A partir de estas ideas, se presentan algunas respuestas al estudio de la escucha en los entornos donde se generan los sonidos, donde las interacciones se producen. Cuestiones relativas a la validez de este tipo de experiencias, validez interna en cuanto a los mecanismos intrínsecos de las experiencias y validez externa en cuanto a la relación con otras experiencias o instancias. Por tanto, un estudio desde un punto de vista ecológico buscará un equilibrio entre ambas —más bien de acuerdo a los objetivos de la investigación—, y esto determinará la importancia relativa de una sobre otra.
El trabajo de laboratorio debería dar paso al trabajo de campo, como reflexionaba Murray Schafer. En el Cresson se han desarrollado herramientas de análisis muy precisas para el trabajo en entornos urbanos a partir de la idea del efecto sónico, refiriéndose a ellos no como un concepto sino como un paradigma. El efecto —relativizando el planteamiento causa-efecto— no sólo indica una necesaria causa, es también la marca de un suceso. Por ejemplo, el efecto Doppler desde su efecto perceptivo está directamente vinculado a una causa circunstancial.
Si fuera necesario establecer un modelo de relaciones, sería una adaptación del propuesto por Blauert filtrado por Amphoux y a partir de allí, se propone una dialéctica entre entorno sonoro y entorno sensible. Este tendrá rasgos propios de individualidad pero también contendrá componentes comunitarios. [Figura 3]
Hay por tanto, una diferenciación posible entre aquello material y aquello percibido auditivamente, que sin duda alguna tienen una estrecha relación, una semejanza, pero que mantienen atributos distinguibles uno y otro, que a su vez —tal como dice Jens Blauert—pueden coincidir y generar un fenómeno común.
Por otro lado, los contextos urbanos nos presentan una complejidad de orden alto, con múltiples relaciones pero no por ello inabarcables. La direccionalidad planteada en la causa-efecto, también es de tal complejidad que dificulta establecerla en cada una de las instancias aun proponiéndonos hacerlo. Las posibilidades se multiplican en una y otra dirección, desde la causa al efecto y desde el efecto a la causa.
El entorno sensible puede concebirse como una estructura de relaciones construida desde de la percepción. Una estructura perceptiva y cognitiva vinculada a estructuras físicas y construidas. En este sentido se comprendería el entorno sensible no como el sonido en su manifestación acústica sino a un nivel de audición, a partir de las relaciones establecidas en su recorrido, relaciones con otros sonidos y con el entorno construido.
Claramente, este tipo de estudios se enmarca dentro de los estudios del paisaje sonoro. Pero en nuestro caso, el propósito es comenzar a desarrollar herramientas de trabajo en este ámbito para determinar por ejemplo, de qué maneras influye el entorno construido en el entorno sensible, poder generar modificaciones tales que lleven a una mejora desde lo positivo de nuestro paisaje sonoro. Líneas posibles de estudio son como ya vimos el paseo sonoro, los registros sonoros, el trabajo grupal y otros. Ya hay camino generado al respecto desde diversos lugares, pero sin duda, mucho hay por hacer y trabajar para mejorar nuestros entornos cotidianos.
Tercera conclusión
Distinguir cuál es el trozo de la realidad sonora que se ha de estudiar. Ésta es nuestra estrategia de trabajo en lo inmediato, para luego avanzar y poder tomar decisiones sobre qué partes pueden llevar hacia la intervención y la toma de acciones posibles y necesarias para transformar la realidad en un sentido positivo.