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Paisajes sonoros I
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Paisajes sonoros de Brasil: experiencias interdisciplinares (2 de 4)

El mundo de los sonidos es un volverse hacia adentro, hacia lo escondido —«mirada interna a través de la cual, la mente ejercita sus propias imágenes», según Regina Porto—. Con el sonido, los otros sentidos despiertan y el espacio físico gana en amplitud y profundidad. «Oír será crear su propia escenografía en un espacio infinito de oscuridad», dice  René Farabet, gran esteta de la radio, creador y ex-director del Atelier de Creation Radiophonique de Radio France.

Así, podríamos afirmar que la escucha es un arte de lo oscuro y que el ambiente sonoro, más que un objeto de estudio, es un medio de percibir el mundo pudiendo reflejar la construcción de una sociedad. Sabemos que la utilización irrestricta, equivocada, acelerada y desenfrenada de recursos tecnológicos en la actualidad ha causado desequilibrios en el ambiente sonoro de las comunidades así como ha generado equívocos movidos por una competición que el sistema capitalista impulsa y por un descontrol abusivo en todo el sistema ya sea educacional, social o cultural. En nuestro ambiente de ambivalencia y caos sonoro, en nuestro universo de sonidos no discernibles, vivenciamos un cierto cierre y defensa de la audición. El resultado es una escucha aplastada, automatizada y pasiva. No sabemos quiénes somos con claridad, ni qué debemos escuchar.

El semiótico de la cultura brasileño, Normal Baitello Junior, observa sobre esta cuestión: «la cultura y la sociedad contemporáneas tratan el sonido como una forma menos noble, un tipo de primo pobre en el espectro de los códigos de comunicación humana. Por eso mi pregunta es si no nos estaremos convirtiendo en sordos por desvalorizar uno de nuestros sentidos. ¿No estaríamos volviéndonos sordos intencionales, sordos que oyen, sordos que tienen la capacidad de oír pero que no quieren oír porque no tiene tiempo o no prestan atención a lo que oyen?».

Según Regina Porto, el mundo moderno parece haber privilegiado la inflación de las imágenes frente a la inflación de los sonidos. Imágenes en movimiento se disponen y ocupan hasta el espacio de una mirada distraída, mientras que sonidos en discurso exigen no menos que el tiempo de la atención introspectiva. Esto es un fenómeno mundial.

Hoy, parece haberse instalado en nuestra cultura urbana brasileña el hábito de crear una sonoplastia para nuestras actividades. El hábito de oír música está presente en nuestras vidas y en todos los espacios: calles, automóviles con altavoces, ómnibus, gimnasio, oficina, industria, bar, restaurante, shopping; mientras trabajamos en el ordenador, mientras aguardamos en las filas, mientras esperamos en los consultorios médicos… en fin, en casi todas las situaciones. 

Se podría afirmar que vivimos en un aparente contrasentido —como nos alerta el compositor Pierre Marietan—, porque cuando vamos a una sala de concierto, específicamente para ejercer el acto de la escucha, exigimos una calidad acústica de la sala. Sin embargo, cuando termina el acto, salimos a la calle y la escucha deja de ser una de nuestras ocupaciones a pesar de que nuestros oídos continúen escuchando: ¿Por qué cambia nuestra actitud? Más que respuestas, la cuestión de la escucha suscita muchas preguntas: el motivo es que se estudia poco acerca de la misma y casi nunca es practicada ni enseñada a las personas. Existe una vasta literatura, por ejemplo sobre historia de las músicas, pero no sobre la historia del sonido, historia de la escucha o incluso sobre la historia del ambiente acústico o paisaje sonoro. Y más aún, no existe la divulgación ni la difusión suficiente de las ideas, pensamientos, acciones o publicaciones sobre estos temas.

En sus investigaciones y propuestas educacionales, artísticas y radiofónicas, el compositor Murray Schafer plantea la necesidad de estimular y desarrollar oídos pensantes, oídos que reflexionen sobre el entorno sonoro, que puedan evaluar los hábitos de escucha. Para eso, con seguridad es preciso que haya un cambio de actitud perceptiva por parte del oyente en relación al ambiente sonoro.

En ese sentido, el trabajo que estamos realizando y proponiendo en los últimos veinte años desde la Universidad Estatal de Londrina, se concentra principalmente en la investigación del paisaje sonoro y en la creación artística con paisajes sonoros, dentro y fuera del espacio radiofónico. El desafío permanente consiste en la manera en que nosotros como audio artistas, compositores e investigadores, creamos la voluntad de oír en un mundo donde la tendencia predominante es la de no oír —ya sea la radio o el ambiente sonoro—.

En sintonía con la escucha de paisajes sonoros, escucha de composiciones con ambientes acústicos y principalmente transmisión de paisajes sonoros por la radio, desarrollé mi tesis de doctorado en la Universidad de São Paulo, en la cual presenté la composición acústica Brasil Universo, base del Proyecto Radiopaisaje —la escucha de paisajes sonoros en la radio—, que en parte, es consecuencia de un largo trabajo y de varias experiencias en este campo.

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I Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. Festival América-España. OCNE. Madrid, 2007
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