«Entonces comenzaron a averiguar para dónde se fue, por la vecindad, había juventud… pero se perdió, dijeron “se perdió por encanto”. Entonces, comenzaron a buscarla y no apareció más. Calcularon la gente y según decían los viejitos, pensaron que el joven la engañó y ella se habría tirado al mar.
No sé si fue a la vuelta de cuántos meses, eso si que no puedo disponer, pero de repente la niña llegó con su niñito en brazos. Que vino, llegó derecho a su casa, fue a saludar… “novedades”, dijo. “¿Por qué y a dónde estuviste? no se sabe de tu casamiento, ¿de dónde llegaste?”. “No”, dijo, “yo me casé con el hijo de Mañkian”.
“¿A ver tu guagüita?”. “No”, dijo, se van a asustar. Pero la abuela insistió, ven que toda abuela quiere ver a su nieto, entonces insistió. Y dicen que era un lobito9, chiquitito y se convencieron de que estaba encantado.
Entonces, ella que dijo, “a mí me mandó mi suegro, para que venga avisar, que en agradecimiento a que yo me casé con su hijo, dijo que toda la gente se prepare y baje al mar”, tal fecha más o menos y se fue. “Y ahora yo me voy”, dijo.
La siguieron y dicen que llegó hasta ahí frente a la roca de Mañkian, entró al mar y saltó una olita como jugando, saltó la otra y a la otra se perdió, se fue. La gente que la vio dijo: “a ver, ¿qué va a pasar?” Y al poco tiempo comenzó… aquí la Panchita alcanzó eso, alcanzamos nosotros a ver eso. Salió una de pescado oiga, ¡pero abundante! Eso dicen que fue el pago de Mañkian por esa niña.
Fue como peste. De todas clases de pescado y marisco de mar. Ese dicen que fue el pago que nos dio Mañkian por la cabra10, según dicen.
—¿En la zona de Kewle?
—No, si alcanzó para aquí también (Pilolcura), por todas partes. La señora Panchita vivía allí abajo y alcanzó. Dicen que salió mucho pescado. Yo era cabrito ya grande, mi papá fue a Maykillahue a dejar a los cabros y, al otro día, llegó con su caballo cargadito de pescado.
Bajamos a la playa de Chanchán y estaba lleno de peces, tantos, que no fuimos capaces de recogerlos todos. La jotería se comió el resto. Para todos alcanzó. Así dicen que fue el caso de Mañkian».11