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Paisajes sonoros I
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El oído alerta: modos de escuchar el entorno sonoro (5 de 8)

Por el contrario, en la escucha reducida, enfoco mi atención sobre el sonido mismo y sus cualidades: percibo la diferencia de timbre y de textura entre el ruido cercano, claro y distinto, y la banda de sonido, confusa y continua, que le sirve de fondo; percibo la irrupción violenta de una masa sonora, de altísimo volumen, que se sobrepone a los sonidos precedentes y los oculta, y cuya reverberación cada vez más lejana se mezcla con el nuevo evento sonoro de un ruido rítmico que deviene progresivamente más presente. La escucha reducida libera de contingencias para-sonoras el sendero que conduce a la práctica de una escucha de sonidos cotidianos en términos de sus posibilidades cuasi musicales. La escucha reducida se presenta, pues, como una estrategia para escuchar procesos sonoros del entorno en el modo del «como si», esto es, como si de música virtual se tratara. En su forma más simple, una escucha reducida asume una actitud estética para detectar propiedades formales y estructuras del ruido comunes con la música; el resultado de la operación podría ser una escucha virtualmente musical.

Ahora bien, si queremos alcanzar este objetivo, debemos avanzar un paso más, cruzar el punto crítico de inflexión para transformar la escucha natural previamente reducida en escucha virtualmente musical. Mientras que en la escucha natural cotidiana las provisiones sonoras del entorno se nos dan de manera confusa y pasan generalmente desapercibidas, la escucha reducida exige asumir conscientemente una estrategia de escucha apropiada, la cual, a su vez, está sometida a ciertas condiciones de posibilidad o modos trascendentales de la consciencia que presiden la constitución de los objetos de la percepción15. Aquí me limitaré a señalar la necesidad de detectar las propiedades formales que pueden ofrecer las provisiones sonoras del entorno a fin de poder percibirlas como si de procesos virtualmente musicales se tratara. Entre tales propiedades podemos mencionar las siguientes: [Figura 3]

Continuidad Discontinuidad  
Homogeneidad Heterogeneidad  
Monotonía Variedad  
Simplicidad Complejidad  
Unicidad Multiplicidad  
Simetría Asimetría  
Fijeza Variabilidad  
Reposo Movimiento  
Complementariedad Exclusión  
Localidad (parte) Globalidad (todo)  
Yuxtaposición Superposición Interpenetración
Profundidad Relieve Perspectiva
Etc.    

Figura 3
Propiedades de procesos sonoros. volver

La detección de estas propiedades y su escucha en términos de su organización temporal, es la estrategia básica para lograr una escucha reducida del entorno sonoro como si de música virtual se tratara. Una vez liberados de la escucha natural, enfocamos la atención sobre un proceso sonoro, en este caso el lapso de la tormenta en cuestión, en la que distinguimos cuatro tipos de eventos de orden superior —la lluvia de fondo, las gotas cercanas, el trueno, los ladridos [Figura 2]—, que especificamos por sus propiedades formales percibidas parcial y sucesivamente como invariantes, cuya combinación individualiza dicho proceso sonoro bajo el modo del «como si» de música se tratara. El momento crítico de la operación es desnaturalizar los procesos sonoros del entorno —la lluvia, el trueno, los ladridos— para escucharlos en términos de la presencia de ciertas propiedades formales y de su combinatoria al interior de determinados parámetros que constituimos en proceso sonoro virtualmente musical. Desde este momento, el proceso sonoro se vive en mí, yo me escucho a través de él. En mi percepción constituyo los sonidos del entorno en procesos virtualmente musicales «cuya sombra sólo es real»16.

Dado que estas operaciones subyacen naturalmente a toda percepción alerta y se producen instantáneamente según el foco al que dirigimos la atención, su actualización con fines virtualmente musicales no exige un conocimiento experto. Su accesibilidad está al alcance de todo ciudadano que posea las cualidades de quien Adorno llamaba un «buen oyente», esto es, alguien capaz de percibir espontáneamente relaciones sonoras y eventualmente dar cuenta de su percepción sin necesidad de conocer sus implicaciones técnicas y estructurales17; en otras palabras, debería poseer el oído suficientemente alerta como para poder realizar observaciones «musicales» sobre propiedades presentes en las provisiones del entorno sonoro. Para esta tarea no se requiere, pues, más capacidad que la de escuchar atentamente en el entorno el desarrollo de un proceso sonoro —algo a lo que todo oyente alerta y sensible al sonido, por más «inepto» en lides musicales que sea, puede acceder—.

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Notas

  • (15) A estos modos de darse de los objetos a la consciencia me refiero, desde una perspectiva husserliana, en el texto «Hacia una escucha ecológica y trascendental de los sonidos del entorno». Véase http://pelinski.name. volver
  • (16) LÈVI-STRAUSS, Claude: Mythologiques. Le cru et le cuit. París, Plon, 1964. p. 25. volver
  • (17) ADORNO, Theodor W.: Einleitung in die Musiksoziologie. Fráncfort, Suhrkamp, 1962. volver
I Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. Festival América-España. OCNE. Madrid, 2007
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