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Paisajes sonoros I
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El oído alerta: modos de escuchar el entorno sonoro (8 de 8)

Conclusiones

Desde la perspectiva perceptiva asumida en estas reflexiones, parece posible, pues, escuchar el entorno sonoro como música virtual, o una música convencional como dispensable sucesión de ruidos. La razón de ello es que, si bien la materia sonora puede contener potencialidades musicales, estas no pueden cristalizar en procesos musicalmente significantes, sino gracias al poder constitutivo de la percepción intencional. Este principio es igualmente válido para los sonidos musicales como para los del entorno, para la música real como para la virtual.

Aunque concedamos a la cultura el «monopolio» de los sonidos musicales26, siempre nos quedan los sonidos del entorno: éstos pueden devenir objeto de una escucha virtualmente musical, y, a veces, de experiencias sonoras privilegiadas, —a condición de ser constituidas como tales por un acto de la consciencia intencional—.

Para esclarecer esta posibilidad he distinguido en este texto tres modos de escuchar los sonidos: la escucha natural, ligada directamente a la sensación y al estado pre-consciente; la escucha reducida, vinculada directamente a la percepción, al estado de consciencia alerta y a las funciones analíticas y conceptuales; y, en fin, la escucha privilegiada como escucha existencial que funde y confunde en una experiencia compleja procesos emocionales y analíticos, percepción directa pre-conceptual y consciencia de las propiedades musicales del objeto vivenciado.

La escucha natural aparece a menudo como el entorno menos el sonido; el sentido del sonido es atribuido los procesos para-sonoros del entorno. La escucha reducida, por su parte, consiste en la escucha del sonido menos su entorno; el sentido del sonido está encarnado en la estructura interna del sonido mismo. Por último, la escucha privilegiada sintetiza los tipos precedentes: es unidad vivida de sentido y de sonido. Es el sentido encarnado en el sonido y su entorno (existencial y ambiental).

Es obvio que estos tipos de escucha están ligados entre sí por un nexo dialéctico subyacente: la escucha natural es negada por la escucha reducida; una oposición que es, a su vez, resuelta a nivel superior por la escucha privilegiada —que llamamos privilegiada pues en ella, el sonido es más que el sonido: en su percepción se sedimenta un horizonte de experiencias existenciales que le confieren complejidad y significado—27 [Audio 14].

Para terminar, las reflexiones precedentes serían vanas si no alcanzaran su propósito último: ser una invitación para sensibilizar nuestros hábitos de escucha en el entorno urbano. Esta apuesta responde a un rasgo destacado del mundo contemporáneo: su tendencia a la estetización de las que hablan Jameson, Baudrillard, Lipovetsky y otros.28 Si ello fuera así, espero haber contribuido modestamente a diseñar modos de escucha del entorno que, a guisa de «cuidado auditivo de sí mismo», puedan proporcionarnos algún placer sonoro en un mundo poblado de ruidos. Probablemente así el entorno sonoro dejaría de ser lo que con frecuencia es, una tortura, para transfigurarse en fugaces epifanías que iluminen nuestras vidas entre dos eternidades de silencio.

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Notas

  • (26) LÈVI-STRAUSS, Claude: Ouverture a Mythologiques. Le cru et le cuit. París, Plon, 1964, p. 30. volver
  • (27) Escúchese [Audio 14]: Ave cantando en el valle de S. Daniel, Gerona. volver
  • (28) Los Dokumenta de Kassel 2007 presentan un restaurante como objeto de arte: El Bulli de Ferràn Adrià. volver
I Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. Festival América-España. OCNE. Madrid, 2007
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