Por Ricardo Atienza
La arquitectura cotidiana del agua se ocupa habitualmente de otros paisajes sonoros domésticos, los configurados por las redes de fluidos que recorren la vivienda, redes de suministro y evacuación sanitarias y de calefacción, a las que otorgamos generalmente una única virtud sonora: la discreción. Es éste un paisaje sonoro que se procura silenciar púdicamente, sin lograrlo en realidad, pero que nos acompaña a diario, confiriendo incluso rasgos de identidad a nuestras viviendas: quién no reconoce el sonido del grifo de su cocina, de una cisterna, o tal vez de los «gorgoritos» del circuito de calefacción. Por no hablar de sonidos «patológicos», evocadores de averías y fugas: la gotera, la pequeña corriente en el muro, el agua a presión de la rotura.
De este modo, los sonidos de agua en la vivienda evocan únicamente dos modos operativos, el del correcto funcionamiento y el de la avería, sin puntos intermedios posibles —a excepción de quien pudiera manifestar predilección por la escucha de tales corrientes escondidas, pegando tal vez el oído a las paredes…―. Cuanto concierne a los sonidos del agua en la vivienda resulta por lo general inquietante, como expresión de una materia en movimiento dentro de una «piel», la del hogar, que quisiéramos inalterable en cuanto refugio de toda inclemencia exterior. Y en un movimiento paradójico, estos sonidos domésticos del agua son más inquietantes cuanto más débil es su intensidad sonora y más reducido su espectro de frecuencias; por lo general, si el funcionamiento correcto es ruidoso, la fuga es sonoramente sigilosa.
En cuanto el agua sale del límite cubierto de la vivienda, su sonido se convierte en evocación de vida, de recreo y buen tiempo ―en lo referente, al menos, a los sonidos no naturales como la lluvia—. Su voz está muy presente en los jardines domésticos,16 sea a través de las cadencias de los aspersores, del fluir continuo de las mangueras de riego, del chapoteo en las piscinas o de los juegos tímbricos y rítmicos de pequeñas fuentes y elementos de agua. La inquietud desaparece, instalándose incluso un sentimiento de necesidad acerca de la integración de sonidos anteriormente inquietantes: la ausencia en un jardín del despliegue sensorial del agua es equivalente a la desaparición de las aves y sus cantos. El exterior de la vivienda se desea «permeable» al agua, y su presencia es portadora de placidez y bienestar.
A lo largo de este artículo hemos recorrido diversas expresiones sonoras del agua líquida en su manifestación urbana y ante todo doméstica o arquitectónica, centrándonos en algunas de las ambigüedades de su percepción y representación cotidianas. Este recorrido exploraba para ello los rasgos físicos y efectos sonoros dominantes de cada una de estas situaciones. Según veíamos al principio, las trazas sonoras de identidad de estas múltiples configuraciones líquidas eran las siguientes: una densidad variable como principio compositivo, y la tenacidad o resiliencia de su materia sonora.
Esta metáfora de la «resiliencia» pretende ilustrar el hecho de que su forma sonora ha de sufrir grandes deformaciones o transformaciones para dejar de ser reconocida. La «elasticidad» admirable del oído fue ya indicada por Schaeffer,17 quien advertía su capacidad de identificación de señales sonoras extremadamente deformadas por las limitaciones técnicas de las primeras grabaciones existentes; esta elasticidad se ve acentuada en el caso de sonidos tan anclados en el subconsciente auditivo como los el agua, y con una estructura sonora tan particular, plenamente neutra y característica a la vez.
Esta hipótesis acerca de la estructura sonora del agua —[densidad + resiliencia]― puede ser probada esencialmente de dos modos: mediante un proceso aditivo que a partir de la gota llegue a la masa saturada de agua, o mediante un proceso de síntesis sustractiva que reprodujera inversamente el mismo proceso. En esta segunda hipótesis, es indispensable que el tratamiento aplicado a la materia sonora sea respetuoso con su estructura, sin imponerle un formato externo, ajeno a su propia configuración.
Si exploramos esta segunda vía, síntesis sustractiva, la condición de «neutralidad» impone una metodología en la que, tanto los principios del proceso elegido como su protocolo de aplicación deriven, en la medida de lo posible, de la propia estructura de la materia sonora. Si la densidad es su rasgo dominante, a partir de una muestra saturada cercana al ruido blanco —el ruido de un torrente de deshielo por ejemplo―, podemos reducir progresivamente esta densidad, estudiando el resultado. Admitiendo que a nivel global analizamos una materia homogénea, podemos seguir un protocolo de filtrado estático auto-referencial, tomando como muestra de referencia un perfil medio de la secuencia a tratar.
Obviamente, no se pretende con ello caracterizar individualmente cada elemento que compone dicha secuencia, sino explorar en conjunto, las diversas configuraciones de densidad obtenidas siguen respondiendo perceptivamente a la caracterización «agua», bajo nuevas formas. Este principio de trabajo representa de este modo un análisis mixto, físico y perceptivo, que ancla su modo operatorio en el pleno respeto (que no atrofia) de la materia sonora, principio promulgado por el paisajismo sonoro bajo múltiples formas.18
(16) En lo concerniente a las representaciones sensoriales y sensibles del agua en el jardín, consúltese la siguiente referencia:
Laroze, Catherine: Une histoire sensuelle des jardins. Paris, Olivier Orban, 1990. volver
«Sin embargo, este tipo de «composición» de paisaje sonoro siempre conserva rasgos reconocibles del entorno originario —o de un paisaje sonoro imaginado o simulado—, a fin de evocar en el oyente sus experiencias y asociaciones relativas a ese entorno.»
Carles, Jose Luis: El paisaje sonoro, una herramienta interdisciplinar: análisis, creación y pedagogía con el sonido. En Actas del Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. Madrid, Festival América España, Orquesta y Coro Nacionales de España. Centro Virtual Cervantes, 2007. [http://cvc.cervantes.es/artes/paisajes_sonoros/p_sonoros01/carles/carles_01.htm], p. 6. (consulta, 29/08/08). volver