«El rey Hotu Matu’a se acercó a Te Ohiro, Nga Tavake y Hau, los tres hijos de Ta’anga, y les ordenó buscar la isla que estaba entre la luna y el sol: “vayan, pero sean obedientes y no cambien el pensamiento, así cuando vuelvan me dirán lo que vieron en la tierra que les digo”.
Al partir los hijos de Ta’anga, el rey contó: un día, un mes, dos, tres, pero ellos no volvieron. Cercano a cumplirse el quinto mes el rey se dirigió a Haumaka y le dijo: “ve tú”.
En el pasado de la Polinesia existía un continente llamado Hiva. En ese entonces hubo un cataclismo, se hundió ese continente y se produjo una gran migración ma’ori (…). Había varios reyes, eran siete: Hotu Matu’a, Hotu Nui, Hotu Roa, Ava Iti, Tangaroa, Taharoa y Te Teko.
Cada uno tenía sus poderes. Por ejemplo, Te Teko tenía el poder en el aire y Tangaroa en el mar. Tangaroa era persona como tú o como yo, pero cuando llegaba el momento volvía al mar y se convertía en pakia.14 Se enojaba y hacía daño a la gente, provocando tormentas en el mar para después volver a la tierra convertido en humano.
Haumaka, consejero del rey Hotu Matu’a, también tenía un poder y este estaba en el aire. Era humano normal, pero podía convertirse en ave o cualquier cosa que vuela en el aire. Él podía alcanzar muchos lugares con sus pasos».15