elementos informativos, al mostrarse en combinación con ambientes sonoros agradables y de alto contenido simbólico como es el sonido del arroyo, aumenta su valoración. Este hecho puede estar reflejando la capacidad del sonido para transformar la percepción de la imagen en este caso enriqueciendo una escena monótona y sencilla, pobre en contenido informativo. Es decir, el sonido, adoptando un concepto definido por Chion (1993) al analizar las relaciones entre sonido e imagen en el cine, estaría aportando un valor añadido a la imagen.
El análisis con descriptores semánticos puede resultar de interés para ayudar a interpretar la posible diversidad de respuestas de los sujetos ante los sonidos del agua. Al analizar el sonido de una tormenta por medio de la técnica de los descriptores semánticos10 encontramos un factor que no se corresponde con las variables que suelen aparecer en el análisis de las diferentes características del ambiente con esta técnica, factores relacionados con familiaridad, sino que hace referencia a la dimensión potencia. En la medida en que el trueno constituye un fenómeno que destaca notablemente sobre el fondo sonoro, se erige en un elemento excepcional, estableciéndose así una relación cualitativa entre el tiempo y el espacio sonoro, lo que puede explicar que este ambiente sonoro no tenga la connotación «familiaridad». En este sentido, esta no familiaridad o, dicho de otro modo, su «rareza» puede estar proporcionando el poder de atracción, el fuerte valor simbólico asociado al trueno.
Tal como señala Amphoux (op. cit.), la idea de rareza contribuye de forma determinante al valor estético de una situación, al establecer una relación cualitativa entre el tiempo y el espacio sonoro: «Cuanto más raro es un acontecimiento sonoro mayor es su fuerza emocional».
Este efecto puede quizás estar relacionado con las características acústicas del sonido de la tormenta y en especial con el nivel sonoro, lo cual refleja la importancia que esta variable puede tener en la respuesta emocional ante el ambiente sonoro. En algunos trabajos se hace referencia a la importancia de la dimensión potencia en relación al impacto del ambiente.11
En nuestro experimento, esta dimensión, más que el nivel sonoro en términos absolutos ―cabe señalar que los diferentes sonidos fueron emitidos en la situación experimental a un mismo nivel sonoro—, estaría recogiendo el carácter llamativo, el carácter de señal sonora destacable para nuestra percepción, contenido en los elementos sonoros de este ambiente y en concreto, en los truenos. En este sentido, nos remitimos a los análisis acústicos y concretamente, al análisis que muestra la evolución temporal del sonido [Figura 4] en el que se comprueba como estas señales sonoras destacan claramente sobre el nivel sonoro de fondo.12
Los sonidos que destacan con respecto al ambiente sonoro de fondo tienen la cualidad de llamar poderosamente nuestra atención. Además, el hecho de que este sonido posea un espectro con bastante energía en la zona de las bajas frecuencias, tal como muestra la grafica del análisis espectral [Figura 3] puede contribuir a crear sensaciones de curiosidad o miedo al resultar de difícil orientación, influyendo este aspecto acústico en la sensación de «rareza», efecto, que como señala Amphoux (op. cit.) contribuye a aumentar el valor simbólico del sonido.
Estos experimentos muestran cómo los sonidos de agua poseen una mayor capacidad para inducir estados de relajación que los sonidos humanos tal como se demuestra gracias a los resultados obtenidos a partir de parámetros psicofisiológicos: ritmo cardiaco, conductancia de la piel, reacciones electromiográficas.13 Asimismo, Ulrich ha demostrado el mayor carácter sedante de los paisajes visuales conteniendo agua y vegetación en comparación con los urbanos.14