«Dicen que le dijo como una especie de insolencia: “bonito cuerpo tienes”. Que le dijo: “me gustaría quedarme contigo”. En una de esas, se le pegó el pie y ya no se pudo mover. Movió el otro pie, tampoco y ya no se pudo mover. No se pudo mover.
Los compañeros que se encontraron urgidos y andaban trayendo machetes, comenzaron a cortar la roca para que pudiera mover los pies… pero sangró la roca, el pié de Mañkian. Como en aquellos años de los antiguos mapuches zapatos no habían, dicen que sangró los pies pues, y reclamó: “mejor que lo deje”. Ya corrieron la gente, gran novedad, a los vecinos los llevaron ahí, lo fueron a acompañar. Al otro día, según dijeron los viejitos, la planta de los pies ya estaba de vuelta, rodeado en piedra. Sería así… yo le cuento lo que escuché.
“Fuimos —decía un tal Lillenpín— fuimos a ver, nos avisaron”. Los Alcapán también contaron lo mismo y así otro y otro… ellos fueron a ver pero no lo pudieron mover, quedó… Muy rápido dicen que se le convirtió en piedra su pie y su canilla, ya no se pudo mover. Y ahí le comenzaron a dar su comida, dicen que comía, hablaba, pero ya la gente lo comenzó a abandonar. Porque dijeron: “a éste le llegó ya otro espíritu”, así contaban los viejos».