Un segundo ejemplo es el Pabellón Mies Van der Rohe, donde en cambio, se produce la tonalidad por percusión del pie sobre la membrana, como si se tratara de la membrana de un tambor.
[Figura 6] [Figura 7]
También es un caso muy evidente el de los peldaños de una escalera calada, sobre todo si es metálica o soportada sobre estructuras que pueden vibrar, como por ejemplo, las escaleras del edificio del arquitecto Moragas i Riba, en la Vía Augusta / plaza Molina, donde se pueden producir sonidos que generan sonidos particulares, como si cada peldaño formara parte de un enorme xilófono. Esto se debe a que los peldaños de la escalera se unen a su soporte mediante unos puntos o pequeñas líneas que permiten la vibración como membrana del peldaño.
Resulta interesante escuchar y estudiar el sonido que causan estos elementos de la arquitectura. Incluso en muchos casos, se observan evidentes diferencias entre las notas musicales que producen —debido a ello, este efecto se ha definido como tonalidad—5.
Un itinerario acústico es un recorrido por los espacios arquitectónicos, urbanos y paisajísticos, en el que nos preocupamos por definir la personalidad y la diferenciación entre dichos espacios mediante los sonidos6.
Cuando se camina por un lugar conocido con los ojos cerrados, parece que se descubran nuevos sonidos, como los del acceso al castillo de Montjuic, en Barcelona, donde el sonido de los visitantes varía según el lugar del recorrido: la llegada, el puente, la pasarela de madera, el túnel reverberante, la rampa del lado del castillo, la explanada y el mirador.
Si se hace un recorrido por la ciudad con los ojos cerrados y acompañado, se advierte cómo aumenta la sensación de los otros sentidos. Se descubre que, se pueden notar variaciones de volumen o nivel sonoro, tonos, timbres, reverberaciones, ecos, focalizaciones, la sensación de lateralización, distribución espacial del sonido, proximidad de los elementos, etc. Y todo ello se debe a las variaciones del propio pavimento que percibimos con nuestras pisadas, la presencia de portales en la calle, que la calle se abre a una plaza, que el edificio presenta soportales a la plaza, que los tejados de los edificios están casi unidos, etc7.
La pisada
Obviamente, con la pisada se obtiene un alto conocimiento sonoro del espacio. En las diferentes actuaciones del ser humano cuando camina, se distinguen múltiples formas de percibirlo. Algunas producciones sonoras debidas al calzado no dependen sólo del pavimento que se pisa, sino de una actitud personal —es diferente calzar zapatos de hospital o alpargatas de sardana, pero cuando uno se enfada y patalea puede producir gran sonido de impacto incluso con calzado amortiguador—.
A su vez, el hecho de caminar de puntillas, caminar normal, correr, subir o bajar escaleras, subir o bajar rampas, etc., hace que el sonido en el pavimento sea muy variado. Es la voz del paso de la especie, y esta voz encuentra como protagonistas los diferentes y complejos pavimentos con que se alfombran los diseños.
Hay calzados con los que se amplifica el arrastrar de pies. En este caso, en el acto de andar se produce una fricción entre el calzado y el pavimento, cuya rugosidad influirá en el fenómeno: por ejemplo, los pavimentos con puntos de resalto para señalar los pasos de peatones con coches de niños, sillas de ruedas y ciegos. [Figura 8] [Figura 9]
Existen quienes calzan zapatos con hierros, y se puede distinguir perfectamente el sonido producido entre puntera y talonera, ya que el peso no se dispone igual en ambos sitios.
Como distinción de buen cliente, un limpiabotas de Sevilla se puso tozudo en acabar su trabajo protegiéndome las puntas de los zapatos con unas punteras metálicas. Pero después, una vez se fue, las quité rápidamente. ¿Sabéis por qué? Porque de golpe y porrazo, recordé el ruido, mejor dicho el agudo estrépito, que hacían las punteras de un visitante al pisar el pavimento de las salas del Museo Picasso de Barcelona, y de cuánto tiempo me costó encontrar la concentración.
También podríamos detectar perfectamente si alguien baja o sube una escalera según el sonido de sus pisadas. Al subir, primero se pone la punta del pie y, poco a poco, se dispone el peso en el peldaño. Al bajar, en cambio, el pie impacta fuertemente, cargando más en los talones.