Resumen
En una cultura determinada por el predominio de lo visual, con este trabajo y con este Encuentro se trata de recuperar y reivindicar la importancia de lo sonoro como elemento de comunicación sensorial y de transmisión de emociones, y como herramienta de análisis del medio sonoro. El concepto de «paisaje sonoro» permite construir la representación del medio ambiente sonoro como una composición musical. Además, el paisaje sonoro se sitúa en un punto de inflexión y de reflexión entre la creación sonora y el debate ambiental, habiendo jugado un papel fundamental desde sus comienzos, en la sensibilización hacia del medio ambiente sonoro, llamando la atención sobre problemas relativos a la funcionalidad (o no), al equilibrio (o desequilibrio) del mismo.
Cada paisaje sonoro tiene su propia firma, su propia composición. Cada calle, barrio, ciudad, bosque, etc., tiene su propia sonoridad que cambia a cada instante. Un sonido puede traernos un flujo de imágenes a la mente despertando una memoria multisensorial dentro de esta. La aproximación al mundo sonoro en nuestra cultura se ha realizado desde enfoques sectoriales centrándose en contextos concretos generalmente aislados unos de otros: el estudio del ruido, de la palabra, de la música o de la acústica de salas viene siendo tarea de especialistas que aíslan su campo de trabajo de otras realidades más amplias que afectan al fenómeno sonoro. Hasta la aparición del concepto de paisaje sonoro los sonidos cotidianos que ni corresponden al lenguaje hablado, ni resultan opresivos o musicales, pasaban totalmente desapercibidos al quedar fuera de las competencias de los diferentes especialistas1.
Las nuevas herramientas de análisis sonoro así como la incorporación de sonidos que hasta ahora apenas habían sido tenidos en cuenta ni en la práctica ni en el análisis musical, han abierto el marco en el que se sitúa la música. Cada vez más la exploración musical abarca el análisis de nuevos aspectos: el movimiento, el tiempo, el espacio…, que implican análisis que estudian la relación de la música con el cine, el campo audiovisual, la arquitectura, el diseño espacial, la medicina, la psicología o la sociología. Esta variedad de enfoques permite ampliar el conocimiento de la capacidad de la música al proporcionarle una mayor riqueza de significados desarrollando su campo de acción.
En esta ponencia trataremos de profundizar en las bases teóricas que determinan una estética de lo sonoro con un enfoque amplio, buscando un acomodo de las teorías sobre el sonido a la nueva situación; trataremos de examinar y desbrozar el marco conceptual correspondiente al espacio situado en la frontera entre la música y el sonido. El propio concepto de música no se aplica de igual modo en todas las culturas. Las llamadas de caza o determinadas danzas propias de tribus africanas, no son consideradas como música por sus protagonistas. Los trabajos de musicólogos como Sima Ahrom muestran cómo estas manifestaciones sonoras son más un reflejo de una experiencia social que una actividad musical en sí, tal y como pueda considerarse en la cultura occidental. En las culturas no occidentales y especialmente en aquellas que se desarrollan próximas a la naturaleza, los sonidos ordinarios tienen un papel importante. Los más leves cambios acústicos en la jungla pueden anunciar eventos fundamentales para la supervivencia —ya sea un cambio en la climatología o posibles peligros como la cercanía de un predador—. Existen todavía algunos lugares, alejados del mundo occidental, cuyos pobladores confían más en lo que oyen que en lo que ven como medio de reconocimiento general del entorno. En etnias próximas a la naturaleza, los sonidos del medio están íntimamente relacionados con su propio lenguaje y cultura; los sonidos escuchados tienen unos significados concretos, que pueden representar una hora del día, una estación del año, ciclos de vegetación, pautas migratorias, la existencia de un lugar determinado del bosque, etc.