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Paisajes sonoros I
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El oído alerta: modos de escuchar el entorno sonoro (7 de 8)

Una experiencia sonora más procedente también de la selva misionera: El canto de los pájaros al amanecer en la selva puede ser una escucha inolvidable para quien ha vivido su infancia al borde de la selva virgen; hace quince años lo pude grabar durante una visita a mis pagos. En la grabación se escucha el nambú, un pájaro no identificado, la martineta, el loro barranquero, la torcacita, la perdiz, la gallineta, el pájaro carpintero, el come miel, y un gallo... Escuchar estos sonidos posee subjetivamente una resonancia emocional más poderosa que la que puede producir el canto de canarios apiñados en la jaula de una venta de animales en Gerona.22

[Audio 10] [Audio 11] [Audio 12] [Audio 13].

La escucha privilegiada es pues experiencia transportable en el modo del recuerdo, esto es, espacio-temporalmente desanclada. Aunque puede ser también suscitada por impresiones (o aprehensiones) sonoras presentes que evocan circunstancias emocionalmente privilegiadas del pasado.

Es lo que le pudo haber acontecido a esa vecina de Valencia que recientemente, obligada por el interminable vocerío nocturno del botellón que solía celebrarse en su calle, decidió mudarse a un barrio tranquilo. «La primera noche oí un grillo y me eché a llorar», confesó después a la prensa. El monótono canto del grillo que emergía del silencio nocturno fue su escucha privilegiada, asociada probablemente a circunstancias de su vida en las que ruidos hi-fi23 recortados sobre el fondo del silencio habían dejado huellas en recuerdo.

Otro rasgo distintivo de la escucha privilegiada es, como ya he señalado, la sinestesia. La impresión sonora presente o su recuerdo se nos dan a menudo fundidos con asociaciones sinestésicas en las que el sonido se mezcla en el recuerdo con el aire fresco y perfumado por los olores de la corteza de los árboles gigantes y del humus sedimentado desde hace siglos… Son percepciones o recuerdos en los que, como diría Baudelaire, «los perfumes, los colores y los sonidos se responden».

En fin, la escucha privilegiada suele ser un goce discreto: se lleva a cabo en el «silencio sonoro» de la consciencia alerta al entorno cotidiano, que nos ofrece a menudo la oportunidad de imaginar «músicas posibles» (Shaeffer, 1966: 476), frágiles y fugitivas, inmateriales y secretas… El placer asociado en el recuerdo a este tipo de escucha sobrevive a su percepción y a veces puede alcanzar su plenitud más tarde, cuando nos sumergimos en el recuerdo de sonidos pasados, que ahora nos invaden y nuestra consciencia deviene por unos momentos el lugar donde aquellos sonidos reviven.

«La música sugiere ideas análogas en cerebros diferentes», escribía Baudelaire. En efecto, a pesar de la soledad que reina en el «silencio sonoro» de la consciencia, la escucha privilegiada posee un trasfondo consensual con experiencias sonoras similares que toda otra persona puede vivir o pudo haber vivido. Si bien el mundo sonoro no puede ser percibido sino en la soledad primordial de la consciencia individual, tampoco ha sido creado por dicha consciencia; ello abre la posibilidad de que otras personas puedan participar en el mismo tipo de escucha con experiencias semejantes. Como seres corporizados, todos poseemos un entorno sonoro. Las propiedades sonoras constituidas en la percepción auditiva poseen suficiente capacidad de consenso intersubjetivo como para poder ser generalmente aceptadas por una comunidad de oyentes que vive la misma realidad objetiva independiente de mi propia realidad perceptiva subjetiva y que, por lo tanto, puede ser percibida al menos de manera semejante, si no análoga, por otros sujetos. Estas propiedades son, además, suficientemente globales, abstractas, recurrentes y objetivas, capaces, por lo tanto, de dar cuenta de una diversidad ilimitada de objetos sonoros, poner entre paréntesis los infinitos matices que la subjetividad introduce en la escucha musical, tipificarlos y percibir su inherente lógica sonora24.

La escucha privilegiada es, pues, la escucha del sonido y su entorno condensados en la plenitud de una experiencia virtualmente musical que se da a la consciencia como sedimentación de aprehensiones sonoras privilegiadas, narrativamente asociadas al pasado y transportables en el recuerdo. Las ocasiones de su actualización en tiempo real son impredecibles e imprevisibles, como lo es la ocurrencia de los sonidos del entorno. Solamente cuando las hemos vivido como aprehensiones sonoras privilegiadas, podemos revivirlas en el recuerdo y, eventualmente, servirnos de ellas para una exploración más amplia de dominios conectados: la «tecnología del cuidado de nosotros mismos»,25 las experiencias sinestésicas, las identidades narrativas, la construcción de simbolismos sonoros, o las relaciones entre vivencias sonoras y sus correspondencias neurofisiológicas, etc.

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Notas

  • (22) Escúchese los siguientes objetos sonoros: [Audio 10] [Audio 11] [Audio 12] [Audio 13]. volver
  • (23) SCHAFER, Murray: Le paysage sonore. París, J. Clattès. [1977] 1979. volver
  • (24) REYBROUCK, Mark: «A Biosemiotic and Ecological Approach to Music Cognition: Event Perception Between Auditory Listening and Cognitive Economy», Axiomathes, Springer Netherlands, 15.02.2005, p. 258. volver
  • (25) DeNORA, Tia: Music in Everyday Life. Cambridge, Cambridge University Press, 2000.
    FOUCAULT, Michel: Tecnologías del yo y otros textos afines. Barcelona, Paidós, 1990. volver
I Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. Festival América-España. OCNE. Madrid, 2007
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