El objetivo del último proyecto de este Programa fue documentar el paisaje sonoro en Isla de Pascua28, basado en los principios y estrategias utilizadas en las villas de Europa. Sin embargo, desde un comienzo se privilegió un estudio centrado en la idealización del territorio, basado en la tradición oral de la cultura rapanui, al análisis estadístico a través de encuestas.
La importancia del medioambiente para la construcción de la identidad está relacionada a la forma en que la comunidad interpreta su territorio. Según A. D. Smith, la mayoría de las comunidades en su ocupación continua de un área determinada, desarrolla una relación íntima con su territorio y ciertos rasgos de aquella población estarán influenciados por la geografía de su medioambiente. Inversamente, esta misma comunidad utilizará ese territorio específico como una forma de definir su noción de identidad.
Durante la entrevista con don Alberto Hotus, presidente del Consejo de Ancianos, nos explica que según la tradición, luego de la primera migración ma’ori el rey ordenó una distribución territorial basada en la explotación de la isla en función de la especialidad de cada tribu.
Ese fue el trabajo del rey Hotu Matu’a, mandar a dividir la tierra y entregar a cada tribu un cierto lugar. Cada tribu tenía su forma de hacer las cosas, los Marama son los inteligentes, su trabajo era buscar, escribir en rongorongo, todas estas cosas. Desde Tahai para acá, en la tierra de los Haumoana, esa no es zona de manavai, ellos eran pescadores no les interesaba construir manavai. Por ejemplo, los Ure o Hei son guerreros, los otros allá en Hotu Iti, en la parte de los Hiti ‘Uira, eran los constructores de los moais. En resumen, cada tribu tenía su trabajo específico.
Otro criterio utilizado en la búsqueda de sistematizar el proceso de registro, sin perder de vista la representación del paisaje sonoro desde un sentido local, fue la relación Lenguaje-Medioambiente. El antropólogo Edward Sapir dirigió en 1912, una investigación orientada a verificar la influencia de las fuerzas físicas del medioambiente sobre el lenguaje, específicamente fonética, gramática y vocabulario.
Respecto a las dos primeras, concluyó que el uso casi mecánico de los sonidos en la construcción de las palabras, supone una independencia de las condiciones medioambientales, y a su vez, una estructura gramatical separada del contenido parece más sensible a las fuerzas sociales que a elementos físicos.
Donde encontró una correlación positiva fue en el vocabulario, sosteniendo que al operar como un complejo inventario de ideas, intereses y ocupaciones, el léxico revelaría el grado de familiaridad desarrollado por la comunidad frente a los diferentes elementos del medioambiente. Es decir, la tribu especializada en la pesca adaptará su lenguaje a la descripción de la fauna marina y técnicas de pesca, más que la tribu que vive de la agricultura.
El mismo don Alberto explica:
«Cada persona tiene su lugar y esa piedra lleva el nombre del dueño (….) por lo menos yo conozco más de ocho mil nombres en la toponimia de la isla, porque hay un tavai donde uno puede sacar koreha, hay un pu kohiro donde uno puede sacar el kohiro, donde yo puedo pescar nunue, entonces en tres metros hay cinco nombres o seis. Y más afuera en el mar están los toka, akakainga, akanongoma…».
Cabe destacar que la función de asignar nombres a los lugares es también un aspecto del lenguaje, que a su vez está asociado a la idea de mapa, entendido este último no como una simple descripción de puntos en el espacio sino como un manifiesto de apropiación sobre un territorio. Es decir, toponimia y propietario en una compleja narrativa de poder, territorio e identidad.
Bajo este concepto, se utilizó como criterio de registro sonoro un recorrido extraído del mito fundacional de la cultura rapanui, conocido como Varua Haumaka, traducido normalmente como ‘El sueño de Haumaka’. Varua es una expresión rapanui que se traduce literalmente como ‘espíritu’, pero que también está asociado al concepto de ‘sueño’. Ambos mundos —el primero, la personificación del alma intangible y el segundo, el sueño como estado paralelo de conciencia—, quedan integrados a través de esta única palabra. Complementando entrevistas con diferentes personas competentes en la cultura tradicional rapanui, se logró el siguiente relato del mito:
Y fue que Haumaka, de quien se dice tenía el poder del aire29, conocía la habilidad de viajar durante sus sueños. Debido a este poder, uno de los líderes que gobernaba en Hiva, el rey Hotu Matu’a, le ordenó buscar la isla que estaba entre el Sol y la Luna30. Haumaka, consejero del rey, obedeció sus órdenes y su espíritu llegó a la tierra encomendada, la llamó Te Pito o te Kainga a Haumaka o Hiva. Arribó por el suroeste vio los tres islotes y dijo: «¡Oh!... los hijos de Ta’anga convertidos en roca, es por esto que no habían regresado».