El escenario sonoro que hemos planteado no es artificial. Encontramos diferentes partes de él dentro de nuestro entorno cotidiano. En la Universidad de Barcelona tenemos que pasar diferentes pasarelas de madera, y cuando cruzamos el puente de Brooklyn de Nueva York, lo hacemos por encima de un puente de madera.
Si nos fijamos bien, la madera nos rodea por todas partes, configurando auténticos resonadores de nuestras músicas. Consciente o inconscientemente, nos aprovechamos de ello para que nuestros diseños generen verdaderos instrumentos que recojan los sonidos de nuestra vida y los amplifiquen, los difundan o los absorban.
Lo mismo ocurre con los metales, suenan casi siempre —excepto el plomo y similares— como el aluminio de la pasarela semiflotante en el parque de la Villette de París, que con nuestros pasos genera unos rozamientos sonoros muy particulares.
El diseño del paisaje sonoro
Cuando nos referimos al paisaje sonoro debemos mencionar obligatoriamente la terminología establecida y utilizada por M. Schafer, que es el creador de este término15.
Al mismo tiempo, hemos de vigilar que los límites del paisaje sonoro diseñado no establezcan una concepción del territorio demasiado rígida, desde el punto de vista de los mandamientos que algunas acciones de este diseño imponen. El diseño del paisaje sonoro debería ser quizá más libre, e incluso dejar que el mismo usuario pudiese terminar de diseñar su ambiente más íntimo.
Las voces de los pavimentos
El territorio está formado por un plano muy importante, que es el plano horizontal. La extensión horizontal puede predominar en algunos paisajes. Nos basamos en él porque siempre existe. Puede ser que, además, tenga unos plisados, unas modulaciones topográficas, todo un conjunto de características que lo diferencien, que lo hagan más presente. En cualquier caso, es evidente que el pavimento existe con mucha fuerza. Casi podríamos decir que uno de los aspectos más importantes del territorio, además de la vegetación —que ya hemos comentado— es el pavimento16.
Se distinguen pavimentos pétreos, vegetales, acuíferos, etc., que nos dan una interpretación de cómo pisamos sonoramente el paisaje, la ciudad, el edificio, etc.
La rodadura
Supongamos que estamos circulando por una autovía. El contacto del vehículo con el pavimento produce un cierto sonido que intenta afectar al territorio. Como circulamos a una velocidad alta, variamos totalmente el nivel sonoro que hay en el territorio.
Podemos basarnos en el diseño de un pavimento mucho más eficaz, para la misma vía. Se nota al conducir, ya que percibimos cómo varía el sonido de nuestra circulación, y dentro del habitáculo el confort acústico aumenta.
Esto obviamente puede quedar compensado en el exterior. Sólo por el cambio de pavimento obtenemos una mejora de 3 dB respecto al ruido que hacen los vehículos en aquella vía.
En cambio, el vehículo que circula tranquilamente por una pista forestal de tierra desplaza pequeñas partículas de materiales pétreos que crujen por el contacto con la rueda y que a veces salen disparadas —como pequeñas balas— en diferentes direcciones. Es este crujido más bien agudo lo que nos informa de que un vehículo está pasando por un camino forestal o vecinal no pavimentado, incluso aunque no lo veamos.
Aunque el vehículo circule a muy poca velocidad y con el motor parado, el sonido que produce en contacto con el pavimento puede llegar a ser realmente invasor. Sin embargo, en un pavimento de asfalto el sonido no adopta este cariz. Es un pavimento que, de alguna forma, provoca sólo una presencia. Cuando no hay el árido, no experimentamos este fenómeno de percepción del sonido a baja velocidad o incluso con el motor parado.
El impacto
Podemos decir otras cosas acerca de la producción de sonido en el territorio, como los impactos sobre el pavimento. Estos se producen sobre todo, con los cascos de los animales que tienen la uña dura.
En general, detectamos la proximidad de las cabras, los corderos y otro ganado de los rebaños gracias al sonido que hacen con los pavimentos. Es preciso decir que su paso se hace más patente por el sonido de cencerrillos —no campanas— y cascabeles grandes, que en muchos casos ocultan la huella sonora. Fijémonos que, en ausencia de cualquier retumbo, este sonido sería lo que oiríamos cuando caminan por encima de superficies que produzcan sonido con el impacto.