Centro Virtual Cervantes
Artes

Paisajes sonoros > II Encuentro > … Y convergieron sonido, memoria y palabra (1 de 5)
Paisajes sonoros II

… Y convergieron sonido, memoria y palabra (1 de 5)*

Por Luis Barrie

Primera Parte A: Que el agua es sólo agua, no es cierto «Mañkian y el espíritu del esterito»

[Audio 1]

«Ríos, montes, animales y plantas, todo posee un espíritu. Un dueño del ser. Desde los tiempos ancestrales, eso es verdad, eso es verídico… Y el hombre les debe respeto, porque dicen que cada estero tiene su dueño».1

[Audio 2]

«Desde la vertiente sacaban el barro, el barro se llama Rofü y debía ir una persona mapuche capaz de hablar en lengua y pedir correctamente el permiso para sacar el Rofü, el barro necesario para teñir las ropas».2

[Audiovisual 1] Autor: Luis Barrie

«Iban al bosque las viejitas, a buscar en la vertiente el barro para teñir las lanas, ropas o choapinos. Y tenía que ir una persona mayor que supiera hablar y pedir el permiso para sacar el Rofü que tiñe las ropas. La tinta salía de la tierra y teñía el doble más bonito. No se podía decir que era anilina de pueblo, nada de eso.

Y se decía que ahí, siempre se veía ramonear un toro muy grande y negro. El toro era el Ngen del barro. Entonces debía ir alguien que supiera pedirle permiso al Ngen. Debían pagar con monedas y así lo hacían, porque a quien sacaba sin permiso no le servía. No le teñía nada de nada, sería señal de que algo había».3

[Audiovisual 2] Autor: Luis Barrie

«¿Por qué lo hacían los mapuches? Porque tenían una fe en Dios, porque Dios dejó el agua y esas aguas las dejó con cuatro reinos, dos damas y dos varones que hay en el agua corriente. Muchos dicen: “¿qué?, si el agua es agua no más”, dicen. Pero no es na’ cierto, porque Dios lo dejó, a cada estero, lo dejó con su reino».4

[Audiovisual 3] Autor: Luis Barrie

«Yo no alcancé a conocer machi, pero dicen que hubo machi antiguamente… no sé quién sería. Pero de que hubo machi, hubo. Dicen que había machis que iban a la cascada a buscar su espíritu. Ahí hay un espíritu muy bueno, pero también es muy fuerte. A ese espíritu, que está en el sol, hay que llevarle muy bien en todas las cosas. Por lo menos aquí en esta comunidad no hay que transgredirlo. Si la persona se equivoca con él, está jodido».5

[Audiovisual 4] Autor: Luis Barrie

«Esta fue una historia triste, para nosotros que somos mapuche, pero al final, bonita hoy día, porque…, como le decía, es algo verídico. Mañkian era un joven exitoso, muy alegre y pícaro con las mujeres. Sucedió que un día fue con dos amigos a mariscar y cuando llegó a orilla del mar, vio Mañkian que había un chorrito de agua, un esterito y que le dijo en mapuche… —perdone que lo diga aquí delante de la señorita—, es que le dijo: “qué lindo chorrito tienes aquí vertiente, lástima no eres mujer para beber de tu fuente”. Entonces, sus amigos dijeron: “oye, no digas así pues estamos a orilla del mar y quizás qué nos puede hacer.” “¿Qué nos va a pasar?” preguntó Mañkian en mapuche y siguió: “son cosas no más, ¿qué nos van a hacer?”. Entonces, ahí en el esterito, hay una parte del mar en que se debe saltar y ahí saltaron, primero sus amigos, en seguida saltó él y quedó pegado en la piedra al tiro. Quedó pegado en la piedra».6

[Audio 2] [Audiovisual 5] Autor: Luis Barrie

«Dicen que le dijo como una especie de insolencia: “bonito cuerpo tienes”. Que le dijo: “me gustaría quedarme contigo”. En una de esas, se le pegó el pie y ya no se pudo mover. Movió el otro pie, tampoco y ya no se pudo mover. No se pudo mover.

Los compañeros que se encontraron urgidos y andaban trayendo machetes, comenzaron a cortar la roca para que pudiera mover los pies… pero sangró la roca, el pié de Mañkian. Como en aquellos años de los antiguos mapuches zapatos no habían, dicen que sangró los pies pues, y reclamó: “mejor que lo deje”. Ya corrieron la gente, gran novedad, a los vecinos los llevaron ahí, lo fueron a acompañar. Al otro día, según dijeron los viejitos, la planta de los pies ya estaba de vuelta, rodeado en piedra. Sería así… yo le cuento lo que escuché.

“Fuimos —decía un tal Lillenpín— fuimos a ver, nos avisaron”. Los Alcapán también contaron lo mismo y así otro y otro… ellos fueron a ver pero no lo pudieron mover, quedó… Muy rápido dicen que se le convirtió en piedra su pie y su canilla, ya no se pudo mover. Y ahí le comenzaron a dar su comida, dicen que comía, hablaba, pero ya la gente lo comenzó a abandonar. Porque dijeron: “a éste le llegó ya otro espíritu”, así contaban los viejos».

flecha a la izquierda (anterior) flecha hacia arriba (subir) flecha a la derecha (siguiente)

Notas

  • (1) Gumersindo Imigo, Quillalhue, 1999. volver
  • (2) Andrés Alba, Pilolcura, traducido por María Catrileo, 1999. volver
  • (3) Andrés Alba, Pilolcura, traducido por María Catrileo, 1999. volver
  • (4) Luis Cheukewala. volver
  • (5) Francisco Lincolleo en Raguintuleufu, registro y traducción de David Núñez, 2007. volver
  • (6) Gumersindo Imigo, Quillalhue, 1999. volver
II Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. II Festival América-España. OCNE. Madrid, 2008
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es