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Paisajes sonoros I
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Creatividad sonora en el pavimento. El paisaje sonoro a nuestros pies (8 de 12)

La poética acústica al volante

Mientras estamos circulando con un vehículo, a través de las vibraciones que este nos trasmite, bien por el tacto o bien por los sonidos que genera, nos llega mucha información. Particularmente, la sensación táctil del vehículo en contacto con el terreno —los diferentes tipos y accidentes del pavimento— nos comunica un sinfín de anécdotas, muchas de las cuales, sin embargo, han sido aprendidas gracias a nuestra precaria educación sonora desde la infancia.

Acabamos de rebasar dos juntas de dilatación de un pequeño puente, y ahora vienen dos más (metálicas) de un viaducto. Notamos el cambio del asfalto y, al ser perfectamente coplanario, produce unas vibraciones diferentes en el vehículo. A continuación pasamos por un bache y, por unos instantes, casi hemos perdido el contacto con el pavimento a causa del salto.

Ahora tocamos la banda lateral, donde existe una pintura que forma rugosidades diseñadas para generar una vibración que sea captada por el vehículo. Esto hace que el conductor advierta que en estos momentos invade la línea de limitación de la calzada. Llegamos a una zona de peaje donde otras bandas, en este caso trasversales al sentido de la marcha de los vehículos, nos informan, con unos pequeños pero muy molestos saltos, que debemos frenar. Observamos que estas bandas son como una escritura dentro del pentagrama, a manera de notas para ser interpretadas por un instrumento de percusión de una orquesta sinfónica.

Es necesario preguntarse si ha existido un lenguaje poético o no, en estas comunicaciones13. En todos estos casos, nos hemos referido tan sólo al tacto de las vibraciones, pero aun así vemos que algunos sonidos han sido generados con una clara e inequívoca intención de comunicarnos un mensaje.

Es el caso de las bandas rugosas dispuestas en la entrada del peaje. Si el conductor se percata que la señal sonora se acelera, sabe que no está frenando suficientemente. Esta información es muy clara. Todo el mundo se da cuenta, porque con los saltos —tacto y sonido aéreo— se introduce otro componente a la sensación de peligrosidad que induce a frenar. Seguramente, para incrementar esta sensación de peligro, podrían estudiarse unas analogías de los compositores musicales clásicos y modernos, especialmente en aquellos ritmos que producen al individuo las sensaciones más fuertes.

Lo mismo se puede hacer con los cambios de pavimento. Si variamos los pavimentos de los viales de forma intencionada, como por ejemplo al atravesar una población, al circular por centros escolares, etc., podemos crear un juego sonoro con este tipo de acabado. Si no es así, el juego existirá de forma aleatoria, descontrolada, incluso en muchos casos equivoca, porque su lenguaje no perseguirá una poética diseñada.

La escala de la ciudad

Otros elementos que configuran el lenguaje sonoro cotidiano en las ciudades son las tapas de registro de las instalaciones que se encuentran dispuestas en el pavimento y que suenan al pisar sobre ellas o con el paso de un vehículo. No existe ningún diseño sonoro de estas placas, pero lo cierto es que suenan y, en muchos casos, con diferencias. Algunos vecinos saben cuándo suena la tapa de la alcantarilla, la de telefonía, la de señalización semafórica, la del cable de televisión, etc. Debido a las quejas continuas, desde hace algún tiempo se colocan trozos de trapos, cartones o papeles debajo de las placas metálicas que cubren las zanjas abiertas de las obras en las aceras de las ciudades.

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Notas

  • (13) MOLES, A.: Phonografie et paysages sonores. París, Fréquences, 1979. volver
I Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. Festival América-España. OCNE. Madrid, 2007
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