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Paisajes sonoros I
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El paisaje sonoro, una herramienta interdisciplinar: análisis, creación y pedagogía con el sonido (4 de 7)

El concepto de paisaje sonoro plantea la posibilidad de entrar en contacto directo y analizar los sonidos del entorno con un planteamiento estético, permitiendo seleccionar, describir,  apreciar... las fuentes sonoras que nos rodean. Por otro lado, con los desequilibrios sonoros producidos por los ruidos industriales, del transporte, del ocio, etc., la noción de escucha se ha transformado. Desde hace décadas, aparecen nuevas sonoridades y desaparecen antiguos sonidos —de procesos, trabajos, medios de transporte ya caducos, formas de diversión y de comunicación vocal que se pierden—. El sonido ambiental, con este enfoque, no es un mero elemento físico, como considera buena parte de los estudios de acústica ambiental, sino que pertenece a un sistema de relaciones entre el hombre y el entorno —sistema de comunicación—. Precisamente, en este escrito se trata de clarificar la base conceptual de los diferentes modelos de análisis existentes en relación con el estudio del sonido, recurriendo para ello a enfoques y métodos de distintos campos del conocimiento, unos de carácter tradicional —modelo clásico en acústica de transferencia de energía—, otros surgidos de nuevos planteamientos más interdisciplinares en relación con el análisis cualitativo del sonido, entre los que podemos señalar dos grupos: por un lado, el concepto de objeto sonoro y por el otro, el modelo de paisaje sonoro, acústica de la comunicación o ecología acústica.

El significado del sonido. Sonido y emoción

El sonido posee una indudable capacidad para emocionarnos, para inducir situaciones estéticas. Una música, una voz familiar, un sonido determinado como el del mar o el de una tormenta, muestran el potencial del sonido para afectarnos, para poseernos. La complejidad de la información que transmiten los sonidos ha sugerido diferentes planteamientos dirigidos a tratar de explicar las variables que intervienen en la percepción sonora.

De este modo, el sonido representa un espacio pleno de actividad, de movimiento… Así, los sonidos de la naturaleza informan de los fenómenos que acontecen en esta; los producidos por los hombres informan de su presencia y de sus correspondientes actividades —en el campo, en la ciudad o en la casa—. Los sonidos, producidos por cualquier actividad, llenan el espacio y permiten al hombre integrarse en él. En este flujo sonoro de los acontecimientos cotidianos, a los que, por lo general, apenas prestamos atención consciente, pueden diferenciarse elementos sonoros con una cualidad especial que el hombre ha seleccionado tras un proceso largo y complejo de depuración a través del desarrollo evolutivo y de adaptación al medio.

Pero el fenómeno de la escucha no depende exclusivamente de los sonidos en sí, sino de las relaciones concretas del hombre con su medio sonoro, del contexto ambiental, social, etc., donde se produce el sonido. Recurriendo a las palabras de M. Schafer: «los sonidos del ambiente tienen sentidos referenciales, no siendo simples rasgos acústicos abstractos, debiendo profundizarse en el estudio del significado y simbolismo atribuido a los mismos»7. En este sentido, partiendo de las teorías de Jung sobre los arquetipos, según las cuales existen símbolos comunes a las diferentes culturas y razas, Schafer muestra cómo determinados sonidos poseen un valor simbólico universal; siguiendo la terminología de Jung, los denomina sonidos arquetípicos8.

Tanto los sonidos naturales que universalmente se asocian a sentimientos de sosiego y belleza —agua (mar, cascadas,  lluvia...), viento, pájaros—, como otros sonidos ligados a diferentes actividades o culturas —el sonido de las campanas, de las sirenas portuarias, de la caza—, ambos llegan a adquirir un valor simbólico que va más allá de las propiedades físicas, significando tranquilidad, belleza, seguridad, bienestar... Además, cualquier sonido puede inducir juicios de valor diferentes en función de la relación emocional y afectiva establecida por el sujeto con la fuente productora del sonido y de las propias características personales del sujeto que lo percibe: antecedentes culturales, experiencias previas con relación al mismo, contexto en el que es percibido etc. Así, Schafer expone la existencia de diferencias culturales a partir del estudio de la legislación contra el ruido de diversos países9.

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Notas

  • (7) SCHAFER, Murray: Op. cit., 1977. volver
  • (8) JUNG, Carl-Gustav (dir.): L'Homme et ses symboles. París, Robert Laffont, 1964. volver
  • (9) SCHAFER, Murray: Op. cit., 1977. volver
I Encuentro Iberoamericano sobre Paisajes Sonoros. Festival América-España. OCNE. Madrid, 2007
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