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Paisajes sonoros II

Paisajes sonoros del agua: física, percepción y representación de los sonidos del agua (4 de 6)

Por José Luis Carles

Los sujetos que escuchan el sonido del mar con la imagen del río lo identifican fundamentalmente como «río» o como «lluvia». Finalmente, aquellos que escuchan el sonido del mar con  la imagen del bosque, confunden el sonido del mar con fenómenos meteorológicos diversos  («lluvia», «viento», «granizo»).

Este tipo de interpretación se da también en sentido contrario. Es decir, cuando se presentan imágenes conteniendo agua, algunos sonidos que no corresponden a ningún tipo de agua pero que tienen un espectro amplio de frecuencias con características acústicas parecidas a la del agua, generan respuestas relacionadas con el agua.

Los niños que contemplan la imagen de un río con abundante agua mientras escuchan un sonido urbano rico en frecuencias —en el que se escuchan voces mezcladas con sonidos de trafico― producen respuestas que hacen referencia a juegos o diversiones acuáticas: «niños jugando en el agua», «niños bañándose» o «lanchas en un río». Las confusiones o interpretaciones de este sonido en los sujetos que lo habían escuchado con la imagen de la estepa hacen referencia fundamentalmente a ambientes rurales (granjas, campamentos).

Esta interpretación diferente de los sonidos va a incidir por supuesto en las valoraciones de los mismos. Cabe señalar la tendencia a interpretar por parte de la población encuestada (niños y niñas de 11 y 12 años) un ambiente sonoro urbano como actividades de recreo al aire libre (niños jugando, niños bañándose...) reflejando de este modo, una manera de organizar perceptivamente un entorno y señalando quizás de este modo la  importancia que tiene para este tipo de población el disfrute activo de la naturaleza. También cuando se contempla esta imagen del río tropical mientras se escucha un sonido de una moto produce en algunos niños una imagen sonora diferente, considerando este sonido como «lancha o barca en un río».

En definitiva, estos resultados confirman la importancia que tiene la identificación del sonido en la valoración del mismo, señalada por diversos autores (Schafer, 1977; Amphoux, 1991; Mac Adams, 1994). Las diferentes formas de interpretación o identificación inciden directamente en la valoración poniendo de manifiesto que para dicha valoración resulta fundamental, más que las características físicas en sí, el significado que se atribuye a un sonido determinado.

Aunque en la valoración del sonido es más importante el significado que las propias características físicas, éstas a su vez, van a tener una gran incidencia sobre dicha valoración ya que, como hemos comprobado, resultan determinantes en la identificación de los sonidos.

Son diversos los factores que pueden intervenir en la identificación del sonido. Estos experimentos muestran el importante papel que juegan las características acústicas tanto espectrales como temporales. En general, los sonidos peor identificados (mar, tráfico) corresponden a sonidos cuyos componentes de frecuencia son de igual amplitud en todo el espectro audible, espectro similar al del ruido blanco, en los que además no se encuentran elementos rítmico-temporales que sirvan de referencia o ayuden a situar el evento sonoro.

Cuando en un ambiente sonoro están presentes elementos de puntuación temporal con una cierta ritmicidad, parece más fácil su correcta identificación; esto ocurre por ejemplo, en el caso del sonido de la tormenta, el cual, por su espectro en frecuencias podría asociarse a ruidos como el parque o el mar (similares a su vez, al ruido blanco) pero está marcado por la estructura temporal de los truenos, más fácilmente reconocible, que puede haber favorecido notablemente su identificación.

En cuanto al carácter natural o humanizado de los sonidos, en nuestro experimento no parece tener una influencia determinante en su identificación. La no identificación del sonido del mar parece deberse más a sus características acústicas que al hecho de que los sujetos encuestados, vivan en un lugar (Madrid) donde el contacto con este sonido puede resultar menor que con el resto de los sonidos.

Es posible que en nuestra civilización, el contacto con el sonido grabado tiene un peso importante en la cultura sonora de los niños debido a los numerosos medios audiovisuales (video, tv, cine, radio, internet) presentes en la vida cotidiana, lo cual determinaría una familiaridad ―que según muestra la psicología ambiental constituye una variable de gran importancia en la percepción del medio— con los sonidos grabados.

En definitiva, al analizar estos resultados parece comprobarse cómo cuando los sujetos están ante un sonido indeterminado, difícil de identificar, son las imágenes las que van a provocar ciertas expectativas creando una predisposición a escuchar determinadas cosas antes que otras en nuestro intento por comprender los elementos que percibimos del mundo exterior.

En resumen, cuando no se da una percepción coherente del medio —en nuestro caso cuando no se identifica un sonido―, es necesario buscar un marco de referencia, que puede venir dado por asociaciones con las imágenes o con otros sonidos previamente identificados, proporcionando así unas hipótesis perceptivas válidas acerca del mensaje que tenemos delante y tratando, como hemos visto, de hacer congruente el sonido con la imagen. Las respuestas parecen por tanto, corresponder a hipótesis perceptivas determinadas por las propias experiencias de los sujetos, ya sea como se ha comentado, la asociación con imágenes o con otros sonidos, ya sea por  vivencias auditivas previas, etc.

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II Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. II Festival América-España. OCNE. Madrid, 2008
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