En general, la escucha reducida es una manera de poner orden estético en nuestra experiencia auditiva, o, si preferimos, es un arte que todos podemos aprender, y que, una vez aprendido, podemos practicar en nuestra vida cotidiana en el contexto más vasto del entorno del que inevitablemente somos parte. Los resultados de esta manera de escuchar el entorno son, por cierto, músicas efímeras, frágiles, espacio-temporalmente sorprendentes y a menudo imprevisibles, construidas y disfrutadas en la soledad de la consciencia, y que, por tanto, no contribuyen a la contaminación acústica…18
Antes de pasar a considerar el tercer modo de escucha —el de la escucha privilegiada— quisiera llamar la atención sobre un grupo particular de sonidos que puede ser objeto de escucha virtualmente musical: son los sonidos del lenguaje articulado19. Los sonidos del lenguaje articulado pertenecen a un primer nivel de articulación —los fonemas y su combinación— que sólo adquiere significado gracias a un segundo sistema de articulación que la cultura les asigna arbitrariamente. Ahora bien, si despojamos estos sonidos de su capa semántica para escucharlos a través del arriba mencionado filtro de propiedades formales, podemos percibirlos como candidatos a una escucha en el modo del como si de música se tratara. De esta manera podríamos escuchar, por ejemplo, las «tonadas» o entonaciones particulares de la lengua popular en las distintas provincias argentinas, o de otros países hispanoamericanos, en las entonaciones usadas para anunciar un gol en un partido de fútbol, los juegos de garganta de los Inuit, etc.20
[Audio 8] [Figura 4] [Audio 9].
En síntesis, aunque la percepción pueda abarcar todos los sonidos audibles, sólo devienen virtualmente musicales aquellos que se someten a una operación de escucha reducida en vistas a la emergencia de una experiencia estética. Hay que perder el entorno sonoro natural para ganarlo nuevamente en la escucha interior cuasi musical. Como en la estética del less is more (Mies van der Rohe), la propedéutica de la escucha reducida para acceder a una escucha virtualmente musical es la escucha del entorno sonoro, menos su contingente entorno material. Es escucha que va de la música al entorno sonoro, por voluntad de ponerle virtualmente música. De este modo, el sonido llega a ser más que el sonido porque, al ser escuchado por sí mismo, adquiere la capacidad de proveernos un placer estético específicamente sonoro —por más sea fugaz y efímero que sea—.
Para terminar estas reflexiones sobre la escucha reducida, os invito a practicarlas escuchando en un piano imaginario el Primer Movimiento de 4’33 de John Cage, estrenada en 1952 por David Tudor. La duración de la escucha es de 1’,44333333333… [Figura 5].
Ahora bien, la escucha reducida, aunque satisfaga condiciones estructurales básicas de lo que puede considerarse una escucha pura en términos virtualmente musicales, no deja de ser un modo de escucha preparatorio dado que su plenitud sólo es posible en relación dialéctica con la escucha natural. Llamaremos este nuevo tipo de escucha, la escucha privilegiada (o existencial), dado que toma en cuenta la situación originaria de nuestra vida.
Noli foras ire, in te redi, in interiore homine habitat veritas.
(S. Augustín- E. Husserl)21
La escucha experiencial es unidad vivida de sonido y de sentido; es la escucha del sonido al que restituimos su entorno vivencial; condensa en unidad compleja circunstancias particulares de una escucha natural con contenidos sonoros de una escucha virtualmente musical. Es la escucha reducida a un nivel superior que integra aquellos componentes extra-sonoros de la escucha natural intrínsecamente vinculados a la experiencia sonora.
La escucha privilegiada es sedimentación de aprehensiones pasadas revividas en el presente sea en el recuerdo, sea en ocasión de impresiones presentes que nos evocan aquellas aprehensiones sonoras privilegiadas del pasado, de las que nos hemos apropiado hasta el punto de identificarnos con ellas. Ambos modos —la aprehensión y el recuerdo— proyectan su génesis en el horizonte de lo «ya conocido», de una aprehensión originaria privilegiada por la intensidad de su tono emocional, de sus particulares asociaciones sinestésicas y de su significado existencial propio.
Puedo revivir en el recuerdo los sonidos producidos por la tala de árboles centenarios en la selva misionera: los golpes rítmicos del hacha, y el estruendo de la caída del árbol que espantaba bandadas chillonas de piriguitas (cotorras) y maracanás (loros), mientras el leñador lanzaba un triunfante zapucay cuyos «largos ecos de lejos se confundían en la unidad tenebrosa y profunda» de la selva virgen… (Baudelaire).